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Actualitzat: fa 1 hora 47 minuts

Conferencia de prensa del Papa en el vuelo de regreso de Egipto

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(RV).- De la crisis nuclear norcoreana a las migraciones, a las protestas en Venezuela, pasando por el papel de la ONU, las presidenciales en Francia y el camino ecuménico. Son sólo algunos de los temas tocados por el Papa en la conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de El Cairo. El camino de la diplomacia es la única solución a la crisis norcoreana El Para reflexionó sobre los peligros y amenazas de una guerra nuclear, llamando a los líderes involucrados a las negociaciones: “Esta guerra mundial a pedazos, dijo, de la cual hablo desde hace dos años, más o menos, es a pedazos, pero los pedazos se han alargado, y también se han concentrado. Se concentraron en puntos que ya eran “zonas calientes”, porque esto de los misiles de Corea hace un largo año que se está realizando, pero ahora parece que la cosa se ha caldeado mucho. Yo llamo siempre a resolver los problemas por la vía diplomática: por las negociaciones… porque es el futuro de la humanidad. Hoy una guerra ensanchada destruirá, no digo la mitad de la humanidad, pero una buena parte de la humanidad y de la cultura… todo, todo”. El  papel de la ONU La humanidad, reitera el Papa, “no sería capaz de soportar tanto". El pontífice mira a las áreas geográficas en donde están los “fuegos de guerra”: del Oriente Medio al África. Habla de los países mediadores, como Noruega, pero también de los organismos internacionales: “Creo que las Naciones Unidas tienen el deber de volver a tomar en mano su leadership , porque se ha diluido un poco”. El presidente Trump En este contexto, alguien pregunta al Papa si recibirá al presidente estadounidense Donald Trump, cuando éste visitará Italia con motivo del G7. El pontífice no ha sido aún informado a propósito de un pedido de visita en tal sentido pero reitera: “Yo recibo todo jefe de Estado que pide audiencia”. La crisis en Venezuela Sobre la crisis internacional, concretamente la de Venezuela, que últimamente ha degenerado de modo muy grave provocando numerosas víctimas.Se le preguntó al Papa si la Santa Sede y él en particular, piensan relanzar la intervención pacificadora y cuáles formas podría asumir dicha acción: “Hubo una intervención de la Santa Sede bajo pedido fuerte de los cuatro presidentes que estaban trabajando como facilitadores, y… la cosa no resultó. Y quedó ahí. No resultó porque no… las propuestas no eran aceptadas, o se diluían, o era un “sí, sí” pero “no, no”. Todos conocemos la difícil situación de Venezuela, que es un país al que yo quiero mucho. Y sé que ahora están insistiendo... no sé bien de dónde – creo que de los cuatro presidentes – para relanzar esta facilitación, y están buscando el lugar. Yo creo que tiene que ser con condiciones ya. Condiciones muy claras, ¿no? Parte de la oposición no quiere esto. Porque es curioso, la misma oposición está dividida. Y, por otro lado, parece que los conflictos se agudizan cada vez más. Pero hay algo de movimiento. "Hay algo de movimiento, estuve informado de eso, pero está muy en el aire todavía". Pero todo lo que se pueda hacer por Venezuela hay que hacerlo. Con las garantías necesarias. Si no, jugamos al "Don Pirulero", ¿no?, y no va la cosa. Gracias. Los migrantes La mirada del Papa, respondiendo a una pregunta sobre los populismos en Europa y las presidenciales en Francia, se detiene sobre otra grande emergencia de hoy: las migraciones: “Es verdad que Europa está en peligro de disolverse: esto es verdad. Lo dije suavemente en Estrasburgo, lo dije más fuertemente en Carlo Magno y últimamente sin matices. Debemos meditar sobre eso sólo, ¿no? La Europa que va del Atlántico a los Urales. Hay un problema que asusta a Europa y tal vez alimenta: el problema de las migraciones. Esto es verdad. Pero no olvidemos que Europa ha sido hecha por los migrantes: siglos y siglos de migrantes... Somos nosotros... Pero es un problema que debe estudiarse bien, y también respetar las opiniones... Pero opiniones honestas de  una discusión política con mayúsculas, grande: una Gran Política, no con la pequeña política del país que al final termina cayendo.  Los campos de refugiados Y cuando se le preguntó si la definición de "campos de concentración" que utilizó durante su visita a la Basílica romana de San Bartolomé en la Isla Tiberina para indicar la situación de ciertos campos de refugiados fue un lapsus, el Papa reitera: "Hay campos de refugiados que son verdaderos campos de concentración. Hay quizás alguno en Italia, alguno en otra parte… en Alemania no, seguro que no. Pero piensen qué cosas pueden hacer las personas que están encerradas en un campo y no pueden salir. Piensen en eso que sucedió en Europa del norte cuando querían cruzar el mar para irse a Inglaterra. Están encerrados. El caso Regeni: A propósito de las conversaciones mantenidas en Egipto, en particular con el presidente Al Sisi, la prensa italiana  preguntó al Pontífice si se ha hablado del caso de Giulio Regeni. Francisco contestó que se trata de conversaciones privadas y que “por respeto” lo mantiene en reserva, pero en cuanto al joven investigador italiano cruelmente asesinado en Egipto al inicio de 2016 aclara: “Me he ocupado, la Santa Sede se ha movido en este tema porque también sus padres me lo han pedido; la Santa Sede se ha movido. No diré cómo ni dónde, pero nos hemos movido”. La importancia de los valores Hablando de la importancia de la paz, la armonía entre los pueblos y la igualdad de los ciudadanos, sea cual sea la religión que practican, todos puntos subrayados por el Papa en El Cairo, Francisco pone en evidencia el papel fundamental que desempeñan los valores. “Yo hablo de los valores y que cada uno vea y juzgue si tal gobierno o tal Estado, este de aquí o este de allá, lleva adelante estos valores”. El camino ecuménico " Hoy hay más mártires que en los primeros siglos, en Oriente Medio sobre todo”, señala el Papa en relación a las persecuciones de los cristianos. Un tema muy tratado, incluso a nivel ecuménico, en un diálogo que se hace caminando: “El ecumenismo se construye en camino, con las obras de caridad, con las obras de ayuda, hacer las cosas juntos cuando se pueden hacer juntos… no existe un ecumenismo estático. Es cierto que los teólogos tienen que estudiar y ponerse de acuerdo, pero no será posible que esto termine bien si no se camina”. Traducción: (Griselda Mutual- Sofía Lobos- Radio Vaticana) (from Vatican Radio)...
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Paz a Egipto, respeto por los derechos humanos en Venezuela. Apremiante llamamiento del Papa antes del rezo mariano

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(RV).- Tras regresar de su Viaje Apostólico a Egipto, el domingo 30 de abril el Papa Francisco se unió a la celebración de los 150 años de vida de la Acción Católica de Italia, cuyos miembros procedentes de varias diócesis nacionales se dieron cita con el Obispo de Roma en la Plaza de San Pedro. Allí mismo, a la hora del rezo del Regina Coeli, el Santo Padre dirigió unas profundas palabras al pueblo venezolano manifestando su gran preocupación ante la dramática situación de violencia que padece el país.  "Mientras me uno al dolor de las familias de las víctimas, a quienes aseguro oraciones de sufragio, dirijo un sentido llamamiento al Gobierno y a todos los miembros de la sociedad venezolana para que se evite cualquier ulterior forma de violencia y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población", expresó el Pontífice encomendando la intención de Paz por esta nación a la Virgen María. Antes de rezar a la Madre de Dios, el Sucesor de Pedro compartió su alegría por la beatificación de Leopoldina Naudet, fundadora de las Hermanas de la Sagrada Familia y que tuvo lugar el sábado 29 de abril. Asimismo, Francisco saludó a los miles de peregrinos presentes y llegados de tantas partes del mundo, de modo especial a todos los miembros de la Acción Católica, animándolos a ir hacia adelante en su labor pastoral, y a los integrantes de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, que también celebraron su jornada y que trabajan en la formación de los jóvenes para mejorar el mundo. Finalmente, el Santo Padre agradeció de modo particular por su viaje apostólico a Egipto, al pueblo, las autoridades y a los fieles cristianos y musulmanes que lo recibieron. "Pido al Señor que bendiga y conceda la Paz a este país", concluyó Francisco. (Sofía Lobos - Radio Vaticano) A continuación las palabras del Santo Padre a la hora del Regina Coeli Queridos hermanos y hermanas: no dejan de llegar dramáticas noticias sobre la situación en Venezuela y el agravamiento de los enfrentamientos, con numerosos muertos, heridos y detenidos. Mientras me uno al dolor de las familias de las víctimas, a quienes aseguro oraciones de sufragio, dirijo un sentido llamamiento al Gobierno y a todos los miembros de la sociedad venezolana para que se evite cualquier ulterior forma de violencia, sean respetados los derechos humanos y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población. Encomendamos a la Santísima Virgen María la intención de la paz, la reconciliación y la democracia en ese querido país. Y rezamos por todos los países que atraviesan graves dificultades, pienso sobre todo en estos días en la República de Macedonia. Ayer, en Verona, fue beatificada Leopoldina Naudet, fundadora de las Hermanas de la Sagrada Familia. Crecida en la corte de los Habsburgo, primero en Florencia y luego en Viena, tuvo desde niña una fuerte vocación a la oración, pero también para el servicio educativo. Se consagró a Dios y, a través de diferentes experiencias, llegó a formar en Verona una nueva comunidad religiosa, bajo la protección de la Sagrada Familia, que aún hoy está viva en la Iglesia. Nos unimos a su alegría y a su acción de gracias. Hoy en Italia se celebra la Jornada de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. Los animo a apoyar esta importante institución, que sigue invirtiendo en la formación de los jóvenes para mejorar el mundo. La educación cristiana se basa en la Palabra de Dios. Por eso también me gusta recordar que hoy en Polonia se lleva a cabo el "Domingo bíblico." En las parroquias, en las escuelas y en los medios de comunicación se lee públicamente una parte de la Sagrada Escritura. Deseo todo lo mejor para esta iniciativa. Y ustedes, queridos amigos de la Acción Católica, al final de este encuentro les agradezco de corazón por su presencia. Y a través de ustedes, saludo a todos sus grupos parroquiales, familias, niños y chicos, jóvenes y ancianos. ¡Vayan hacia adelante! Y extiendo mi saludo a los peregrinos que en este momento se unen a nosotros para la oración mariana, especialmente aquellos que vinieron de España, Croacia, Alemania y Puerto Rico. Juntos nos dirigimos a María nuestra Madre. De damos gracias en modo particular por el viaje apostólico a Egipto, que acabo de realizar. Pido al Señor que bendiga a todo el pueblo egipcio, tan acogedor, a las autoridades y a  los fieles cristianos y musulmanes; y conceda paz a ese país. Regina Caeli… (Traducción del italiano: Griselda Mutual - Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Acción católica, ¡vive a la altura de tu historia! Aliento del Papa por los 150 años de la AC

