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ÁFRICA/EGIPTO - Continúan las pruebas de ADN para identificar los cadáveres de los mártires coptos de Libia

Dv, 03/11/2017 - 2:08pm
Minya – Las autoridades egipcias han dispuesto ques e realicen las pruebas de ADN sobre los restos mortales de los 21 cristianos coptos decapitados en Libia en 2015 por los yihadistas vinculados al Estado Islámico, cuyos cuerpos fueron encontrados a principios de octubre, enterrados en una zona costera de la ciudad de Sirte. Las familias de los “mártires libios” han recibido una invitación del Departamento de Medicina Legal para visitar las instalaciones sanitarias de Minya y someterse a una prueba de ADN que identificará los cuerpos de los compañeros de martirio. Los miembros de la familia de los mártires – según informan medios egipcios – han expresado su alegría por el inicio del proceso que permitirá la identificación de los cuerpos individuales antes del entierro, que debería tener lugar en el santuario de la iglesia construido en su memoria en el pueblo de Samalut. El viernes 6 de octubre, las autoridades egipcias confirmaron oficialmente la recuperación de los restos de los 21 cristianos decapitados. Los cuerpos habían sido encontrados con las manos atadas a la espalda, vestidos con los mismos trajes de color naranja que llevaban en el vídeo macabro filmado por los verdugos en el momento de su decapitación. Las cabezas de los fallecidos también fueron encontradas al lado de los cuerpos. El vídeo de la decapitación de los 21 coptos egipcios se difundió en los sitios yihadistas en febrero de 2015. Una semana después de la publicación del vídeo, en el que se veía a los cristianos coptos susurrar el nombre de Cristo mientras eran degollados, el patriarca copto ortodoxo Tawadros II decidió inscribir a las 21 víctimas de la masacre en el Synaxarium, el libro de los mártires de la Iglesia copta, estableciendo que su memoria se celebrase el 15 de febrero. ....
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Papa: la fe en Cristo nos lleva a ser hombres de esperanza y no de desesperación, de la vida y no de la muerte

Dv, 03/11/2017 - 1:03pm
En la Santa Misa, en la Basílica de San Pedro, en sufragio por los cardenales y obispos fallecidos durante el año, que sirvieron a la Iglesia y al Pueblo de Dios el Papa Francisco reiteró, en su homilía ,  la esperanza alimentada en la liturgia de la celebración de este día : «La celebración de hoy nos pone una vez más frente a la realidad de la muerte, haciendo que también se reavive en nosotros el dolor por la separación de las personas que han estado cerca de nosotros, y nos han ayudado; pero la liturgia alimenta sobre todo nuestra esperanza por ellos y por nosotros mismos». Con la primera lectura del Deuteronomio que expresa una firme esperanza en la resurrección de los justos: «Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua» (Dn 12,2), el Papa señaló que «la muerte hace definitiva la «encrucijada» que ya está ante nosotros aquí, en este mundo: la senda de la vida, es decir,  con Dios, o la senda de la muerte, es decir, lejos de Él . Esos «muchos» que resucitarán para la vida eterna son los «muchos» por los que Cristo ha derramado su sangre. Son esa muchedumbre que, gracias a la bondad misericordiosa de Dios, experimenta la realidad de la vida que no acaba, la victoria completa sobre la muerte a través de la resurrección». Haciendo resonar las palabras del Evangelio, con las que Jesús fortalece nuestra esperanza : « Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre» (Jn 6,51) el Santo Padre recordó el sacrificio de Cristo en la cruz, para salvar a los hombres que el Padre le había entregado y que estaban muertos en la esclavitud del pecado: « Jesús se hizo nuestro hermano y compartió nuestra condición hasta la muerte; con su amor rompió el yugo de la muerte y nos abrió las puertas de la vida . Con su cuerpo y su sangre nos alimenta y nos une a su amor fiel, que lleva en sí la esperanza de la victoria definitiva del bien sobre el mal, sobre el sufrimiento y sobre la muerte. En virtud de este vínculo divino de la caridad de Cristo, sabemos que la comunión con los muertos no es simplemente un deseo, una imaginación, sino que se vuelve real. La fe que profesamos en la resurrección nos lleva a ser hombres de esperanza y no de desesperación, hombres de la vida y no de la muerte, porque nos consuela la promesa de la vida eterna enraizada en la unión con Cristo resucitado ». Esta