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Inmediatamente después de su viaje en Egipto el Papa en la plaza de san Pedro para celebrar los 150 años de la Acción Católica (RV).- Fiesta y alegría en la plaza de san Pedro que ha visto la mañana del último domingo de abril a los representantes de la AC de todo el mundo junto a los 100.000 socios de la AC provenientes de toda Italia, encontrar al Sucesor de Pedro. Una cita que ha dado inicio a las celebraciones por los 150 años de la Acción Católica Italiana, que proseguirán con iniciativas hasta el 2018. Música, cantos, oración y reflexiones precedieron la llegada del Romano Pontífice a la plaza quien, a las once de la mañana abrazó a los peregrinos provenientes de diversas partes del mundo. En su discurso, tras expresar la alegría del encuentro y recordar la bella historia del nacimiento de la Acción Católica, el Papa hizo presente que el hacer memoria del camino realizado ayuda a ser conscientes “de ser pueblo que camina cuidando a todos, ayudando a cada uno a crecer humanamente y en la fe, compartiendo la misericordia con la cual el Señor nos acaricia”. De este modo los animó a seguir siendo un pueblo de discípulos misioneros, tal como lo enseñaran tantos testigos de santidad que han trazado la historia de la asociación: “¡Acción católica vive a la altura de tu historia!”, les dijo. El Santo Padre invitó además a llevar adelante la experiencia apostólica enraizada en la parroquia, que es el espacio en el que las personas pueden sentirse acogidas tal cual son y donde pueden ser acompañadas en su camino de maduración humana y espiritual , y finalmente exhortó a que cada iniciativa, propuesta y camino emprendido sea de “experiencia misionera” destinada a la evangelización y no a la auto conservación. “Ensanchen su corazón - fue la indicación del Papa - para ensanchar el corazón de las parroquias” y esto, “permaneciendo a abiertos a la realidad que los rodea, y buscando sin temor el diálogo con quien piensa en modo diferente pero que, como ustedes – añadió – desea la paz, la justicia, la fraternidad”. (Griselda Mutual – Radio Vaticano) A continuación, el texto del Discurso del Papa a la Acción Católica Italiana Queridos amigos de la Acción Católica Estoy muy feliz de encontrarlos el día de hoy, tan numerosos y de fiesta por los 150 años de la fundación de su Asociación. Los saludo a todos con afecto, comenzando por el Asistente general y el Presidente nacional, a quienes agradezco las palabras con las que introdujeron esta encuentro. El nacimiento de la Acción Católica Italiana fue un sueño, nacido del corazón de dos jóvenes, Mario Fani y Giovanni Acquaderni, que se ha convertido con el tiempo camino de fe para muchas generaciones, vocación a la santidad para muchísimas personas: niños, jóvenes y adultos que se han convertido en discípulos de Jesús, y por ello, han tratado de vivir como testigos alegres de su amor en el mundo. Es una historia bella  e importante, por la cual tienen muchas razones para estar agradecidos al Señor y por la que la Iglesia les está agradecida. Es la historia de un pueblo formado por hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, que han apostado al deseo de vivir juntos el encuentro con el Señor, grandes y pequeños, laicos y pastores, juntos, independientemente de su condición social, de la preparación cultural, del lugar de origen. Fieles laicos que en todos los tiempos han compartido la búsqueda de  los caminos a través de los cuales anunciar, con las propias vidas, la belleza del amor de Dios y contribuir con su compromiso y competencia, a la construcción de una sociedad más justa, más fraterna, más solidaria. Es una historia de pasión por el mundo y por la Iglesia, en la que crecieron figuras luminosas de hombres y mujeres de fe ejemplar, que han servido al país con generosidad y coraje. Tener una bella historia en las espaldas no sirve para caminar mirando hacia atrás, no sirve para mirarse  en el espejo, no sirve para ponerse cómodos en el diván. Hacer memoria de un largo itinerario de vida ayuda a ser conscientes de ser pueblo que camina cuidando a todos, ayudando a todos a crecer humanamente y en la fe, compartiendo la misericordia con la que el Señor nos acaricia. Los animo a seguir siendo un pueblo de discípulos-misioneros que vive y da testimonio de la alegría de saber que Dios nos ama con un amor infinito, y que junto a Él aman profundamente la historia en la que vivimos. Así nos enseñaron los grandes testigos de la santidad que trazado el camino de su asociación, entre los que me gusta recordar Giuseppe Toniolo, Armida Barelli, Piergiorgio Frassati, Antonietta Meo, Teresio Olivelli, Vittorio Bachelet. Acción Católica: ¡vive a la altura de su historia! En estos ciento cincuenta años la Acción Católica siempre se ha caracterizado por un gran amor por Jesús y la Iglesia. También hoy están llamados a continuar con su peculiar vocación poniéndose al servicio de las diócesis, en torno a los obispos y en las parroquias, allí donde la Iglesia vive en medio de las personas.Todo el Pueblo de Dios goza de los frutos de su dedicación, vivida en armonía entre la Iglesia universal y la Iglesia particular. Y en la vocación típicamente laical hacia una santidad vivida en lo cotidiano, pueden encontrar la fuerza y el coraje para vivir la fe, permaneciendo allí donde están, haciendo de la acogida y el diálogo un estilo con el cual acercarse unos a otros, experimentando la belleza de una responsabilidad compartida. No se cansen de recorrer el camino a través del cual es posible hacer crecer el estilo de una auténtica sinolidad, un modo de ser Pueblo de Dios en el que cada uno puede contribuir a una lectura atenta, meditada, orante de los signos de los tiempos, para comprender y vivir la voluntad de Dios, con la certeza de que la acción del Espíritu Santo actúa y hace nuevas cada día todas las cosas. Los invito a llevar adelante su experiencia apostólica  en la parroquia, “que no es una estructura caduca”, porque “es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración ”. (exhortación apostólica Evangelii gaudium, 28). Es el espacio donde las personas se pueden sentir acogidas tal y como son, y pueden ser acompañadas a través de un camino de maduración humana y espiritual que los lleve a crecer en el amor por la creación y los hermanos. Esto es válido sólo si la parroquia no se cierra en sí misma, y si tampoco la Acción Católica que vive la parroquia se cierra en sí misma, sino que ayuda a la parroquia a estar "en contacto con las familias y las vidas de las personas, sin convertirse en una larga estructura separada de la gente o un grupo de elegidos que se miran a sí mismos”(ibid). Queridos miembros de la Acción Católica, que cada una de sus iniciativas, cada propuesta, cada camino sea una experiencia misionera, destinada a la evangelización, no a la autoconservación. Que su pertenencia a la diócesis y a la parroquia se encarnen a lo largo de la ciudad, de los barrios y pueblos. Tal y como ha sucedido en estos ciento cincuenta años, sientan fuerte dentro de ustedes la responsabilidad de lanzar la buena semilla del Evangelio en la vida del mundo, a través del servicio de la caridad, compromiso político, la pasión por la educación y la participación en el desarrollo cultural. Agranden su corazón para agrandar el corazón de sus parroquias. Sean caminantes de la fe,  para salir al encuentro de todos, acoger a todos, escuchar a todos, abrazar a todos. Cada vida es una vida amada por el Señor, en cada rostro se ve el rostro de Cristo, especialmente en aquel del pobre, el que está herido de la vida y de quien se siente abandonado, de quien huye de la muerte y busca refugio en nuestras casas, en nuestras ciudades. "Nadie puede sentirse exonerado de la preocupación por lo pobres y de justicia social" (ibíd., 201). Permanezcan abiertos a la realidad que les rodea. Busquen sin miedo el diálogo con quienes viven al lado de ustedes, con quienes piensan diferente pero que como ustedes desean la paz, la justicia la fraternidad. Es con el diálogo como se puede asegurar un futuro compartido. Es a través del diálogo como construimos la paz, cuidando a todos y dialogando con todos. Queridos chicos, jóvenes y adultos de la Acción Católica: ¡vayan y alcancen todas las periferias! Vayan, y allí sean Iglesia, con la fuerza del Espíritu Santo.  La protección materna de la Virgen Inmaculada los sostenga; los acompañe el apoyo y el aprecio de los Obispos, así como mi bendición que imparto de corazón sobre ustedes y sobre la Asociación entera.  (Traducción del italiano: Sofía Lobos, Griselda Mutual - Radio Vaticano)   (from Vatican Radio)...
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El Papa a los Consagrados de Egipto: “Sean motivo de salvación para todos, sobre todo para los últimos”

Ds, 29/04/2017 - 5:43pm
(RV).- “Los exhorto, a sacar provecho del ejemplo de san Pablo el eremita, de san Antonio Abad, de los santos Padres del desierto y de los numerosos monjes que con su vida y ejemplo han abierto las puertas del cielo a muchos hermanos y hermanas; de este modo, también ustedes serán sal y luz, es decir, motivo de salvación para ustedes mismos y para todos los demás, creyentes y no creyentes y, especialmente, para los últimos, los necesitados, los abandonados y los descartados”, lo dijo el Papa Francisco a los Sacerdotes, los Religiosos y Seminaristas de Egipto, en el Encuentro de Oración que se realizó en el Seminario Patriarcal Copto-Católico de Maadi, El Cairo. En el marco del 18° Viaje Apostólico Internacional del Santo Padre a Egipto, el Pontífice saludó a las personas consagradas de este país, a ellos les manifestó su alegría y gozo por encontrase en un lugar donde se forman los sacerdotes, un lugar que simboliza el corazón de la Iglesia Católica en Egipto. “Con alegría saludo en ustedes, sacerdotes, consagrados y consagradas de la pequeña grey católica de Egipto – afirmó el Papa – a la levadura que Dios prepara para esta bendita Tierra, para que, junto con nuestros hermanos ortodoxos, crezca en ella su Reino”. Deseo, en primer lugar, dijo el Obispo de Roma, darles las gracias por su testimonio y por todo el bien que hacen cada día, trabajando en medio de numerosos retos y, a menudo, con pocos consuelos. “Deseo también animarlos, agregó el Pontífice. No tengan miedo al peso de cada día, al peso de las circunstancias difíciles por las que algunos de ustedes tienen que atravesar”. Se trata, de creer, de dar testimonio de la verdad, de sembrar y cultivar sin esperar ver la cosecha, alentó el Papa, de hecho, nosotros cosechamos los frutos que han sembrado muchos otros hermanos, consagrados y no consagrados, que han trabajado generosamente en la viña del Señor. Queridos consagrados, hacer frente a las tentaciones no es fácil, señaló el Papa Francisco, pero es posible si estamos injertados en Jesús. “Cuanto más enraizados estemos en Cristo, puntualizó el Santo Padre, más vivos y fecundos seremos. Así el consagrado conservará la maravilla, la pasión del primer encuentro, la atracción y la gratitud en su vida con Dios y en su misión”. En este sentido, dijo, la calidad de nuestra consagración depende de cómo sea nuestra vida espiritual. Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que, “Egipto ha contribuido a enriquecer a la Iglesia con el inestimable tesoro de la vida monástica”. Por ello, alentó el Papa, los exhorto, a sacar provecho del ejemplo de los grandes santos egipcios, de los santos Padres del desierto y de los numerosos monjes que con su vida y ejemplo han abierto las puertas del cielo a muchos hermanos y hermanas; de este modo, también ustedes serán sal y luz, es decir, motivo de salvación para ustedes mismos y para todos los demás, especialmente, para los últimos, los necesitados, los abandonados y los descartados. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto y Audio completo del discurso del Papa Francisco Beatitudes, queridos hermanos y hermanas: Al Salamò Alaikum! / La paz esté con ustedes. «Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Cristo ha vencido para siempre la muerte. Gocemos y alegrémonos en él». Me siento muy feliz de estar con ustedes en este lugar donde se forman los sacerdotes, y que simboliza el corazón de la Iglesia Católica en Egipto. Con alegría saludo en ustedes, sacerdotes, consagrados y consagradas de la pequeña grey católica de Egipto, a la «levadura» que Dios prepara para esta bendita Tierra, para que, junto con nuestros hermanos ortodoxos, crezca en ella su Reino (cf. Mt 13,13). Deseo, en primer lugar, darles las gracias por su testimonio y por todo el bien que hacen cada día, trabajando en medio de numerosos retos y, a menudo, con pocos consuelos. Deseo también animarlos. No tengan miedo al peso de cada día, al peso de las circunstancias difíciles por las que algunos de ustedes tienen que atravesar. Nosotros veneramos la Santa Cruz, que es signo e instrumento de nuestra salvación. Quien huye de la Cruz, escapa de la resurrección. «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien darles el reino» (Lc 12,32). Se trata, por tanto, de creer, de dar testimonio de la verdad, de sembrar y cultivar sin esperar ver la cosecha. De hecho, nosotros cosechamos los frutos que han sembrado muchos otros hermanos, consagrados y no consagrados, que han trabajado generosamente en la viña del Señor. Su historia está llena de ellos. En medio de tantos motivos para desanimarse, de numerosos profetas de destrucción y de condena, de tantas voces negativas y desesperadas, sean una fuerza positiva, sean la luz y la sal de esta sociedad, la locomotora que empuja el tren hacia adelante, llevándolo hacia la meta, sed sembradores de esperanza, constructores de puentes y artífices de diálogo y de concordia. Todo esto será posible si la persona consagrada no cede a las tentaciones que encuentra cada día en su camino. Me gustaría destacar algunas significativas. Ustedes las conocen porque estas tenciones han sido bien descritas por los primeros monjes en Egipto. 1- La tentación de dejarse arrastrar y no guiar. El Buen Pastor tiene el deber de guiar a su grey (cf. Jn 10,3-4), de conducirla hacia verdes prados y a las fuentes de agua (cf. Sal 23). No puede dejarse arrastrar por la desilusión y el pesimismo: «Pero, ¿qué puedo hacer yo?». Está siempre lleno de iniciativas y creatividad, como una fuente que sigue brotando incluso cuando está seca. Sabe dar siempre una caricia de consuelo, aun cuando su corazón está roto. Saber ser padre cuando los hijos lo tratan con gratitud, pero sobre todo cuando no son agradecidos (cf. Lc 15,11-32). Nuestra fidelidad al Señor no puede depender nunca de la gratitud humana: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.18). 2- La tentación de quejarse continuamente. Es fácil culpar siempre a los demás: por las carencias de los superiores, las condiciones eclesiásticas o sociales, por las pocas posibilidades. Sin embargo, el consagrado es aquel que con la unción del Espíritu transforma cada obstáculo en una oportunidad, y no cada dificultad en una excusa. Quien anda siempre quejándose en realidad no quiere trabajar. Por eso el Señor, dirigiéndose a los pastores, dice: «fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes» (Hb 12,12; cf. Is 35,3). 3- La tentación de la murmuración y de la envidia. ¡Esta es fea eh! El peligro es grave cuando el consagrado, en lugar de ayudar a los pequeños a crecer y de regocijarse con el éxito de sus hermanos y hermanas, se deja dominar por la envidia y se convierte en uno que hiere a los demás con la murmuración. Cuando, en lugar de esforzarse en crecer, se pone a destruir a los que están creciendo, y cuando en lugar de seguir los buenos ejemplos, los juzga y les quita su valor. La envidia es un cáncer que destruye en poco tiempo cualquier organismo: «Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir» (Mc 3,24-25). De hecho, «por envidia del diablo entró la muerte en el mundo» (Sb 2,24). Y la murmuración es el instrumento y el arma. 4- La tentación de compararse con los demás. La riqueza se encuentra en la diversidad y en la unicidad de cada uno de nosotros. Compararnos con los que están mejor nos lleva con frecuencia a caer en el resentimiento, compararnos con los que están peor, nos lleva, a menudo, a caer en la soberbia y en la pereza. Quien tiende siempre a compararse con los demás termina paralizado. Aprendamos de los santos Pedro y Pablo a vivir la diversidad de caracteres, carismas y opiniones en la escucha y docilidad al Espíritu Santo. 5- La tentación del «faraonismo», ¡Estamos en Egipto!... es decir, de endurecer el corazón y cerrarlo al Señor y a los demás. Es la tentación de sentirse por encima de los demás y de someterlos por vanagloria, de tener la presunción de dejarse servir en lugar de servir. Es una tentación común que aparece desde el comienzo entre los discípulos, los cuales —dice el Evangelio— «por el camino habían discutido quién era el más importante» (Mc 9,34). El antídoto a este veneno es: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). 6- La tentación del individualismo. Como dice el conocido dicho egipcio: «Después de mí, el diluvio». Es la tentación de los egoístas que por el camino pierden la meta y, en vez de pensar en los demás, piensan sólo en sí mismos, sin experimentar ningún tipo de vergüenza, más bien al contrario, se justifican. La Iglesia es la comunidad de los fieles, el cuerpo de Cristo, donde la salvación de un miembro está vinculada a la santidad de todos (cf. 1Co 12,12-27; Lumen gentium, 7). El individualista es, en cambio, motivo de escándalo y de conflicto. 7- La tentación del caminar sin rumbo y sin meta . El consagrado pierde su identidad y acaba por no ser «ni carne ni pescado». Vive con el corazón dividido entre Dios y la mundanidad. Olvida su primer amor (cf. Ap 2,4). En realidad, el consagrado, si no tiene una clara y sólida identidad, camina sin rumbo y, en lugar de guiar a los demás, los dispersa. Vuestra identidad como hijos de la Iglesia es la de ser coptos —es decir, arraigados en vuestras nobles y antiguas raíces— y ser católicos —es decir, parte de la Iglesia una y universal—: como un árbol que cuanto más enraizado está en la tierra, más alto crece hacia el cielo. Queridos consagrados, hacer frente a estas tentaciones no es fácil, pero es posible si estamos injertados en Jesús: «Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí» (Jn 15,4). Cuanto más enraizados estemos en Cristo, más vivos y fecundos seremos. Así el consagrado conservará la maravilla, la pasión del primer encuentro, la atracción y la gratitud en su vida con Dios y en su misión. La calidad de nuestra consagración depende de cómo sea nuestra vida espiritual. Egipto ha contribuido a enriquecer a la Iglesia con el inestimable tesoro de la vida monástica. Los exhorto, por tanto, a sacar provecho del ejemplo de san Pablo el eremita, de san Antonio Abad, de los santos Padres del desierto y de los numerosos monjes que con su vida y ejemplo han abierto las puertas del cielo a muchos hermanos y hermanas; de este modo, también ustedes serán sal y luz, es decir, motivo de salvación para ustedes mismos y para todos los demás, creyentes y no creyentes y, especialmente, para los últimos, los necesitados, los abandonados y los descartados. Que la Sagrada Familia los proteja y los bendiga a todos, a su País y a todos sus habitantes. Desde el fondo de mi corazón deseo a cada uno de ustedes lo mejor, y a través de ustedes saludo a los fieles que Dios ha confiado a su cuidado. Que el Señor les conceda los frutos de su Espíritu Santo: «Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Ga 5,22-23). Los tendré siempre presentes en mi corazón y en mis oraciones. Ánimo y adelante, guiados por el Espíritu Santo. «Este es el día en que actúo el Señor, sea nuestra alegría». Y por favor, no se olviden de rezar por mí. (from Vatican Radio)...
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Coraje apostólico y expectativa internacional con el viaje del Papa en Egipto