esperanza, que la Palabra de Dios reaviva en nosotros, nos ayuda a tener una actitud de confianza frente a la muerte, destacó asimismo el Papa: «En efecto, Jesús nos ha mostrado que ésta no es la última palabra, sino que el amor misericordioso del Padre nos transfigura y nos hace vivir en comunión eterna con Él». «Una característica fundamental del cristiano es el sentido de la espera palpitante del encuentro final con Dios», destacó el Papa con el Salmo responsorial : «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (42,3). « Son palabras poéticas que expresan de manera conmovedora nuestra espera vigilante y sedienta del amor, de la belleza, de la felicidad y de la sabiduría de Dios . Estas palabras del Salmo se habían quedado grabadas en el alma de nuestros hermanos cardenales y obispos que hoy recordamos: nos han dejado después de haber servido a la Iglesia y al pueblo que se les confió con la mirada puesta en la eternidad . Por tanto, damos gracias por su servicio generoso al Evangelio y a la Iglesia, al mismo tiempo que nos parece oírles repetir con el Apóstol: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5). Sí, no defrauda. Dios es fiel y nuestra esperanza en Él no es inútil. Invoquemos para ellos la intercesión materna de María Santísima, para que participen en el banquete eterno, que con fe y amor gustaron ya durante su peregrinación terrena». (from Vatican Radio)...
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El Papa: "Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza… Perdónanos Señor”

Dj, 02/11/2017 - 8:03pm
Tal como estaba previsto, tras celebrar la Santa Misa por los caídos en las guerras en el Cementerio de Nettuno, el Santo Padre visitó, en este jueves 2 de noviembre, Conmemoración de los fieles difuntos, las Fosas Ardeatinas, el monumento a la barbarie acaecida el 23 de marzo de 1944, cuando Hitler mandó ejecutar, a raíz de un ataque del grupo partisano GAP, a 10 italianos por cada alemán muerto, perpetrando así la masacre de 335 civiles. Después de la acogida de los militares que se ocupan de honrar la memoria de los caídos, y de la Directora del Mausoleo, junto al Rabino Jefe de Roma Riccardo de Segni, la presidenta de la Comunidad Judía Ruth Dureghello, los miembros de la Asociación nacional de las familias italianas de los mártires caídos por la libertad de la Patria, el Papa saludó a la multitud presente y a los parientes de las víctimas de la masacre de 1944. El Santo Padre ingresó solo al Mausoleo, y tras atravesar las tumbas de las víctimas en silencio orante, depositó, tal como había realizado antes ante las blancas cruces del Cementerio de Nettuno, un homenaje floral.  Luego de la oración del Rabino del Rabino Jefe de Roma, el Santo Padre Francisco elevó su oración al cielo:  “Dios de Abraham, de Isaac, Dios de Jacob, con este nombre te has presentado a Moisés cuando le revelaste la voluntad de liberar a Tu pueblo de la esclavitud en Egipto. Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, Dios que estrecha alianza con el hombre. Dios que se une con un pacto de amor fiel para siempre, misericordioso y compasivo con cada hombre y cada pueblo que sufre la opresión. « Yo he visto la opresión de mi pueblo, y he oído los gritos de dolor». Dios de los rostros y de los nombres, Dios de cada uno de los 335 hombres que murieron aquí, el 24 de marzo de 1944, cuyos restos descansan en estas tumbas. Tú, Señor, conoces sus rostros y sus nombres: todos, incluso el de los doce que quedaron desconocidos para nosotros. Para Ti, nadie es desconocido. Dios de Jesús, Padre nuestro que estás en los cielos: gracias a Él, el Crucificado resucitado, sabemos que Tu nombre - Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob - significa que no eres el Dios de muertos, sino de los vivos, que tu fiel alianza de amor es más fuerte que la muerte y es garantía de resurrección. Haz, oh Señor, que en este lugar consagrado a la memoria de aquellos que murieron por la libertad y la justicia, nos quitemos las sandalias del egoísmo y la indiferencia, y por medio de la zarza ardiente de este mausoleo escuchemos en silencio Tu nombre: Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, Dios de Jesús, Dios de los vivos. Amén. Antes de dejar el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas, el Sucesor de Pedro firmó el Libro de Honor escribiendo las siguientes palabras: “Estos son los frutos de la guerra: odio, muerte, venganza… Perdónanos Señor”.  (De Griselda Mutual) (from Vatican Radio)...