Ds, 29/04/2017 - 3:31pm
Reflexiones en Frontera , jesuita Guillermo Ortiz Ir más allá de los condicionamientos históricos para hacer la historia de la paz, aceptando y sacando lo mejor del gesto y las palabras del otro, aunque algunos consideren ambiguos estos gestos y palabras, es la intención de Francisco Papa, para quien la unidad es superior al conflicto, el todo superior a la parte, la realidad superior a la idea, el tiempo superior al espacio. Con palabras claras, valientes , participó de la Conferencia Internacional de la paz invitado por el Gran Imán, anima a la comunidad cristiana y propicia el diálogo ecuménico, en un Egipto que resulta clave en la solución de conflictos de la región. Pero aunque Egipto queda lejos, soy testigo de parte de la gran cantidad de personas en todo el mundo, y en mi caso de oyentes de Radio Vaticana y amigos de las redes sociales que rezan por Francisco , por su viaje, por los objetivos de su viaje. Rezan en un mundo globalizado donde la violencia en un sitio concreto nos golpea a todos. Del mismo modo, el diálogo, la paz, la construcción de puentes, de fraternidad, de justicia, de amor en un sitio concreto, nos puede ayudar a todos, por el testimonio del esfuerzo por la paz en el que varias personas se están jugando la vida. @jesuitaGuillo (from Vatican Radio)...
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Papa: “El único extremismo permitido es el de la caridad”

Ds, 29/04/2017 - 1:07pm
(RV).- “A Dios sólo le agrada la fe profesada con la vida, porque el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Santa Misa celebrada a las 10:00, en el Estadio Air Defence de El Cairo , en el segundo y último día de su 18º Viaje Apostólico internacional, en esta ocasión a Egipto , el sábado 29 de abril. Este lugar, distante unos 19 km de la Nunciatura Apostólica , es conocido también como el “ Estadio 30 de junio ” y forma parte de la ciudad deportiva de la Aeronáutica militar que se construyó para celebrar las proezas de la defensa aérea durante la guerra de 1970 contra Israel . Mientras en el año 2015 fue teatro de violentos choques entre los adeptos de un partido de fútbol y la policía que dejó un saldo de 22 personas fallecidas. En su homilía – con la liturgia del III domingo de Pascua , en que el Evangelio refiere el camino que hicieron los dos discípulos de Emaús tras salir de Jerusalén – el Papa Bergoglio afirmó que se trata de un Evangelio que puede resumirse con tres palabras, a saber: muerte, resurrección y vida. Muerte en el sentido de que los dos discípulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusión y desesperación, mientras el Maestro ha muerto y, por lo tanto, es inútil esperar. Sí, porque “ la crisis de la Cruz ”, o “el escándalo ” y la “ necedad de la Cruz” había terminado por sepultar toda esperanza . Y porque no podían creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza. No podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan infame. De modo que – como dijo el Pontífice –  “la cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. Resurrección en el sentido de que en la oscuridad de la noche más negra, en la desesperación más angustiosa, Jesús se acerca a los dos discípulos y los acompaña en su camino para que descubran que él es “ el camino, la verdad y la vida ”. Con lo cual el Señor “trasforma su desesperación en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina”. Y de hecho – afirmó Francisco –  “lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”, tal como se lee en el Evangelio de San Lucas. A la vez que recordó que cuando el hombre toca el fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz. Y Vida , puesto que el encuentro con Jesús resucitado ha transformado la vida de ambos discípulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad, tal como lo afirmó el Papa emérito Benedicto XVI, en su catequesis de la Audiencia General del 11 abril de 2007. En efecto – agregó el Papa Bergoglio – “la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección”. Concepto reforzado por las palabras de San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también su fe” ( 1 Co 15,14). El Obispo de Roma reafirmó con fuerza que “el Resucitado desaparece de nuestra vista, para enseñarnos que no podemos retener a Jesús en su visibilidad histórica”. Mientras la Iglesia debe saber y creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la Escritura y con los Sacramentos. Francisco invitó a los fieles presentes en esta celebración a que – como los discípulos de Emaús – regresen a su Jerusalén, es decir, a su vida cotidiana, a sus familias, a su trabajo y a su patria llenos de alegría, valentía y fe. Sin tener miedo de abrir su corazón a la luz del Resucitado y permitiendo que Él transforme sus incertidumbres en fuerza positiva,  para ellos y para los demás. Por esta razón el Santo Padre repitió: “No tengan miedo de amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente”. Y concluyó con un pensamiento a la Virgen María y a la Sagrada Familia, que vivieron en esa bendita tierra, con el deseo de que iluminen los corazones y bendigan al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogió la evangelización de San Marcos y dio a lo largo de la historia numerosos mártires y una gran multitud de santos y santas. (María Fernanda Bernasconi - RV). Texto y audio de la homilía del Santo Padre Francisco durante la celebración de la Santa Misa celebrada en Estadio Air Defence de El Cairo: Al Salamò Alaikum / La paz sea con vosotros. Hoy, III domingo de Pascua, el Evangelio nos habla del camino que hicieron los dos discípulos de Emaús tras salir de Jerusalén. Un Evangelio que se puede resumir en tres palabras: muerte, resurrección y vida. Muerte : los dos discípulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusión y desesperación. El Maestro ha muerto y por tanto es inútil esperar. Estaban desorientados, confundidos y desilusionados. Su camino es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado. La crisis de la Cruz, más bien el «escándalo» y la «necedad» de la Cruz (cf. 1 Co 1,18; 2,2), ha terminado por sepultar toda esperanza. Aquel sobre el que habían construido su existencia ha muerto y, derrotado, se ha llevado consigo a la tumba todas sus aspiraciones. No podían creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza. No podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan infame. La cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento. Cuantas veces el hombre se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre; cuantas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida. Los discípulos reconocieron a Jesús «al partir el pan», en la Eucarística. Si nosotros no quitamos el velo que oscurece nuestros ojos, si no rompemos la dureza de nuestro corazón y de nuestros prejuicios nunca podremos reconocer el rostro de Dios. Resurrección: en la oscuridad de la noche más negra, en la desesperación más angustiosa, Jesús se acerca a los dos discípulos y los acompaña en su camino para que descubran que él es «el camino, la verdad y la vida» ( Jn 14,6). Jesús trasforma su desesperación en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» ( Lc 18,27; cf. 1,37). Cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz (cf. Hb 11,34). Los dos discípulos, de hecho, luego de haber encontrado al Resucitado, regresan llenos de alegría, confianza y entusiasmo, listos para dar testimonio. El Resucitado los ha hecho resurgir de la tumba de su incredulidad y aflicción. Encontrando al Crucificado-Resucitado han hallado la explicación y el cumplimiento de las Escrituras, de la Ley y de los Profetas; han encontrado el sentido de la aparente derrota de la Cruz. Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que sólo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder. Vida: el encuentro con Jesús resucitado ha transformado la vida de los dos discípulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad (cf. Benedicto XVI, Audiencia General , 11 abril 2007). En efecto, la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección. Dice san Pablo: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» ( 1 Co 15,14). El Resucitado desaparece de su vista, para enseñarnos que no podemos retener a Jesús en su visibilidad histórica: «Bienaventurados los que crean sin haber visto» ( Jn 20,29 y cf. 20,17). La Iglesia debe saber y creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la Escritura y con los Sacramentos. Los discípulos de Emaús comprendieron esto y regresaron a Jerusalén para compartir con los otros su experiencia. «Hemos visto al Señor […]. Sí, en verdad ha resucitado» (cf. Lc 24,32). La experiencia de los discípulos de Emaús nos enseña que de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si no está animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las apariencias, porque Dios mira el alma y el corazón (cf. 1 S 16,7) y detesta la hipocresía (cf. Lc 11,37-54; Hch 5,3-4). [1] Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita. La verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos y más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinción y sin preferencias, es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados (cf. Mt 25,31-45). La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeño. Queridos hermanos y hermanas: A Dios sólo le agrada la fe profesada con la vida, porque el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada. Ahora, como los discípulos de Emaús, regresad a vuestra Jerusalén, es decir, a vuestra vida cotidiana, a vuestras familias, a vuestro trabajo y a vuestra patria llenos de alegría, de valentía y de fe. No tengáis miedo a abrir vuestro corazón a la luz del Resucitado y dejad que él transforme vuestras incertidumbres en fuerza positiva para vosotros y para los demás. No tengáis miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente. La Virgen María y la Sagrada Familia, que vivieron en esta bendita tierra, iluminen nuestros corazones y os bendigan a vosotros y al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogió la evangelización de san Marcos y ha dado a lo largo de la historia numerosos mártires y una gran multitud de santos y santas. Al Massih Kam / Bilhakika kam ! – Cristo ha Resucitado. / Verdaderamente ha Resucitado.   [1] Dice san Efrén: «Quitad la máscara que cubre al hipócrita y vosotros no veréis más que podredumbre» ( Serm. ). «Ay de los que habéis perdido la esperanza», afirma el Eclesiástico (2,14 Vulg. ). (from Vatican Radio)...
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Saludo y aliento del Papa a jóvenes peregrinos en Egipto

Ds, 29/04/2017 - 12:52pm
(RV).- Al concluir su primera jornada en El Cairo, el Papa Francisco fue recibido en la Nunciatura por un grupo de niños de la Escuela Comboniana. Y, después de cenar, saludó a unos 300 jóvenes que habían llegado en peregrinación, desde el Norte y el Sur del país. «¡Francisco te queremos!», fue el saludo que gritaron con gran alegría los jóvenes peregrinos cuando el Santo Padre se asomó y les dirigió unas palabras de aliento y cariño, invitando a rezar por las personas que se aman y por las que no se aman, para luego darles su bendición: «¡Buenas noches a todos ustedes! ¡Me alegra estar con ustedes! Sé que vinieron en peregrinación ¿es verdad? Si es verdad ¡es porque son valientes! Mañana tendremos la Misa en el estadio, todos juntos, ¡ rezaremos juntos, cantaremos juntos y festejaremos juntos! Antes de retirarme, quisiera rezar con ustedes. Recemos juntos el Padre Nuestro (rezo en árabe) Y ahora les quiero dar la bendición, pero antes cada uno de ustedes piense en las personas que quieren más, en las que más cariño le tienen; piense también en las personas que no quiere y, en silencio, cada uno rece por estas personas: por aquellas que quieren más y por las que no quieren. Y yo les doy la bendición a ustedes y a esas personas (Bendición) ¡Que viva Egipto! (CdM – RV) (from Vatican Radio)...
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Homilía del Papa. Texto completo

Ds, 29/04/2017 - 10:18am
Al Salamò Alaikum / La paz sea con vosotros. Hoy, III domingo de Pascua, el Evangelio nos habla del camino que hicieron los dos discípulos de Emaús tras salir de Jerusalén. Un Evangelio que se puede resumir en tres palabras: muerte, resurrección y vida. Muerte : los dos discípulos regresan a sus quehaceres cotidianos, llenos de desilusión y desesperación. El Maestro ha muerto y por tanto es inútil esperar. Estaban desorientados, confundidos y desilusionados. Su camino es un volver atrás; es alejarse de la dolorosa experiencia del Crucificado. La crisis de la Cruz, más bien el «escándalo» y la «necedad» de la Cruz (cf. 1 Co 1,18; 2,2), ha terminado por sepultar toda esperanza. Aquel sobre el que habían construido su existencia ha muerto y, derrotado, se ha llevado consigo a la tumba todas sus aspiraciones. No podían creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza. No podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan infame. La cruz de Cristo era la cruz de sus ideas sobre Dios; la muerte de Cristo era la muerte de todo lo que ellos pensaban que era Dios. De hecho, los muertos en el sepulcro de la estrechez de su entendimiento. Cuantas veces el hombre se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre; cuantas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida. Los discípulos reconocieron a Jesús «al partir el pan», en la Eucarística. Si nosotros no quitamos el velo que oscurece nuestros ojos, si no rompemos la dureza de nuestro corazón y de nuestros prejuicios nunca podremos reconocer el rostro de Dios. Resurrección: en la oscuridad de la noche más negra, en la desesperación más angustiosa, Jesús se acerca a los dos discípulos y los acompaña en su camino para que descubran que él es «el camino, la verdad y la vida» ( Jn 14,6). Jesús trasforma su desesperación en vida, porque cuando se desvanece la esperanza humana comienza a brillar la divina: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» ( Lc 18,27; cf. 1,37). Cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección, su camino de regreso en retorno a Jerusalén, es decir en retorno a la vida y a la victoria de la Cruz (cf. Hb 11,34). Los dos discípulos, de hecho, luego de haber encontrado al Resucitado, regresan llenos de alegría, confianza y entusiasmo, listos para dar testimonio. El Resucitado los ha hecho resurgir de la tumba de su incredulidad y aflicción. Encontrando al Crucificado-Resucitado han hallado la explicación y el cumplimiento de las Escrituras, de la Ley y de los Profetas; han encontrado el sentido de la aparente derrota de la Cruz. Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz, hasta llegar a la Verdad de la resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que sólo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder. Vida: el encuentro con Jesús resucitado ha transformado la vida de los dos discípulos, porque el encuentro con el Resucitado transforma la vida entera y hace fecunda cualquier esterilidad (cf. Benedicto XVI, Audiencia General , 11 abril 2007). En efecto, la Resurrección no es una fe que nace de la Iglesia, sino que es la Iglesia la que nace de la fe en la Resurrección. Dice san Pablo: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» ( 1 Co 15,14). El Resucitado desaparece de su vista, para enseñarnos que no podemos retener a Jesús en su visibilidad histórica: «Bienaventurados los que crean sin haber visto» ( Jn 20,29 y cf. 20,17). La Iglesia debe saber y creer que él está vivo en ella y que la vivifica con la Eucaristía, con la Escritura y con los Sacramentos. Los discípulos de Emaús comprendieron esto y regresaron a Jerusalén para compartir con los otros su experiencia. «Hemos visto al Señor […]. Sí, en verdad ha resucitado» (cf. Lc 24,32). La experiencia de los discípulos de Emaús nos enseña que de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si no está animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las apariencias, porque Dios mira el alma y el corazón (cf. 1 S 16,7) y detesta la hipocresía (cf. Lc 11,37-54; Hch 5,3-4). [1] Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita. La verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos y más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinción y sin preferencias, es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados (cf. Mt 25,31-45). La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeño. Queridos hermanos y hermanas: A Dios sólo le agrada la fe profesada con la vida, porque el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada. Ahora, como los discípulos de Emaús, regresad a vuestra Jerusalén, es decir, a vuestra vida cotidiana, a vuestras familias, a vuestro trabajo y a vuestra patria llenos de alegría, de valentía y de fe. No tengáis miedo a abrir vuestro corazón a la luz del Resucitado y dejad que él transforme vuestras incertidumbres en fuerza positiva para vosotros y para los demás. No tengáis miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente. La Virgen María y la Sagrada Familia, que vivieron en esta bendita tierra, iluminen nuestros corazones y os bendigan a vosotros y al amado Egipto que, en los albores del cristianismo, acogió la evangelización de san Marcos y ha dado a lo largo de la historia numerosos mártires y una gran multitud de santos y santas. Al Massih Kam / Bilhakika kam ! – Cristo ha Resucitado. / Verdaderamente ha Resucitado. [1] Dice san Efrén: «Quitad la máscara que cubre al hipócrita y vosotros no veréis más que podredumbre» ( Serm. ). «Ay de los que habéis perdido la esperanza», afirma el Eclesiástico (2,14 Vulg. )....
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Francisco y Tawadros firman Declaración Conjunta: “Esfuerzo común en la búsqueda de la unidad”

Dv, 28/04/2017 - 9:54pm
  (RV).- Al finalizar el Encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca de los Coptos, Tawadros II, firmaron una Declaración Conjunta en la Sede del patriarcado de El Cairo. En la declaración resaltan el privilegio de estar juntos en Egipto, “una señal de que nuestra relación es cada año más sólida, y de que seguimos creciendo en cercanía, fe y amor en Cristo nuestro Señor”. Tawadros II y Francisco constatan que esta experiencia común de comunión antes de la separación reviste un significado especial para los esfuerzos actuales, encaminados a restaurar la plena comunión. “La mayor parte de las relaciones que existieron en los primeros siglos entre la Iglesia Católica y la Iglesia Copta Ortodoxa han continuado hasta nuestros días, escriben, a pesar de las divisiones, y han sido recientemente revitalizadas. Suponen un desafío para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la búsqueda de la unidad visible en la diversidad, bajo la guía del Espíritu Santo”. La Declaración Conjunta recuerda que, “cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho más de lo que los divide”. Por eso, el anhelo de unidad se inspira en la oración de Cristo «que todos sean uno». En este sentido invitan a profundizar nuestras raíces comunes en la única fe apostólica. “Intensifiquemos nuestra incesante oración por todos los cristianos de Egipto y de todo el mundo y, especialmente, por los de Oriente Medio. Las trágicas experiencias y la sangre derramada por nuestros fieles, que han sido perseguidos y asesinados por la única razón de ser cristianos, nos recuerdan aún más que el ecumenismo del martirio es el que nos une y nos anima en el camino hacia la paz y la reconciliación”, constatan. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto completo de la Declaración Conjunta firmada por el Papa Francisco y Tawadros II DECLARACIÓN FINAL  DE SU SANTIDAD FRANCISCO  Y SU SANTIDAD TAWADROS II 1.     Nosotros, Francisco, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia Católica, y Tawadros II, Papa de Alejandría y Patriarca de la Sede de San Marcos, damos gracias a Dios en el Espíritu Santo porque nos ha concedido la gozosa oportunidad de encontrarnos una vez más para intercambiar nuestro abrazo fraternal y unirnos de nuevo en una misma oración. Damos gloria al Todopoderoso por los vínculos de fraternidad y amistad que unen la Sede de San Pedro y la Sede de San Marcos. El privilegio de estar juntos aquí en Egipto es una señal de que nuestra relación es cada año más sólida, y de que seguimos creciendo en cercanía, fe y amor en Cristo nuestro Señor. Damos gracias a Dios por este amado Egipto, «patria que vive dentro de nosotros», como solía decir Su Santidad el Papa Shenouda III, «el pueblo bendecido por Dios» (cf. Is 19,25), con su antigua civilización faraónica, su herencia griega y romana, su tradición copta y su presencia islámica. Egipto es el lugar donde la Sagrada Familia encontró refugio, tierra de mártires y santos. 2.     Nuestro profundo vínculo de amistad y fraternidad tiene su origen en la plena comunión que existía entre nuestras Iglesias en los primeros siglos y que se fue expresando de muchas maneras a través de los primeros Concilios Ecuménicos, remontándose al Concilio de Nicea en el año 325 y a la contribución del valeroso Padre de la Iglesia san Atanasio, que se ganó el título de «Defensor de la Fe». Nuestra comunión se manifestaba a través de la oración y de prácticas litúrgicas similares, de la veneración de los mismos mártires y santos, y a través del crecimiento y difusión del monaquismo, siguiendo el ejemplo del gran san Antonio, conocido como el Padre de todos los monjes. Esta experiencia común de comunión antes de la separación reviste un significado especial para nuestros esfuerzos actuales, encaminados a restaurar la plena comunión. La mayor parte de las relaciones que existieron en los primeros siglos entre la Iglesia Católica y la Iglesia Copta Ortodoxa han continuado hasta nuestros días, a pesar de las divisiones, y han sido recientemente revitalizadas. Suponen un desafío para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la búsqueda de la unidad visible en la diversidad, bajo la guía del Espíritu Santo. 3.     Recordamos con gratitud el histórico encuentro que tuvo lugar hace cuarenta y cuatro años entre nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Papa Shenouda III, en un abrazo de paz y fraternidad, después de muchos siglos, cuando nuestros mutuos vínculos de amor no fueron capaces de expresarse a causa de la distancia que había surgido entre nosotros. La Declaración Común que firmaron el 10 de mayo de 1973 representó un hito en el camino del ecumenismo y sirvió como punto de partida para la Comisión para el Diálogo Teológico entre nuestras Iglesias, que ha dado muchos frutos y ha abierto el camino para un diálogo más amplio entre la Iglesia Católica y la entera familia de las Iglesias Ortodoxas Orientales. En esa Declaración, nuestras Iglesias reconocieron que, de acuerdo con la tradición apostólica, profesan «una misma fe en un solo Dios Uno y Trino» y «la divinidad del Unigénito Hijo Encarnado de Dios... Dios perfecto con respecto a su divinidad, y perfecto hombre con respecto a su humanidad». También se reconoció que «la vida divina nos es dada y alimentada a través de los siete sacramentos» y que «veneramos a la Virgen María, Madre de la Luz Verdadera», la «Theotokos». 4.     Con profunda gratitud recordamos nuestro encuentro fraterno en Roma, el 10 de mayo de 2013, y el establecimiento del 10 de mayo como el día en el que cada año profundizamos la amistad y la fraternidad entre nuestras Iglesias. Este renovado espíritu de cercanía nos ha permitido discernir una vez más que el vínculo que nos mantiene unidos lo recibimos de nuestro único Señor el día de nuestro Bautismo. Porque es a través del Bautismo que nos convertimos en miembros del único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cf.1Co 12,13). Esta herencia común es la base de nuestra peregrinación hacia la plena comunión, a medida que crecemos en el amor y la reconciliación. 5.     Somos conscientes de que en esta peregrinación aún nos queda mucho camino por recorrer, sin embargo, no podemos ignorar lo mucho que ya hemos avanzado. Recordamos, en particular, el encuentro entre el Papa Shenouda III y san Juan Pablo II que, durante el Gran Jubileo del año 2000, vino a Egipto como peregrino. Estamos decididos a seguir sus pasos, movidos por el amor a Cristo, Buen Pastor, con la profunda convicción de que caminando juntos crecemos en la unidad. Que sepamos encontrar nuestra fuerza en Dios, fuente perfecta de comunión y amor. 6.     Este amor encuentra su expresión más profunda en la oración común. Cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho más de lo que los divide. Nuestro anhelo de unidad se inspira en la oración de Cristo «que todos sean uno» (Jn 17,21). Profundicemos nuestras raíces comunes en la única fe apostólica, rezando juntos y buscando traducciones comunes de la Oración del Señor y también una fecha común para la celebración de la Pascua. 7.     Mientras caminamos hacia el día bendito en que finalmente podamos reunirnos en torno a la misma mesa Eucarística, podemos cooperar en muchas áreas y demostrar de manera tangible lo mucho que ya nos une. Podemos dar juntos un testimonio de los valores fundamentales como la santidad y la dignidad de la vida humana, la santidad del matrimonio y de la familia, y el respeto por toda la creación, que Dios nos ha confiado. Frente a muchos desafíos actuales como la secularización y la globalización de la indiferencia, estamos llamados a ofrecer una respuesta común cimentada en los valores del Evangelio y en los tesoros de nuestras respectivas tradiciones. A este respecto, nos sentimos animados a profundizar en el estudio de los Padres Orientales y Latinos, y a promover un fecundo intercambio en la vida pastoral, principalmente en la catequesis y en el mutuo enriquecimiento espiritual entre comunidades monásticas y religiosas. 8.     Nuestro testimonio cristiano compartido es una señal, llena de gracia, de reconciliación y esperanza para la sociedad egipcia y sus instituciones, una semilla plantada para que produzca frutos de justicia y de paz. Puesto que creemos que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios, nos afanamos para que la tranquilidad y la concordia sean una realidad de la coexistencia pacífica entre cristianos y musulmanes, dando así testimonio de lo mucho que Dios desea la unidad y armonía de toda la familia humana y la igual dignidad de todo ser humano. Compartimos también la misma preocupación por el bienestar y el futuro de Egipto. Todos los miembros de la sociedad tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida de la nación, pudiendo disfrutar de una ciudadanía plena y equitativa, y colaborar en la construcción de su país. La libertad religiosa, incluida la libertad de conciencia, arraigada en la dignidad de la persona, es la piedra angular de todas las demás libertades. Es un derecho sagrado e inalienable. 9.     Intensifiquemos nuestra incesante oración por todos los cristianos de Egipto y de todo el mundo y, especialmente, por los de Oriente Medio. Las trágicas experiencias y la sangre derramada por nuestros fieles, que han sido perseguidos y asesinados por la única razón de ser cristianos, nos recuerdan aún más que el ecumenismo del martirio es el que nos une y nos anima en el camino hacia la paz y la reconciliación. Porque como escribe san Pablo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1Co 12, 26). 10.  El misterio de Jesús, que murió y resucitó por amor, está en el corazón de nuestro camino hacia la plena unidad. Una vez más, los mártires son quienes nos guían. En la Iglesia primitiva, la sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos. Así también en nuestros días, la sangre de tantos mártires será semilla de unidad entre todos los discípulos de Cristo, signo e instrumento de comunión y paz para el mundo. 11.  En obediencia a la acción del Espíritu Santo que santifica a la Iglesia, la custodia a lo largo de los siglos y la conduce hacia la unidad plena, aquella unidad por la que oró Jesucristo: Hoy, nosotros, Papa Francisco y Papa Tawadros II, para complacer al corazón del Señor Jesús, así como también al de nuestros hijos e hijas en la fe, declaramos mutuamente que, con una misma mente y un mismo corazón, procuraremos sinceramente no repetir el bautismo a ninguna persona que haya sido bautizada en algunas de nuestras Iglesias y quiera unirse a la otra. Esto lo confesamos en obediencia a las Sagradas Escrituras y a la fe de los tres Concilios Ecuménicos reunidos en Nicea, Constantinopla y Éfeso. Pedimos a Dios nuestro Padre que nos guíe, con los tiempos y los medios que el Espíritu Santo elija, a la plena unidad en el Cuerpo místico de Cristo. 12.  Sigamos pues las enseñanzas y el ejemplo del apóstol Pablo, que escribe: «[Esforzaos] en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (Ef 4, 3-6). (from Vatican Radio)...
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Llamados a testimoniar juntos, a llevar al mundo nuestra fe. Francisco visita a su hermano Tawadros II