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Homilía del Papa en la Conmemoración de los fieles difuntos «Por favor, nunca más la guerra»

Dj, 02/11/2017 - 5:23pm
En el jueves 2 de noviembre, en la Conmemoración de los fieles difuntos, el Santo Padre celebró la Santa Misa, por primera vez, en el cementerio americano de Nettuno,  construido en el año 1944 en memoria de los caídos estadounidenses de todas las operaciones militares que se llevaron a cabo con el fin de liberar a Italia. Son 7861 los caídos, hombres y mujeres, que tienen su eterno descanso en este cementerio o que son allí conmemorados. A su llegada el Obispo de Roma se detuvo en medio de las lápidas blancas, entre las cuales una de un desconocido, un ítalo americano y un judío, y fue acogido por el Obispo de Albano, S.E. Mons. Marcello Semeraro, la Directora del Cementerio, y los alcaldes de Nettuno y de Anzio. A la celebración de la Santa Misa seguirá la visita del Romano Pontífice a las Fosas Ardeatinas, un monumento a la barbarie acaecida el 23 de marzo de 1944, cuando Hitler mandó ejecutar como represalia a 10 italianos por cada alemán muerto, a raíz de un ataque del grupo partisano GAP, perpetrándose así la masacre de 335 civiles. Allí presentes también los miembros de la Asociación nacional de las familias italianas de los mártires caídos por la libertad de la Patria. Tras el Evangelio, el Papa pronunció una homilía improvisada que transcribimos a continuación:  Todos nosotros estamos hoy reunidos en la esperanza. Cada uno de nosotros, en el propio corazón, puede repetir las palabras de Job que oímos en la primera lectura: « yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo». La esperanza de reencontrar a Dios, de reencontrarnos todos nosotros como hermanos, esa esperanza no desilusiona. Pablo fue fuerte en esa expresión de la segunda lectura « la esperanza no quedará defraudada». Pero la esperanza muchas veces nace y hecha sus raíces en tantas llagas humanas, en tantos dolores humanos, y en ese momento de dolor, de herida, de sufrimiento, nos hace mirar al cielo y decir: yo creo que mi Redentor está vivo. Pero deténte Señor. Y esa es la oración que tal vez sale de todos nosotros cuando miramos este cementerio: “estoy seguro Señor que estoy contigo. Estoy seguro”: nosotros decimos esto. “Pero por favor, Señor, detente. No más, nunca más la guerra. Nunca más esta «inútil matanza»”, como dijo Benedicto XV. Mejor esperar sin esta destrucción: jóvenes, miles, miles, miles, y miles... esperanzas rotas, ¡no más Señor! Y esto debemos decirlo hoy, que rezamos por todos los difuntos, pero en este lugar rezamos en modo especial por estos chicos. Hoy, en que el mundo está de nuevo en guerra y se prepara para ir más fuertemente en guerra. No más Señor, no más. Con la guerra se pierde todo. Me viene a la mente aquella anciana que, mirando las ruinas de Hiroshima con resignación sapiencial, pero con mucho dolor, con esa resignación lamentosa que saben vivir las mujeres, porque es su carisma, decía: “los hombres hacen de todo por declarar y hacer la guerra, y al final, se destruyen a sí mismos”. Ésta es la guerra: la destrucción de nosotros mismos. Seguramente aquella mujer, esa anciana había perdido hijos, y nietos. Sólo tenía la herida en el corazón y las lágrimas. Y si hoy es un día de esperanza, hoy también es un día de lágrimas. Lágrimas como las que sentían y lloraban las mujeres cuando llegaba el correo: “usted señora tiene el honor de que su marido haya sido un héroe de la Patria”; “que sus hijos, sean héroes de la Patria”. Son lágrimas que hoy la humanidad no debe olvidar. Este orgullo de esta humanidad que no ha aprendido la lección y parece que no quiere aprenderla. Cuando muchas veces en la historia los hombres piensan con hacer una guerra, están convencidos de traer un mundo nuevo, de hacer una "primavera". Y termina en un invierno, feo, cruel, con el reino del terror y de la muerte. Hoy rezamos por todos los difuntos, por todos. Pero en modo especial por estos jóvenes, en un momento en el que muchos mueren en las batallas de cada día, en esta guerra a pedazos. Rezamos también por los muertos de hoy, los muertos de guerra, también niños inocentes. Éste es el fruto de la guerra: la muerte. Y que el Señor nos de la gracia de llorar. Una vez de regreso en el Vaticano el Santo Padre Francisco se dirigirá a las Grutas de la Basílica Vaticana para un momento de oración en privado, como es tradicional en esta fecha, en sufragio de sus predecesores y de todos los difuntos. (Griselda Mutual - Radio Vaticano)   (from Vatican Radio)...