Dv, 28/04/2017 - 9:14pm
  (RV).-  «Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más la lengua común de la caridad»: continuando sus encuentros en Egipto el Obispo de Roma realizó una visita de cortesía al Papa Tawadros II, Patriarca de la Iglesia Copto-Ortodoxa de Alejandría. Al «querido hermano» Teodoro Francisco empezó recordando que este año hemos celebrado en el mismo día la Pascua, centro de la vida cristiana, proclamando al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo nuevamente la experiencia de los primeros discípulos, que ese día «se llenaron de alegría al ver al Señor». «Delante del Señor, que quiere que seamos perfectos en la unidad no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños», precisó el Papa, puntualizando que no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser «criaturas nuevas» en él: en definitiva, subrayó, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. El Santo Padre aseguró a Tawadros que estamos llamados a testimoniar juntos al Señor, a llevar al mundo nuestra fe, viviéndola, porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. «Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús. Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad», observó. Francisco deseó a Teodoro que nuestro mismo Señor nos conceda seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. «Que en este camino nos lleve de la mano Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios». (RC-RV) Saludo de Francisco a Tawadros II El Señor ha resucitado, verdaderamente ha resucitado. [Al Massih kam, bilhakika kam!] Santidad, querido Hermano: Hace poco que ha concluido la gran Solemnidad de la Pascua, centro de la vida cristiana, que este año hemos tenido la gracia de celebrar en el mismo día. Así hemos proclamado al unísono el anuncio de la Resurrección, viviendo de nuevo, en un cierto sentido, la experiencia de los primeros discípulos, que en ese día «se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20,20). Esta alegría pascual se ha incrementado hoy por el don que se nos ha concedido de adorar juntos al Resucitado en la oración y de darnos nuevamente, en su nombre, el beso santo y el abrazo de paz. Esto me llena de alegría: llegando aquí como peregrino, estaba seguro de recibir la bendición de un Hermano que me esperaba. Era grande el deseo de encontrarnos otra vez: mantengo muy vivo el recuerdo de la visita que Vuestra Santidad realizó a Roma, poco después de mi elección, el 10 de mayo de 2013, una fecha que se ha convertido felizmente en la oportunidad para celebrar cada año la Jornada de Amistad copto-católica. Con la alegría de continuar fraternalmente nuestro camino ecuménico, deseo recordar ante todo ese momento crucial que supuso en las relaciones entre la sede de Pedro y la de Marcos la Declaración Común, firmada por nuestros Predecesores hace más de cuarenta años, el 10 de mayo de 1973. En ese día, después de «siglos de una historia complicada», en los que «se han manifestado diferencias teológicas, fomentadas y acentuadas por factores de carácter no teológico» y por una creciente desconfianza en las relaciones, con la ayuda de Dios hemos llegado a reconocer juntos que Cristo es «Dios perfecto en su Divinidad y hombre perfecto en su humanidad» (Declaración Común firmada por el Santo Padre Pablo VI y por Su Santidad Amba Shenouda III, 10 mayo 1973). Pero no menos importantes y actuales son las palabras que la precedían inmediatamente, con las que hemos reconocido a «Nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey de todos nosotros, Jesucristo». Con estas expresiones la sede de Marcos y la de Pedro han proclamado la señoría de Jesús: juntos hemos confesado que pertenecemos a Jesús y que él es nuestro todo. Aún más, hemos comprendido que, siendo suyos, no podemos seguir pensando en ir adelante cada uno por su camino, porque traicionaríamos su voluntad: que los suyos sean «todos […] uno […] para que el mundo crea» (Jn 17,21). Delante del Señor, que quiere que seamos «perfectos en la unidad» (v. 23) no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños. Como dijo aquí Su Santidad Juan Pablo II: «A este respecto no hay tiempo que perder. Nuestra comunión en el único Señor Jesucristo, en el único Espíritu Santo y en el único bautismo, ya representa una realidad profunda y fundamental» (Discurso durante el encuentro ecuménico, 25 febrero 2000). En este sentido, no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser «criaturas nuevas» en él (cf. 2 Co 5,17): en definitiva, «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5). De aquí tenemos que comenzar siempre, para apresurar el día tan esperado en el que estaremos en comunión plena y visible junto al altar del Señor. En este camino apasionante, que —como la vida— no es siempre fácil ni lineal, pero que el Señor nos exhorta a seguir recorriendo, no estamos solos. Nos acompaña una multitud de Santos y Mártires que, ya plenamente unidos, nos animan a que seamos aquí en la tierra una imagen viviente de la «Jerusalén celeste» (Ga 4,26). Entre ellos, seguro que los que hoy se alegran de manera especial de nuestro encuentro son los santos Pedro y Marcos. Es grande el vínculo que los une. Basta pensar en el hecho de que san Marcos puso en el centro de su Evangelio la profesión de fe de Pedro: «Tu eres el Cristo». Fue la respuesta a la pregunta, siempre actual, de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mc 8,29). También hoy hay mucha gente que no sabe dar una respuesta a esta pregunta; faltan incluso personas que la propongan y sobre todo quien ofrezca como respuesta la alegría de conocer a Jesús, la misma alegría con la que tenemos la gracia de confesarlo juntos. Estamos llamados a testimoniarlo juntos, a llevar al mundo nuestra fe, sobre todo, como es proprio de la fe: viviéndola, porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús. Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad. Con este espíritu apostólico constructivo, Vuestra Santidad sigue brindando una atención genuina y fraterna a la Iglesia copta católica: una cercanía que agradezco tanto y que se ha concretado en la creación del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, para que los creyentes en Jesús puedan actuar siempre más unidos, en beneficio de toda la sociedad egipcia. Además, he apreciado mucho la generosa hospitalidad con la que acogió el XIII Encuentro de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales, que tuvo lugar aquí el año pasado siguiendo vuestra invitación. Es un bonito signo que el encuentro siguiente se haya celebrado en Roma, como queriendo señalar una continuidad particular entre la sede de Marcos y la de Pedro. En la Sagrada Escritura, Pedro corresponde en cierto modo al afecto de Marcos llamándolo «mi hijo» (1 P 5,13). Pero los vínculos fraternos del Evangelista y su actividad apostólica se extienden también a san Pablo el cual, antes de morir mártir en Roma, habla de lo útil que es Marcos para el ministerio (cf. 2 Tm 4,11) y lo menciona varias veces (cf. Flm 24; Col 4, 10). Caridad fraterna y comunión de misión: estos son los mensajes que la Palabra divina y nuestros orígenes nos transmiten. Son las semillas evangélicas que con alegría seguimos cultivando y juntos, con la ayuda de Dios, procuramos que crezcan (cf. 1 Co 3,6-7). Nuestro camino ecuménico crece de manera misteriosa y sin duda actual, gracias a un verdadero y propio ecumenismo de la sangre. San Juan escribe que Jesús vino «con agua y sangre» (1 Jn 5,6); quien cree en él, «vence al mundo» (1 Jn 5,5). Con agua y sangre: viviendo una vida nueva en nuestro mismo Bautismo, una vida de amor, siempre y por todos, también a costa de derramar la sangre. Cuántos mártires en esta tierra, desde los primeros siglos del Cristianismo, han vivido la fe de manera heroica y hasta el final, prefiriendo derramar su sangre antes que renegar del Señor y ceder a las lisonjas del mal o a la tentación de responder al mal con el mal. Así lo testimonia el venerable Martirologio de la Iglesia Copta. Aun recientemente, por desgracia, la sangre inocente de fieles indefensos ha sido derramada cruelmente: su sangre inocente nos une. Querido Hermano, igual que la Jerusalén celeste es una, así también nuestro martirologio es uno, y vuestros sufrimientos son también nuestros sufrimientos. Fortalecidos por vuestro testimonio, esforcémonos en oponernos a la violencia predicando y sembrando el bien, haciendo crecer la concordia y manteniendo la unidad, rezando para que los muchos sacrificios abran el camino a un futuro de comunión plena entre nosotros y de paz para todos. La maravillosa historia de santidad de esta tierra no se debe sólo al sacrificio de los mártires. Apenas terminadas las antiguas persecuciones, surgió una nueva forma de vida que, ofrecida al Señor, nada retenía para sí: en el desierto inició el monaquismo. Así, a los grandes signos que Dios obró en el pasado en Egipto y en el Mar Rojo (cf. Sal 106,21-22), siguió el prodigio de una vida nueva, que hizo florecer de santidad el desierto. Con veneración por este patrimonio común, he venido como peregrino a esta tierra, donde el Señor mismo ama venir: aquí, glorioso, bajó al monte Sinaí (cf. Ex 24,16); aquí, humilde, encontró refugio cuando era niño (cf. Mt 2,14). Santidad, querido Hermano: que el mismo Señor nos conceda hoy seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. Que en este camino nos lleve de la mano Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios. En este título se unen admirablemente la humanidad y la divinidad, porque, en la Madre, Dios se hizo hombre para siempre. Que la Virgen Santa, que siempre nos conduce a Jesús, sinfonía perfecta de lo divino con lo humano, siga trayendo un poco de Cielo a nuestra tierra. (RC-RV)   (from Vatican Radio)...
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Encuentro del Papa Francisco con las autoridades en su viaje a Egipto

Dv, 28/04/2017 - 8:02pm
(RV).- Paz, prosperidad, progreso y justicia para Egipto, es el ruego del Papa Francisco a Dios Todopoderoso y Uno, pidiendo que derrame su Bendición sobre todos los egipcios: ¡Gracias y que viva Egipto! Con estas palabras el Papa concluyó su denso discurso a las autoridades en El Cairo, en el que también pidió: «Paz para este amado país. Paz para toda esta región, de manera particular para Palestina e Israel, paz para Siria, Libia, Yemen, Irak, Sudán del Sur; paz para todos los hombres de buena voluntad» En sus palabras a los miembros del Gobierno y del Parlamento, al Cuerpo Diplomático y a los representantes de la Sociedad civil egipcia, el Papa les reiteró, una vez más, sus deseos de paz y su gratitud por encontrarse en Egipto, tierra de antiquísima y noble civilización, que «representa mucho para la historia de la humanidad y para la Tradición de la Iglesia ». Tierra mencionada tantas veces en la Sagrada Escritura, donde, como recordó Juan Pablo II, Dios reveló su nombre a Moisés y en el monte Sinaí dio a su pueblo y a la humanidad los Mandamientos, y donde encontró refugio y hospitalidad la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Reiteró el Papa para luego destacar que «también hoy» , en tierra egipcia «encuentran acogida millones de refugiados que proceden de diferentes países, como Sudán, Eritrea, Siria e Irak». Tras destacar que Egipto, con su historia y posición geográfica, ocupa un «rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave», el Papa se refirió a «la violencia ciega e inhumana causada por diferentes factores: el deseo obtuso de poder, el comercio de armas, los graves problemas sociales y el extremismo religioso que utiliza el Santo Nombre de Dios para cometer inauditas masacres e injusticias». Con el legítimo anhelo del pueblo a pedir un Egipto donde no falte a nadie pan , libertad y justicia social , el Papa Francisco recordó la tarea particular de este país de «reforzar y consolidar también la paz regional». Y uniéndose al dolor de las numerosas familias, algunas de ellas allí presentes, que lloran por la violencia ciega del terrorismo , recordó los atentados en las iglesias coptas, también los más recientes en Tanta y en Alejandría. «Desarrollo, prosperidad y paz son bienes irrenunciables» reiteró el Papa Animando los esfuerzos en favor de la paz en Egipto y fuera de él el Obispo de Roma reiteró que nadie debe ser excluido o marginado por ninguna razón, recordando los derechos humanos inalienables, la libertad religiosa y de expresión, con especial atención al rol de la mujer, de los jóvenes, de los pobres y de los enfermos. Rechazar toda ideología del mal que profana a Dios Sin olvidar el escenario mundial delicado y complejo, y lo que él ha llamado «guerra mundial por partes», el Papa hizo hincapié en que «no se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal,  violencia y extremismo, profanando el Santo Nombre de Dios. Como ha dicho en varias oportunidades el mismo presidente egipcio, al que invitó a escuchar valorando sus palabras en este sentido. La historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia Todos tenemos el deber de enseñar a las nuevas generaciones que Dios, Creador del cielo y de la tierra, «no quiere nunca la muerte de sus hijos», «ni pide, ni justifica la violencia», sino que la rechaza y la desaprueba», destacó una vez más el Papa para luego añadir «tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones»… «Tenemos el deber de desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte.  En cambio, la historia honra a los constructores de paz, que luchan con valentía y sin violencia por un mundo mejor: «Dichosos los constructores de paz porque se llamarán hijos de Dios» (Mt 5,9)». Recordando nuevamente la importancia de Egipto en la región, cuna de tres grandes religiones, el Papa destacó el 70 aniversario de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República Árabe de Egipto. Abrazando paternalmente a todos los ciudadanos egipcios, el Papa Francisco saludó a los hermanos cristianos : coptos ortodoxos, griegos bizantinos, armenios ortodoxos, protestantes y católicos. Y deseó que San Marcos, el evangelizador de esta tierra, los proteja y ayude a construir y alcanzar la unidad, tan anhelada por Nuestro Señor, subrayando que son un ejemplo para las demás naciones, viviendo juntos en el respeto mutuo. (CdM – RV) Texto y audio completo del discurso del Papa Francisco Señor Presidente, Distinguidos Miembros del Gobierno y del Parlamento, Ilustres Embajadores y miembros del Cuerpo Diplomático, Señoras y señores: Al Salamò Alaikum / La paz esté con vosotros. Le agradezco, Señor Presidente, sus cordiales palabras de bienvenida y la invitación que gentilmente me hizo para visitar su querido País. Conservo vivo el recuerdo de su visita a Roma, en noviembre de 2014, y también del encuentro fraterno con Su Santidad Papa Tawadros II, en 2013, así como la del año pasado con el Gran Imán de la Universidad Al-Azhar, Dr. Ahmad Al-Tayyib. Me es grato encontrarme en Egipto, tierra de antiquísima y noble civilización, cuyas huellas podemos admirar todavía hoy y que, en su majestuosidad, parecen querer desafiar al tiempo. Esta tierra representa mucho para la historia de la humanidad y para la Tradición de la Iglesia, no sólo por su prestigioso pasado histórico —de los faraones, copto y musulmán—, sino también porque muchos Patriarcas vivieron en Egipto o lo recorrieron. En efecto, la Sagrada Escritura lo menciona así muchas veces. En esta tierra, Dios se hizo sentir, «reveló su nombre a Moisés»,[1] y sobre el monte Sinaí dio a su pueblo y a la humanidad los Mandamientos divinos. En tierra egipcia, encontró refugio y hospitalidad la Sagrada Familia: Jesús, María y José. La hospitalidad, ofrecida con generosidad hace más de dos mil años, permanece en la memoria colectiva de la humanidad y es fuente de abundantes bendiciones que aún se siguen derramando. Egipto es una tierra que, en cierto modo, percibimos como nuestra. Como decís: «Misr um al dugna /Egipto es la madre del universo». También hoy encuentran aquí acogida millones de refugiados que proceden de diferentes países, como Sudán, Eritrea, Siria e Irak, refugiados a los que se busca integrar con encomiable tesón en la sociedad egipcia. Egipto, a causa de su historia y de su concreta posición geográfica, ocupa un rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave. Me refiero a la violencia ciega e inhumana causada por diferentes factores: el deseo obtuso de poder, el comercio de armas, los graves problemas sociales y el extremismo religioso que utiliza el Santo Nombre de Dios para cometer inauditas masacres e injusticias. Este destino y esta tarea de Egipto constituyen también el motivo que ha animado al pueblo a pedir un Egipto donde no falte a nadie el pan, la libertad y la justicia social. Ciertamente este objetivo se hará una realidad si todos juntos tienen la voluntad de transformar las palabras en acciones, las valiosas aspiraciones en compromiso, las leyes escritas en leyes aplicadas, valorizando la genialidad innata de este pueblo. Egipto tiene una tarea particular: reforzar y consolidar también la paz regional, a pesar de que haya sido herido en su propio suelo por una violencia ciega. Dicha violencia hace sufrir injustamente a muchas familias —algunas de ellas aquí presentes— que lloran por sus hijos e hijas. Pienso de modo particular en todas las personas que, en los últimos años, han entregado la vida para proteger su patria: los jóvenes, los miembros de las fuerzas armadas y de la policía, los ciudadanos coptos y todos los desconocidos, caídos a causa de las distintas acciones terroristas. Pienso también en las matanzas y en las amenazas que han provocado un éxodo de cristianos desde el Sinaí septentrional. Manifiesto mi gratitud a las Autoridades civiles y religiosas, y a todos los que han acogido y asistido a estas personas que tanto sufren. Pienso además en los que han sido golpeados por los atentados en las iglesias Coptas, tanto en diciembre pasado como más recientemente en Tanta y en Alejandría. A sus familias y a todo Egipto dirijo mi sentido pésame y mi oración al Señor para que los heridos se restablezcan con rapidez. Señor Presidente, ilustres señoras y señores: No puedo dejar de reconocer la importancia de los esfuerzos realizados para llevar a cabo numerosos proyectos nacionales, como también por las muchas iniciativas realizadas en favor de la paz en el País y fuera del mismo, con vistas a ese ansiado desarrollo, en paz y prosperidad, que el pueblo anhela y merece. El desarrollo, la prosperidad y la paz son bienes irrenunciables por los que vale la pena cualquier sacrificio. Son también metas que requieren trabajo serio, compromiso seguro, metodología adecuada y, sobre todo, respeto incondicionado a los derechos inalienables del hombre, como la igualdad entre todos los ciudadanos, la libertad religiosa y de expresión, sin distinción alguna.[2] Objetivos que exigen prestar una atención especial al rol de la mujer, de los jóvenes, de los más pobres y de los enfermos. En realidad, el verdadero desarrollo se mide por la solicitud hacia el hombre —corazón de todo desarrollo—, a su educación, a su salud y a su dignidad; de hecho, la grandeza de cualquier nación se revela en el cuidado con que atiende a los más débiles de la sociedad: las mujeres, los niños, los ancianos, los enfermos, los discapacitados, las minorías, para que nadie, ni ningún grupo social, quede excluido o marginado. Ante un escenario mundial delicado y complejo, que hace pensar a lo que he llamado una «guerra mundial por partes», cabe afirmar que no se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal, de la violencia, así como cualquier interpretación extremista que pretenda anular al otro y eliminar las diferencias manipulando y profanando el Santo Nombre de Dios. Usted, Señor Presidente, que ha hablado de esto con claridad muchas veces y en distintas ocasiones, merece ser escuchado y valorado. Todos tenemos el deber de enseñar a las nuevas generaciones que Dios, el Creador del cielo y de la tierra, no necesita ser protegido por los hombres, sino que es él quien protege a los hombres; él no quiere nunca la muerte de sus hijos, sino que vivan y sean felices; él no puede ni pide ni justifica la violencia, sino que la rechaza y la desaprueba.[3] El verdadero Dios llama al amor sin condiciones, al perdón gratuito, a la misericordia, al respeto absoluto a cada vida, a la fraternidad entre sus hijos, creyentes y no creyentes. Tenemos el deber de afirmar juntos que la historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia; no perdona a los que hablan de igualdad y desechan a los diferentes. Tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones sobre el más allá, que predican el odio para robar a los sencillos su vida y su derecho a vivir con dignidad, transformándolos en leña para el fuego y privándolos de la capacidad de elegir con libertad y de creer con responsabilidad. Tenemos el deber de desmontar las ideas homicidas y las ideologías extremistas, afirmando la incompatibilidad entre la verdadera fe y la violencia, entre Dios y los actos de muerte. En cambio, la historia honra a los constructores de paz, que luchan con valentía y sin violencia por un mundo mejor: «Dichosos los constructores de paz porque se llamarán hijos de Dios» (Mt 5,9). Egipto, que en tiempos de José salvó a otros pueblos del hambre (cf. Gn 47,57), está llamado también hoy a salvar a esta querida región del hambre de amor y de fraternidad; está llamado a condenar y a derrotar todo tipo de violencia y de terrorismo; está llamado a sembrar la semilla de la paz en todos los corazones hambrientos de convivencia pacífica, de trabajo digno, de educación humana. Egipto, que al mismo tiempo construye la paz y combate el terrorismo, está llamado a testimoniar que «AL DIN LILLAH WA AL WATàN LILGIAMIA’/ La fe es para Dios, la Patria es para todos», como dice el lema de la Revolución del 23 de julio de 1952, demostrando que se puede creer y vivir en armonía con los demás, compartiendo con ellos los valores humanos fundamentales y respetando la libertad y la fe de todos.[4] El rol especial de Egipto es necesario para afirmar que esta región, cuna de tres grandes religiones, puede —es más— debe salir de la larga noche de tribulaciones para volver a irradiar los supremos valores de la justicia y de la fraternidad, que son el fundamento sólido y la vía obligatoria para la paz.[5] De las naciones que son grandes es justo esperar mucho. Este año se celebra el 70 aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República Árabe de Egipto, que es uno de los primeros países árabes que estableció dichas relaciones diplomáticas. Estas siempre se han caracterizado por la amistad, estima y colaboración recíproca. Deseo que esta visita ayude a consolidarlas y reforzarlas. La paz es un don de Dios pero es también trabajo del hombre. Es un bien que hay que construir y proteger, respetando el principio que afirma: la fuerza de la ley y no la ley de la fuerza.[6] Paz para este amado País. Paz para toda esta región, de manera particular para Palestina e Israel, para Siria, Libia, Yemen, Irak, Sudán del Sur; paz para todos los hombres de buena voluntad. Señor Presidente, señoras y señores: Deseo hacer llegar un afectuoso saludo y un paternal abrazo a todos los ciudadanos egipcios, que están presentes simbólicamente en este lugar. Saludo además a los hijos y a los hermanos cristianos que viven en este País: a los coptos ortodoxos, los griegos bizantinos, los armenios ortodoxos, los protestantes y los católicos. San Marcos, el evangelizador de esta tierra, os proteja y os ayude a construir y a alcanzar la unidad, tan anhelada por Nuestro Señor (cf. Jn 17,20-23). Vuestra presencia en esta Patria no es ni nueva ni casual, sino secular y unida a la historia de Egipto. Sois parte integral de este País y habéis desarrollado a lo largo de los siglos una especie de relación única, una particular simbiosis, que puede considerarse como un ejemplo para las demás naciones. Habéis demostrado, y lo seguís haciendo, que se puede vivir juntos, en el respeto recíproco y en la confrontación leal, descubriendo en la diferencia una fuente de riqueza y jamás una razón para el enfrentamiento.[7] Gracias por la cálida bienvenida. Pido a Dios Todopoderoso y Uno para que derrame Su Bendición divina sobre todos los ciudadanos egipcios. Que conceda a Egipto la paz y la prosperidad, el progreso y la justicia, y que bendiga a todos sus hijos. «Bendito mi pueblo, Egipto», dice el Señor en el libro de Isaías (19,25). Shukran wa tahìah misr! / Gracias y que viva Egipto.     [1] Juan Pablo II, Discurso en la ceremonia de bienvenida (24 febrero 2000). [2] Cf. Declaración universal de los derechos del hombre. Constitución Egipcia 2014, cap. III. [3] «El Señor [...] odia al que ama la violencia» (Sal 11,5). [4] Cf. Constitución Egipcia 2014, art. 5. [5] Cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 4. [6] Cf. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017, 1. [7] Cf. Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in ‎Medio Oriente, 24 y 25‎. (from Vatican Radio)...
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El Papa en Egipto: Desenmascarar la violencia que se disfraza de sacralidad