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El Tweet del Papa: “Ante el misterio de la muerte, custodiemos en el corazón la llama de la fe”

Dj, 02/11/2017 - 1:10pm
“Todos somos pequeños ante el misterio de la muerte. Pero ¡qué gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe!”, es el tweet del Papa Francisco para este 2 de noviembre, publicado en su cuenta oficial de Twitter, @Pontifex. En la Conmemoración de Todos los fieles difuntos, resuenan las palabras que pronunció el Santo Padre en su Catequesis de la Audiencia General, del pasado 18 de octubre, donde comparaba la esperanza cristiana con la realidad de la muerte. “Una realidad que nuestra civilización moderna tiende cada vez más a cancelar. Así, cuando la muerte llega, para quien está cerca o para nosotros mismos, nos encontramos no preparados, sin un «alfabeto» apto para esbozar palabras de sentido entorno a su misterio, que aun así permanece”. La muerte es una realidad ineludible En esa Catequesis, el Obispo de Roma recordaba que, la muerte es una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo absoluto. “Así la muerte desnuda nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con pesar que no hemos amado suficiente y de que no hemos buscado lo que era esencial. Y, al contrario, vemos lo bueno que realmente hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos tienen de la mano”. Jesús ha iluminado el misterio de la muerte Este misterio de la muerte, afirmaba el Papa, ha sido experimentado e iluminado por Jesús. Él se turbó «profundamente» delante de la tumba del amigo Lázaro, y «se echó a llorar». En esta actitud suya, precisaba, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano. Él lloró por su amigo Lázaro. “Y entonces Jesús reza al Padre, fuente de la vida, y ordena a Lázaro salir del sepulcro. Y así sucede. La esperanza cristiana se basa en esta actitud que Jesús asume contra la muerte humana: está presente en la creación, pero es sin embargo, una cicatriz que desfigura el diseño de amor de Dios, y el Salvador quiere sanarnos”. Muchas veces, ante este misterio tenemos la tentación de reaccionar con rabia y desesperación, señalaba el Pontífice, pero Jesús nos invita a cuidar de esa pequeña llama que está encendida en nuestro corazón: la fe y nos dice: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás». “Es lo que Jesús repite a cada uno de nosotros, cada vez que la muerte viene a romper el tejido de la vida y de los afectos. Toda nuestra existencia se juega aquí, entre el lado de la fe y el precipicio del miedo. Dice Jesús: «Yo no soy la muerte, yo soy la resurrección y la vida, ¿Tú crees esto? ¿Tú crees esto?»”. Custodiemos en el corazón la llama de la fe Es por ello, que el Papa Francisco hoy, en la Fiesta de Todos los fieles difuntos nos recuerda que, “somos todos pequeños e indefensos delante del misterio de la muerte. Pero, ¡qué gracia si en ese momento custodiamos en el corazón la llama de la fe!”. “Jesús nos tomará de la mano, como tomó a la hija de Jairo, y repetirá una vez más: «Talitá kum», «muchacha, levántate». Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: «¡Levántate, resucita!»… Allí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá donde cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su mansedumbre, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: «¡Levántate, ven. Levántate, ven. Levántate, resucita!». Esta es nuestra esperanza ante de la muerte, alentaba el Papa Francisco. “Para quien cree, es una puerta que se abre de par en par; para quien duda es un rayo de luz que se filtra por una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará”. (Renato Martinez) (from Vatican Radio)...
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Oremos por las víctimas del terrorismo, de las guerras y de toda violencia, pidió el Papa

Dc, 01/11/2017 - 2:34pm
En la cita del Ángelus de Todos los Santos, después del rezo a la Madre de Dios, el Papa Francisco  expresó su repulsa ante el terrorismo que volvió a sembrar dolor en varias partes del mundo: «Estoy profundamente entristecido por los ataques terroristas de estos últimos días en Somalia, Afganistán y ayer en Nueva York . Mientras deploro tales actos de violencia, ruego por los difuntos, por los heridos y sus familiares. Pidamos al Señor que convierta los corazones de los terroristas y libere al mundo del odio y de la locura homicida que abusa del nombre de Dios para sembrar muerte ». El Papa culminó sus saludos refiriéndose a la Santa Misa del 2 de noviembre, por los caídos de todas las guerras, presidida por él en el día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, en el Cementerio Americano de Neptuno, cerca de Roma, y al Momento de oración en el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas por las víctimas de la masacre del 24 de marzo de 1944, en la capital italiana. Y pidió que se le acompañe con la oración: «Mañana por la tarde iré al Cementerio Americano de Neptuno y luego a las Fosas Ardeatinas: les pido que me acompañen con la oración en estas dos etapas de memoria y de sufragio por las víctimas de la guerra y de la violencia. Las guerras no producen nada más que cementerios y muerte: es por ello que he querido dar este signo en un momento en el que nuestra humanidad parece que no ha aprendido la lección o no la quiere aprender» Saludando a los numerosos peregrinos de Italia y de varios países, el Santo Padre se dirigió a los provenientes de Courbevoi, Francia y de Derry, Irlanda, así como a los fieles de Terrasini, a los jóvenes confirmados de Módena, a la Asociación ‘Comprometerse sirve’. También animó a los numerosísimos participantes en la X edición de la Carrera de los Santos, iniciativa salesiana de beneficencia, para sostener proyectos misioneros: «Dirijo un saludo especial a los participantes en la Carrera de los Santos, promovida por la Fundación ‘Don Bosco en el mundo’ para ofrecer una dimensión de fiesta popular a la celebración religiosa de Todos los Santos. Gracias por vuestra bella iniciativa y por vuestra presencia» A todos, deseó buena fiesta con la compañía espiritual de los Santos (CdM) (from Vatican Radio)...
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Papa: Los santos son como los vitrales que dejan entrar la luz de Dios

Dc, 01/11/2017 - 2:13pm
(RV).- En la Solemnidad de todos los Santos el Papa Francisco rezó el Ángelus con los fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, deseosos de escuchar su comentario al Evangelio y recibir su bendición apostólica. El Santo Padre recordó que se trata de “nuestra fiesta”, porque la santidad de Dios ha tocado nuestra vida. A la vez que afirmó que “los santos no son modelitos perfectos, sino personas atravesadas por Dios”. Y agregó que podemos compararlos con los vitrales de las iglesias que dejan entrar la luz con sus diversas tonalidades. De modo que los santos “son nuestros hermanos y hermanas que han acogido la luz de Dios en su corazón y la han transmitido al mundo, cada uno según su propia “tonalidad”. Pero todos – añadió el Obispo de Roma – han sido transparentes, han luchado para quitar las manchas y las oscuridades del pecado, de modo que la luz gentil de Dios pueda pasar. Lo que representa, también para nosotros, la finalidad de nuestra vida. En cuanto al pasaje evangélico propuesto por la liturgia del día, el Papa Bergoglio recordó que en esta ocasión Jesús se dirige a los suyos, y a todos nosotros, diciendo “bienaventurados”, tal como se lee en el Evangelio de San Mateo. Se trata – explicó – de la parábola con la que el Señor comienza su predicación, que es “evangelio”, es decir, buena noticia, porque es el camino de la felicidad. De la felicidad Francisco dijo que quien está con Jesús es “bienaventurado”, es feliz. Porque la felicidad no está en el hecho de tener algo o de llegar a ser alguien, sino que la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. De ahí que los ingredientes para una vida feliz se llaman “bienaventuranzas”. Mientras son bienaventurados los sencillos, los humildes, que dan lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por sus propias equivocaciones, permaneciendo mansos y luchando por la justicia. Ellos son misericordiosos con todos – dijo el Papa – custodian la pureza del corazón, trabajan siempre por la paz y permanecen en la alegría. No odian y cuando sufren responden al mal con el bien. De las bienaventuranzas el Santo Padre destacó que no requieren gestos asombrosos, puesto que no son para superhombres, sino para quien vive las pruebas y las fatigas de cada día. Y así son los santos  – agregó – “respiran como todos el aire contaminado por el mal que  hay en el mundo, pero en el camino jamás pierden de vista el trazado por Jesús, indicado en las bienaventuranzas, que son como el mapa de la vida cristiana. Por esta razón afirmó que “hoy es la fiesta de aquellos que han alcanzado la meta de este mapa: no sólo los santos del calendario, sino tantos hermanos y hermanas de la ‘puerta de al lado’, que tal vez hayamos encontrado y conocido”. Es también “una fiesta de familia, de tantas personas sencillas y escondidas que, en realidad, ayudan a Dios a llevar adelante el mundo”. ¡Y hoy hay tantas!, exclamó Francisco . Al concluir, el Santo Padre pidió a la Madre de Dios, Reina de los Santos y Puerta del Cielo, que interceda en nuestro camino de santidad y por quienes ya nos han precedido partiendo hacia la Patria celestial. (María Fernanda Bernasconi - RV). Texto y audio completo de las palabras del Papa Francisco en el Ángelus Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buena fiesta! La Solemnidad de Todos los Santos es “nuestra” fiesta: no porque nosotros somos buenos, sino porque la santidad de Dios ha tocado nuestra vida. Los santos no son figuritas perfectas, sino personas atravesadas por Dios. Podemos compararlas con los vitrales de las iglesias, que hacen entrar la luz en diversas tonalidades de color. Los santos son nuestros hermanos y hermanas que han recibido la luz de Dios en su corazón y la han transmitida al mundo, cada uno según su propia “tonalidad”. Pero todos han sido transparentes, han luchado por quitar las manchas y las oscuridades del pecado, de tal modo de hacer pasar la luz afectuosa de Dios. Este es el objetivo de la vida: hacer pasar la luz de Dios; y también el objetivo de nuestra vida. De hecho, hoy en el Evangelio Jesús se dirige a los suyos, a todos nosotros, diciéndonos “Felices” (Mt 5,3). Es la palabra con la cual inicia su predicación, que es “evangelio”, buena noticia porque es el camino de la felicidad. Quien esta con Jesús es bienaventurado, es feliz. La felicidad no está en el tener algo o en el convertirse en alguien, no, la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. ¿Ustedes creen esto? ¿Más o menos, no? La felicidad verdadera no está en el tener algo o en convertirse en alguien; la felicidad verdadera es estar con el Señor y vivir por amor. ¿Creen en esto? ¡Va un poco mejor! Debemos ir adelante, para creer en esto. Entonces, los ingredientes para una vida feliz se llaman bienaventuranzas: son bienaventurados los sencillos, los humildes que hacen lugar a Dios, que saben llorar por los demás y por los propios errores, permanecen humildes, lejos de la justicia, son misericordiosos con todos, custodian la pureza del corazón, trabajan siempre por la paz y permanecen en la alegría, no odian e, incluso cuando sufren, responden al mal con el bien. Estas son las bienaventuranzas. No exigen gestos clamorosos, no son para súper hombres, sino para quien vive las pruebas y las fatigas de cada día. Para nosotros. Así son los santos: respiran como todos el aire contaminado del mal que existe en el mundo, pero en el camino no pierden jamás de vista el recorrido de Jesús, aquel indicado en las bienaventuranzas, que son como un mapa de la vida cristiana. Las bienaventuranzas son el mapa de la vida cristiana. Hoy es la fiesta de aquellos que han alcanzado la meta indicada en este mapa: no sólo los santos del calendario, sino tantos hermanos y hermanas “de la puerta de al lado”, que tal vez hemos encontrado y conocido. Hoy es una fiesta de familia, de tantas personas sencillas, escondidas que en realidad ayudan a Dios a llevar adelante el mundo. ¡Y existen