Dv, 28/04/2017 - 6:58pm
(RV).- Egipto tierra de civilización y tierra de alianzas. Alrededor de estas dos denominaciones el Papa Francisco desarrolló el primer discurso de su 18º  Viaje Apostólico Internacional, durante la Conferencia Internacional sobre la Paz que se lleva a cabo en Al-Azhar , la más antigua Universidad islámica. Tierra de civilización.  En primer lugar, de esta Tierra de civilización, “donde la luz del  conocimiento ha hecho germinar un patrimonio cultural inestimable, gracias a las iniciativas de los antiguos habitantes” son necesarias iniciativas para el futuro, que sean de paz y por la paz, porque “no habrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones”. Una educación que se convierte en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, señaló el Papa. Entre otras cosas el Obispo de Roma puntualizó que la sabiduría sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente , sin renunciar a una adecuada hermenéutica, y está centrada en la dignidad del hombre. De ahí la alusión al llamado común, en el ámbito del diálogo interreligioso, a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas, en un diálogo que además puede ser favorecido si se conjugan tres indicaciones fundamentales, que son el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. Así fue como en la primera parte de su articulado discurso, la educación fue el cimiento y punto de partida indicado para “dialogar con el otro reconociendo sus derechos y libertades”, y “para construir el futuro”, teniendo presente que  “la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”.  Y en esa vía, indicó la necesidad del acompañamiento a los jóvenes para que “como árboles plantados” “transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad”. Tierra de alianza. Prosiguiendo con su discurso, el Pontífice puso énfasis en la urgencia de alianzas como la de tierras egipcias, en donde “creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común”,  frente a “la peligrosa paradoja que por una parte tiende a reducir la religión a la esfera privada, y por la otra, confunde la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente”. Es por ello que el Papa afirmó– tal como lo hiciera el Papa Tawadros II en la conferencia islam-cristiana de Al-Azhar en el pasado mes de marzo, que “la religión no es un problema sino parte de la solución”, y que ella nos recuerda que es necesario “elevar el ánimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres”. En ese sentido, con la mente en los mandamientos que se promulgaron en el monte Sinaí, el Papa hizo resonar el mandato de Dios «no matarás» (Ex 20,13), recordando que todas las religiones están llamadas a poner en práctica ese imperativo: “Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad”, a “denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos”, a “poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, Él es el Dios de la paz”; “rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz”, “sin caer - aclaró- en sincretismos conciliadores”. “No sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse, - añadió-, se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción”.  En los últimos párrafos de su extenso discurso Francisco reiteró los requisitos necesarios para prevenir los conflictos y construir la paz a los que están obligados los responsables de las naciones, instituciones, de la información y de la cultura: eliminar las situaciones de pobreza, de explotación y detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando -dijo - tarde o temprano llegarán a utilizarse. “Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales”. (Griselda Mutual – Radio Vaticano) A continuación el texto y audio del discurso del Papa a los participantes en la Conferencia Internacional sobre la Paz en Egipto Al Salamò Alaikum! / La paz sea con vosotros. Es para mí un gran regalo estar aquí, en este lugar, y comenzar mi visita a Egipto encontrándome con vosotros en el ámbito de esta Conferencia Internacional para la Paz. Agradezco al Gran Imán por haberla proyectado y organizado, y por su amabilidad al invitarme. Quisiera compartir algunas reflexiones, tomándolas de la gloriosa historia de esta tierra, que a lo largo de los siglos se ha manifestado al mundo como tierra de civilización y tierra de alianzas. Tierra de civilización. Desde la antigüedad, la civilización que surgió en las orillas del Nilo ha sido sinónimo de cultura. En Egipto ha brillado la luz del conocimiento, que ha hecho germinar un patrimonio cultural de valor inestimable, hecho de sabiduría e ingenio, de adquisiciones matemáticas y astronómicas, de admirables figuras arquitectónicas y artísticas. La búsqueda del conocimiento y la importancia de la educación han sido iniciativas que los antiguos habitantes de esta tierra han llevado a cabo produciendo un gran progreso. Se trata de iniciativas necesarias también para el futuro, iniciativas de paz y por la paz, porque no habrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones. Y no habrá una adecuada educación para los jóvenes de hoy si la formación que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional. La educación se convierte de hecho en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre sí misma. La sabiduría busca al otro, superando la tentación de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudriñadora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermenéutica. Esta sabiduría favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de sí mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal sólo viene el mal y de la violencia sólo la violencia, en una espiral que termina aislando. Esta sabiduría, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una ética que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro y el temor de conocer a través de los medios con los que el Creador lo ha dotado. Precisamente en el campo del diálogo, especialmente interreligioso, estamos llamados a caminar juntos con la convicción de que el futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas. En este sentido, el trabajo del Comité mixto para el Diálogo entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y el Comité de Al-Azhar para el Diálogo representa un ejemplo concreto y alentador. El diálogo puede ser favorecido si se conjugan bien tres indicaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones. El deber de la identidad, porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro. La valentía de la alteridad, porque al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. La sinceridad de las intenciones, porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación. Educar, para abrirse con respeto y dialogar sinceramente con el otro, reconociendo sus derechos y libertades fundamentales, especialmente la religiosa, es la mejor manera de construir juntos el futuro, de ser constructores de civilización. Porque la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro. Y con el fin de contrarrestar realmente la barbarie de quien instiga al odio e incita a la violencia, es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: jóvenes que, como árboles plantados, estén enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los demás, transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad. En este desafío de civilización tan urgente y emocionante, cristianos y musulmanes, y todos los creyentes, estamos llamados a ofrecer nuestra aportación: «Vivimos bajo el sol de un único Dios misericordioso. [...] Así, en el verdadero sentido podemos llamarnos, los unos a los otros, hermanos y hermanas [...], porque sin Dios la vida del hombre sería como el cielo sin el sol».‎  Salga pues el sol de una renovada hermandad en el nombre de Dios; y de esta tierra, acariciada por el sol, despunte el alba de una civilización de la paz y del encuentro. Que san Francisco de Asís, que hace ocho siglos vino a Egipto y se encontró con el Sultán Malik al Kamil, interceda por esta intención. Tierra de alianzas. Egipto no sólo ha visto amanecer el sol de la sabiduría, sino que su tierra ha sido también iluminada por la luz multicolor de las religiones. Aquí, a lo largo de los siglos, las diferencias de religión han constituido «una forma de enriquecimiento mutuo del servicio a la única comunidad nacional».  Creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común. Alianzas de este tipo son cada vez más urgentes en la actualidad. Para hablar de ello, me gustaría utilizar como símbolo el «Monte de la Alianza» que se yergue en esta tierra. El Sinaí nos recuerda, en primer lugar, que una verdadera alianza en la tierra no puede prescindir del Cielo, que la humanidad no puede pretender encontrar la paz excluyendo a Dios de su horizonte, ni tampoco puede tratar de subir la montaña para apoderarse de Dios (cf. Ex 19,12). Se trata de un mensaje muy actual, frente a esa peligrosa paradoja que persiste en nuestros días, según la cual por un lado se tiende a reducir la religión a la esfera privada, sin reconocerla como una dimensión constitutiva del ser humano y de la sociedad y, por el otro, se confunden la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente. Existe el riesgo de que la religión acabe siendo absorbida por la gestión de los asuntos temporales y se deje seducir por el atractivo de los poderes mundanos que en realidad sólo quieren instrumentalizarla. En un mundo en el que se han globalizado muchos instrumentos técnicos útiles, pero también la indiferencia y la negligencia, y que corre a una velocidad frenética, difícil de sostener, se percibe la nostalgia de las grandes cuestiones sobre el sentido de la vida, que las religiones saben promover y que suscitan la evocación de los propios orígenes: la vocación del hombre, que no ha sido creado para consumirse en la precariedad de los asuntos terrenales sino para encaminarse hacia el Absoluto al que tiende. Por estas razones, sobre todo hoy, la religión no es un problema sino parte de la solución: contra la tentación de acomodarse en una vida sin relieve, donde todo comienza y termina en esta tierra, nos recuerda que es necesario elevar el ánimo hacia lo Alto para aprender a construir la ciudad de los hombres. En este sentido, volviendo con la mente al Monte Sinaí, quisiera referirme a los mandamientos que se promulgaron allí antes de ser escritos en la piedra.  En el corazón de las «diez palabras» resuena, dirigido a los hombres y a los pueblos de todos los tiempos, el mandato «no matarás» (Ex 20,13). Dios, que ama la vida, no deja de amar al hombre y por ello lo insta a contrastar el camino de la violencia como requisito previo fundamental de toda alianza en la tierra. Siempre, pero sobre todo ahora, todas las religiones están llamadas a poner en práctica este imperativo, ya que mientras sentimos la urgente necesidad de lo Absoluto, es indispensable excluir cualquier absolutización que justifique cualquier forma de violencia. La violencia, de hecho, es la negación de toda auténtica religiosidad. Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad, apoyándose en la absolutización de los egoísmos antes que en una verdadera apertura al Absoluto. Estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, él es el Dios de la paz, Dios salam.  Por tanto, sólo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanaría su nombre. Juntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un «no» alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religión o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica. La fe que no nace de un corazón sincero y de un amor auténtico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto más se crece en la fe en Dios, más se crece en el amor al prójimo. Sin embargo, la religión no sólo está llamada a desenmascarar el mal sino que lleva en sí misma la vocación a promover la paz, probablemente hoy más que nunca.  Sin caer en sincretismos conciliadores,  nuestra tarea es la de rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armonía con un espíritu de cooperación y amistad. Como cristianos «no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».  Más aún, reconocemos que inmersos en una lucha constante contra el mal, que amenaza al mundo para que «no sea ya ámbito de una auténtica fraternidad», «a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles».  Por el contrario, son esenciales: En realidad, no sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse: hoy se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción. Asistimos perplejos al hecho de que, mientras por un lado nos alejamos de la realidad de los pueblos, en nombre de objetivos que no tienen en cuenta a nadie, por el otro, como reacción, surgen populismos demagógicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad. Ninguna incitación a la violencia garantizará la paz, y cualquier acción unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, sólo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia. Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación, donde los extremismos arraigan fácilmente, así como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia. Para ir más a la raíz, es necesario detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegarán a utilizarse. Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave están obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información, así como también nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha —cada uno en su propio campo— procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados. Espero que, con la ayuda de Dios, esta tierra noble y querida de Egipto pueda responder aún a su vocación de civilización y de alianza, contribuyendo a promover procesos de paz para este amado pueblo y para toda la región de Oriente Medio. Al Salamò Alaikum! / La paz esté con vosotros. (from Vatican Radio)...
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El Papa Francisco llegó a El Cairo: “Un viaje de unidad y fraternidad”

Dv, 28/04/2017 - 5:57pm
(RV).- “El Papa Francisco llegó a El Cairo como peregrino de Paz”. El avión papal aterrizó en el aeropuerto de El Cairo poco después de las 2.00 de la tarde, hora local. A los periodistas que viajaban con él, en el vuelo papal, el Pontífice les dijo que este viaje, “es un viaje de unidad y fraternidad”. “La gente – subrayó el Papa – nos sigue y hay una especial expectativa por el hecho de que la invitación para este viaje fue realizada por el Presidente de la República de Egipto, por el Patriarca Copto, Papa Tawadros II, el Patriarca de los Coptos católicos y el Gran Imán de Al-Azhar”. Es un viaje que comprende menos de dos días, agregó el Papa Francisco, pero muy intensos. En el Aeropuerto Internacional de El Cairo, el Santo Padre fue recibido por las Autoridades civiles y religiosas del país. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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El Papa en Egipto: la paz como el mayor don para el hombre

Dv, 28/04/2017 - 2:38pm
(RV).- El Santo Padre Francisco emprendió el último viernes de abril 18º Viaje Apostólico internacional de su Pontificado . Casi dos días en la ciudad de El Cairo , en la República Árabe de Egipto , por invitación del Presidente de la República, de los Obispos de la Iglesia Católica, de Su Santidad el Papa Tawadros II y del Gran Imán de la Mezquita de Al Azhar, Cheikh Ahmed Mohamed el-Tayyib. Tres son los elementos principales que pueden observarse en el logotipo realizado para esta ocasión: La nación visitada, es decir Egipto , la figura de Francisco y la paz , que vuelven a encontrarse en el lema: “El Papa de la paz en el Egipto de la paz”. En este logotipo el Estado del Norte de África está representado por el Nilo , símbolo de la vida , junto a las pirámides y a la esfinge que evocan la historia de la civilización de este antiguo país . Al mismo tiempo, la Cruz y la Medialuna se observan en el centro de la imagen para representar la coexistencia entre los diversos componentes del pueblo egipcio. Naturalmente en esta composición no podía faltar la paloma , es decir, la paz que, como sabemos, es el don mayor al que tiende cada ser humano y es también el saludo de las religiones monoteístas . Cabe destacar asimismo que la paloma precede al Papa Bergoglio para anunciar su llegada como Pontífice de la paz , en un país de la paz . Tras la acogida oficial del Santo Padre en el aeropuerto internacional de El Cairo, se desarrollará la ceremonia de bienvenida en el Palacio Presidencial de Heliópolis; a lo que seguirán las dos visitas de cortesía: al Presidente de la República y al Gran Imán de Al-Azhar. Posteriormente tendrá lugar el encuentro del Pontífice con las autoridades y la visita de cortesía a Su Santidad el Papa Tawadros II. El sábado 29 de abril, el Papa Francisco celebrará la Santa Misa a la 10.00. A continuación almorzará con los Obispos egipcios y el séquito papal. A las 15.15 presidirá un encuentro de oración con el clero, los religiosos, las religiosas y los seminaristas. Y tras la ceremonia de despedida, el Pontífice emprenderá, a las 17.00, el vuelo de regreso a Roma. La llegada del Santo Padre, al aeropuerto romano de Ciampino, está prevista a las 20.30. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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El Papa ha iniciado su 18º Viaje Apostólico Internacional

Dv, 28/04/2017 - 2:37pm
(RV).- El Papa ha iniciado su viaje a Egipto como “peregrino de paz al Egipto de paz”, como él mismo afirmó en un tuit, ayer, en la vigilia de su décimo octavo viaje apostólico internacional y como dice también el logo de esta visita al país que dio refugio a la Sagrada Familia. Tampoco en esta ocasión Francisco faltó a su cita en la Basílica de Santa María la Mayor, donde se dirige antes de cada viaje para encomendar su misión a la Virgen, la Salus Populi Romani . Se trata del tercer país de mayoría musulmana que el Papa Francisco visita, después de Turquía y Azerbaiyán, y todo el país está listo para recibirlo. Un viaje bajo el signo del diálogo y de la fraternidad, en un momento muy difícil para esta tierra, herida por los atentados terroristas que han golpeado a la minoría cristiana pero cuyas consecuencias son pagadas por toda la población. El Pontífice, según el programa de viaje, llegará al Cairo a las 14.00 de hoy y volverá a Roma a las 20.30 de mañana, sábado 29 de abril. (MCM - RV) (from Vatican Radio)...
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El Papa estimula la caridad en el mundo