tantos hoy! Son tantos. Gracias a estos hermanos y hermanas desconocidos que ayudan a Dios a llevar adelante el mundo, que viven entre nosotros, saludémoslos con un fuerte aplauso: ¡todos! Sobre todo – dice la primera bienaventuranza – son «los pobres de espíritu» (Mt 5,3). ¿Qué cosa significa? Que no viven para el éxito, el poder y el dinero; saben que quien acumula tesoros para sí no se enriquece ante Dios (Cfr. Lc 12,21). Creen en cambio que el Señor es el tesoro de la vida, y el amor al prójimo la única verdadera fuente de ganancia. A veces estamos descontentos por algo que nos falta o preocupados si no somos considerados como quisiéramos; recordémonos que no está aquí nuestra felicidad, sino en el Señor y en el amor: sólo con Él, sólo amando se vive como bienaventurado. Quisiera finalmente citar otra bienaventuranza, que no se encuentra en el Evangelio, sino al final de la Biblia y habla del conclusión de la vida: «Felices los que mueren en el Señor» (Ap 14,13). Mañana seremos llamados a acompañar con la oración con la oración a nuestros difuntos, para que gocen por siempre del Señor. Recordemos con gratitud a nuestros seres queridos y oremos por ellos. La Madre de Dios, Reina de los Santos y Puerta del Cielo, interceda por nuestro camino de santidad y por nuestros seres queridos que nos han precedido y han ya partido para la Patria celestial. (Traducción del italiano, Renato Martinez) (from Vatican Radio)...
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Papa: Para hacer crecer el Reino de Dios se necesita valor

Dm, 31/10/2017 - 3:33pm
(RV).- Para hacer crecer el Reino de Dios es necesario tener el coraje de echar el granito de mostaza y mezclar la levadura. Mientras, en cambio, tantas veces se prefiere una “pastoral de conservación”. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el último martes de octubre. Inspirándose en el episodio evangélico de San Lucas, en el que Jesús compara el Reino de Dios con el granito de mostaza y la levadura, el Obispo de Roma afirmó que ambos elementos son pequeños, y sin embargo, “tienen dentro un poder” que los hace crecer. Así sucede con el Reino de Dios: su poder viene desde dentro. También San Pablo, en su Carta a los Romanos – propuesta por la Primera Lectura – pone de manifiesto las tensiones existentes en la vida: sufrimiento que – como dijo el Papa – “no son comparables a la gloria que nos espera”. De manera que se trata “de una tensión entre sufrimiento y gloria”. Y en estas tensiones – añadió – hay “una expectativa ardiente” hacia una “revelación grandiosa del Reino de Dios”. Una expectativa que no es sólo nuestra, sino también de la creación, sometida a la caducidad “como nosotros” y “tendente hacia la revelación de los hijos de Dios”. A la vez que la fuerza interna que “nos conduce con esperanza hacia la plenitud del Reino de Dios”, es la del Espíritu Santo. “Es precisamente la esperanza la que nos lleva a la plenitud. La esperanza de salir de esta cárcel, de esta limitación, de esta esclavitud, de esta corrupción, y llegar a la gloria: un camino de esperanza. Y la esperanza es un don del Espíritu. Es precisamente el Espíritu Santo que está dentro de nosotros y conduce a esto: a una cosa grandiosa, a una liberación, a una gran gloria. Por esta razón Jesús dice: ‘Dentro de la semilla de mostaza, de aquel grano pequeñísimo, hay una fuerza que desencadena un crecimiento inimaginable’”. “Dentro de nosotros y en la creación – reafirmó Francisco – hay una fuerza que se desencadena: está el Espíritu Santo”, que “nos da la esperanza”. Además, el Santo Padre  explicó concretamente lo que significa vivir en la esperanza : “Dejar que estas fuerzas del Espíritu nos ayuden a crecer” hacia la plenitud que nos espera en la gloria. Pero así como la levadura hay que mezclarla, de la misma manera hay que echar el granito de mostaza puesto que de lo contrario esa fuerza interior permanece allí. Y lo mismo sucede con el Reino de Dios que “crece desde dentro y no por proselitismo”: “Crece desde dentro, con la fuerza del Espíritu Santo. Y la Iglesia siempre ha tenido tanto el coraje de tomar y echar, de tomar y mezclar, a la vez que, asimismo, ha tenido miedo de hacerlo. Y tantas veces nosotros vemos que se prefiere una pastoral de conservación en lugar de dejar