Dj, 27/04/2017 - 5:55pm
(RV).-  El jueves 27 de abril Francisco recibió en audiencia a los miembros de la Papal Foundation, la organización católica nacida en 1988 para apoyar proyectos caritativos en todo el mundo a nombre del Santo Padre. Francisco los estimuló a continuar en su “compromiso en promover la misión de la Iglesia sosteniendo muchas iniciativas de naturaleza religiosa y caritativa que están en el corazón del Papa”. “En el mundo actual, a menudo marcado por la violencia, por la avidez y por la indiferencia, hay gran necesidad de nuestro testimonio del mensaje de esperanza en la fuerza redentora y de reconciliación del amor de Dios, que emana del Evangelio. Estoy agradecido por su propósito de ayudar a los esfuerzos de la Iglesia en el proclamar tal mensaje de esperanza hasta los confines de la tierra y de trabajar por el progreso espiritual y material de nuestros hermanos y de nuestras hermanas en el mundo, especialmente en los países en vías de desarrollo. Cada uno de nosotros, como miembro vivo del Cuerpo de Cristo, está llamado a promover la unidad y la paz de la familia humana y de todos aquellos que la componen, según la voluntad del Padre, en Cristo. Les pido, como parte esencial de su compromiso en la obra de la Papal Foundation, rezar por las necesidades de los pobres, por la conversión de los corazones, la difusión del Evangelio y por el crecimiento de la Iglesia en la santidad y en el celo misionero”. (RC-RV)   (from Vatican Radio)...
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Jornada de Oración por Venezuela: el Papa manifestó su solidaridad al Cardenal Urosa

Dj, 27/04/2017 - 5:06pm
(RV).- Continúan las intensas protestas en Venezuela , ya son veintinueve las personas fallecidas en las manifestaciones del mes de abril. Y el Gobierno venezolano ha anunciado retirarse de la Organización de las Naciones Unidas (OEA) en rechazo a sus peticiones de mantener el orden democrático y constitucional en la nación. En este clima de perplejidad política, los obispos han pedido a los fieles orar por la paz en Venezuela y por una salida pacífica a la actual crisis. La Arquidiócesis de Caracas ha dado a conocer que en días recientes el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin en conversación telefónica con el cardenal Jorge Urosa, manifestó la cercanía del Papa Francisco con la iglesia venezolana. El Santo Padre ha manifestado su solidaridad con el cardenal Urosa quien recientemente durante la celebración de la misa del Nazareno en la Basílica de Santa Teresa en Caracas, fue objeto de una agresión “antireligiosa y antieclesiástica”. “Debo decir con alegría que recibí… una llamada telefónica por parte de Pietro Parolin ,… en la que me manifestaba la solidaridad del Santo Papa y la suya por la agresión antireligiosa y antieclesiástica que tuvo lugar en la Basílica del Nazareno , que debo decir fue insólita e intolerable. El Santo Padre sigue pendiente…”, expresó el cardenal Urosa. Según el mensaje publicado por el Obispo Mario Moronta, miembro de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana, este jueves 27 de abril son convocadas “todas las parroquias, instancias eclesiales, comunidades eclesiales de base, casas de retiros, comunidades religiosas” para que “se tenga una intensa jornada de oración por Venezuela, por la paz y la concordia y para que Dios ilumine a quienes deben tomar decisiones y lo hagan con la sabiduría que viene de lo alto”.   A continuación un mensaje en la voz de Mons. Moronta:  P. Johan Pacheco para Radio Vaticana -  @padrejohan     (from Vatican Radio)...
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Contagien la alegría de la fe, con concreción y sin estructuralismos: el Papa a la Acción Católica

Dj, 27/04/2017 - 3:16pm
La misión de la Acción Católica hoy es la formación de discípulos misioneros: con estas palabras el Papa Francisco se dirigió en la mañana de este 27 de abril a los participantes en el II Congreso internacional de la Acción Católica, centrado en el tema "Acción Católica es misión con todos y para todos". Hablando a los 300 participantes en su lengua madre, el Papa desarrolló un extenso y explicativo discurso dividiéndolo en temas: carisma de la Acción Católica a la luz de Evangelii gaudium, las pautas de acción, los sujetos o agentes, los destinatarios, el estilo que tiene que tener la Acción Católica y finalmente su proyecto. “Me voy a permitir salir del texto y decirles lo que siento”, afirmó Francisco. A través de los seis puntos contenidos en el texto preparado, el Obispo de Roma evidenció, en primer lugar, el carisma de la Acción Católica y se preguntó “cómo podemos reformular el carisma a la luz de la Evangelii Gaudium, que es el marco de toda la acción apostólica hoy en la Iglesia”. El Pontífice indicó que el carisma del Acción Católica tiene que ser “el de la misma Iglesia encarnada entrañablemente en el hoy y el aquí de cada Iglesia diocesana”, apoyada en cuatro pilares fundamentales: oración, formación, sacrificio y apostolado , de los cuales el apostolado, dadas las características de este momento, “tiene que ser lo distintivo asegurando qur "hay un dinamismo integrador en la misión". Planteando cómo renovar el compromiso evangelizador, el Santo Padre indicó que la misión es la tarea fundamental de la Acción Católica e invitó a renovar y actualizar este compromiso para la evangelización, llegando a todos y a todas las periferias existenciales de verdad, asumiendo la totalidad de la misión de la Iglesia "en generosa pertenencia a la Iglesia diocesana desde la Parroquia". Hablando de los agentes, Francisco indicó que todos los miembros de la acción católica son dinámicamente misioneros y los exhortó a dejar que el Espíritu Santo los conduzca. “Él es el maestro interior que va iluminando nuestro obrar cuando vamos libres de presupuestos o condicionamientos”, aseguró. Que la Acción Católica esté presente en el mundo político, empresarial, profesional, en las cárceles, los hospitales, las villas, las fábricas”, pidió el Papa para que no se transforme en una institución de “exclusivos que no le dice nada a nadie y tampoco a la misma Iglesia. “Todos tienen derecho a ser evangelizadores”, insistió. Y en este sentido el Pontífice afirmó que se tiene que popularizar más la Acción Católica, que "no puede estar lejos del pueblo sino en medio del pueblo". Para poder seguir este camino, agregó, "es bueno recibir un baño de pueblo”. El Papa enumeró después los pasos por los que tiene que pasar el “proyecto” de la Acción Católica: primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar, haciendo camino juntos. ¡Contagien la alegría de la fe! No caigan en la tentación del estructuralismo, exhortó Francisco. La pasión católica, la pasión de la Iglesia es vivir la dulce y confortadora alegría de evangelizar. (MCM-RV)     (from Vatican Radio)...
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Papa: los cristianos no son testigos de una idea, sino de obediencia

Dj, 27/04/2017 - 2:42pm
(RV).- Ser cristianos no es un estatus social sino llegar a ser testigos de obediencia a Dios, como hizo Jesús, y la consecuencia de esto son las persecuciones. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco dijo asimismo que hay que pedir a Dios esta gracia para que el Espíritu Santo nos haga testigos. “Es necesario obedecer a Dios en lugar de a los hombres” Es la respuesta de Pedro cuando fue llevado junto a los Apóstoles ante el sanedrín después de haber sido liberados de la cárcel por un ángel. Había sido prohibido enseñar en el nombre de Jesús – le había recordado en efecto el sumo sacerdote – pero llenaron a Jerusalén con su enseñanza. El Pontífice  comenzó su reflexión a partir de este episodio narrado en la Primera Lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles . Y para hacer comprender esto, el Obispo de Roma se refirió también a los primeros meses de la Iglesia, cuando la comunidad aumentaba y había tantos milagros. Estaba la fe del pueblo y también de los “pequeños astutos que querían hacer carrera” come Ananías y Safira . Lo mismo sucede hoy – añadió el Sucesor de Pedro –, así como el desprecio de la gente al ver llevar a los enfermos ante los Apóstoles. Entonces Pedro , que por temor había traicionado a Jesús el Jueves Santo , esta vez, valeroso, responde que “es necesario obedecer a Dios en lugar de a los hombres”. Y esta respuesta hace comprender que “el cristiano es testigo de obediencia”, como Jesús , que se aniquiló y en el huerto de los olivos dijo al Padre : “Que se haga tu voluntad, no la mía”: "El cristiano es un testigo de obediencia y si nosotros no estamos por este camino de crecimiento en el testimonio de la obediencia, no somos cristianos. Al menos caminar por este camino: testigo de obediencia. Como Jesús . No es testigo de una idea , de una filosofía , de una empresa , de un banco , de un poder : es testigo de obediencia. Como Jesús" . El Papa reafirmó que llegar a ser “testigos de obediencia” es “una gracia del Espíritu Santo ”: "Sólo el Espíritu puede hacernos testigos de obediencia. 'No, yo voy a ver a aquel maestro espiritual, yo leo este libro…'. Todo está bien, pero sólo el Espíritu puede cambiarnos el corazón y puede hacernos a todos testigos de obediencia. Es una obra del Espíritu y debemos pedirlo, es una gracia que hay que pedir: 'Padre, Señor Jesús , envíenme su Espíritu para que yo llegue a ser un testigo de obediencia', es decir un cristiano". Ser testigos de obediencia Ser testigos de obediencia tiene consecuencias, como relata la Primera Lectura: después de la respuesta de Pedro, en efecto, querían matarlo: "Las consecuencias del testigo de obediencia son las persecuciones. Cuando Jesús enumera las Bienaventuranzas termina diciendo: 'Bienaventurados ustedes cuando son perseguidos, insultados'. La cruz no se puede quitar de la vida de un cristiano . La vida de un cristiano no es un estatus social, no es un modo de vivir una espiritualidad que me hace bueno, que me hace un poco mejor. Esto no basta. La vida de un cristiano es el testimonio de obediencia y la vida de un cristiano está llena de calumnias, habladurías y persecuciones". Para ser testigos de obediencia como Jesús – concluyó el Papa Bergoglio – sirve rezar, reconocerse pecadores, con tantas “mundanidades” en el corazón y pedir a Dios “la gracia de llegar a ser testigo de obediencia” y no tener miedo cuando llegan las persecuciones, “las calumnias”, porque el Señor dijo que cuando estemos ante el Juez , será el Espíritu quien nos sugerirá qué responder”. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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El Papa en la catequesis: En su camino en el mundo el hombre nunca está solo

Dc, 26/04/2017 - 2:55pm
(RV).- Nuestro Dios no es un Dios ausente, secuestrado por un cielo lejanísimo, sino un Dios apasionado por el hombre incapaz de dejarlo solo. Un Dios que nos dijo: «yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Una promesa, es más, una certeza, de que el hombre no está solo en su peregrinación sobre la tierra.   En la catequesis del miércoles 26 de abril el Papa meditó sobre el Evangelio de Mateo para desarrollar su catequesis sobre la esperanza cristiana: “Las palabras del Evangelio de san Mateo que acabamos de escuchar nos aseguran que nuestro Dios es un Dios cercano, que camina a nuestro lado”, dijo en español. Dios Padre, “no es un Dios lejano e indiferente, sino lleno de amor y de ternura por cada hombre y mujer. A diferencia de nosotros, hábiles en arruinar vínculos y derribar puentes, Dios permanece fiel, nunca nos deja solos, sino que camina siempre a nuestro lado, aun cuando nos olvidáramos de él”. “En su camino en el mundo, el hombre nunca está solo” En la catequesis impartida en italiano, el Papa puso énfasis en la certeza de la presencia de Dios en la vida de los hombres, y lo hizo a partir de las palabras del mismo Jesús quien nos asegura no sólo que nos espera al final de nuestro largo viaje, sino que nos acompaña en cada uno de nuestros días:   “La existencia de todo ser humano es un camino, una peregrinación. La Sagrada Escritura está llena de historias de peregrinos y viajeros, como la de Abrahán que, siguiendo la voz del Señor, abandonó su tierra para ir al encuentro de Dios. En el camino de la vida nadie está solo, y para nosotros los cristianos, esta certeza es aún más fuerte, pues las palabras de Jesús: «Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo», nos aseguran que él nos cuida y nos acompaña siempre”. La fe cristiana está anclada en el cielo El pontífice también explicó que la cercanía de Dios, el amor de Dios, el caminar de Dios con nosotros se llama “Providencia de Dios”. Ésta constituye una certeza que debemos tener firmemente arraigada en nuestra mente y significa que Él proveerá a satisfacer todas nuestras necesidades y no nos abandonará en el tiempo de la oscuridad y de la prueba. Asimismo el Papa habló de la imagen de la esperanza cristiana, a menudo simbolizada por un ancla, que es sólida y segura porque no se basa en la fuerza de la voluntad humana, sino en lo que Dios ha prometido y realizada en Jesucristo: “Entre los símbolos cristianos de la esperanza está el ancla, que evidencia cómo la esperanza cristiana no sea un sentimiento indefinido que quisiera mejorar el mundo con la propia fuerza de voluntad, sino la seguridad en lo que Dios nos ha prometido y realizado en Jesús”. Antes de impartir su bendición, el pontífice deseó que en este tiempo pascual, “la contemplación de Jesús resucitado, que ha vencido a la muerte y vive para siempre, nos ayude a sentirnos acompañados por su amor y por su presencia vivificante, aún en los momentos más difíciles de nuestra vida”. (Griselda Mutual – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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