que el Reino crezca. Permanecemos los que somos, pequeñitos, allí, estamos seguros… Y el Reino no crece. Para que el Reino crezca se necesita el coraje de echar el granito y de mezclar la levadura”. Sin embargo, el Papa Francisco evidenció que es verdad que si se echa la semilla, se la pierde, y que si se mezcla la levadura, “me ensucio las manos”, porque “siempre  hay alguna pérdida al sembrar el Reino de Dios”: “Ay de aquellos que predican el Reino de Dios con la ilusión de no ensuciarse las manos. Estos son  custodios de museos: prefieren las cosas bellas y no este gesto de tirar para que la fuerza se desencadene, de mezclar para que la fuerza haga crecer. Éste es el mensaje de Jesús y de Pablo: esta tensión que va de la esclavitud del pecado, para ser simple, a la plenitud de la gloria. Y la esperanza es la que va adelante, la esperanza non decepciona: porque la esperanza es demasiado pequeña, la esperanza es tan pequeña como el grano y como la levadura”. La esperanza “es la virtud más humilde”, “la sierva”, pero donde está la esperanza, está el Espíritu Santo, que lleva adelante el Reino de Dios. Y el Papa – como suele hacer – concluyó invitando a los fieles a hacerse algunas preguntas: a interrogarnos, hoy, si creemos que allí, en la esperanza, está el Espíritu Santo con quien hablar. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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El Tweet del Papa Francisco: “educar a la esperanza”

Dll, 30/10/2017 - 3:15pm
“Aprende de la maravilla, cultiva el asombro. Vive, ama, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca”, es el tweet del Papa Francisco para este 30 de octubre, publicado en su cuenta oficial, de Twitter, @Pontifex, con el cual recuerda la importancia de “Educar a la esperanza”. Tal y como lo mencionó en su Catequesis de la Audiencia General del miércoles, 20 de septiembre, desarrollando el tema de “Educar a la esperanza”, el Obispo de Roma explicó que, este mundo es el primer milagro que Dios hizo y Dios ha puesto en nuestras manos la gracia de nuevos prodigios. “La fe y la esperanza avanzan juntas. Cree en la existencia de las verdades más altas y más hermosas. Confía en Dios creador, en el Espíritu Santo que mueve todo hacia el bien, en el abrazo de Cristo que espera a cada hombre al final de su existencia; cree, Él te espera. El mundo camina gracias a la mirada de muchos hombres que han abierto brechas, que han construido puentes, que han soñado y creído; incluso cuando a su alrededor escuchaban palabras de burla”. El Papa Francisco en esa catequesis, alentaba a seguir en la lucha diaria, a no pensar nunca que la lucha aquí abajo es del todo inútil. Y que al final de la existencia no nos espera el naufragio, porque Dios no defrauda, y si ha puesto una esperanza en nuestros corazones, no quiere destruirla con frustraciones continuas. “Donde quiera que estés, ¡construye! Si estás en el suelo, ¡levántate! Nunca te quedes caído, levántate, deja que te ayuden a levantarte. Si estás sentado, ¡ponte en camino! Si el aburrimiento te paraliza, ¡ahuyéntalo con buenas obras! Si te sientes vacío o desmoralizado, pide que el Espíritu Santo llene de nuevo tu nada. Obra la paz en medio de los hombres, y no escuches la voz de quien esparce odio y divisiones. No escuches esas voces. Los seres humanos, por muy diferentes que sean unos de otros, han sido creados para vivir juntos. Ante los contrastes, paciencia: un día descubrirás que cada uno es depositario de un trozo de verdad”. También, el Santo Padre invitaba a Amar a las personas, a respetar el camino de todos, sea lineal o dificultoso, porque cada uno tiene su propia historia que contar, porque Jesús nos entregó una luz que brilla en las tinieblas: defiéndela, protégela. Esa luz única, alentaba el Papa, es la riqueza más grande confiada a tu vida. “Y sobre todo, ¡sueña! No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que ciertamente vendrá. La esperanza nos lleva a creer en la existencia de una creación que se extiende hasta su cumplimiento definitivo, cuando Dios será todo en todos. Los hombres capaces de imaginar han regalado a la humanidad descubrimientos científicos y tecnológicos. Han surcado los océanos, y pisado tierras que nadie había pisado nunca. Los hombres que han cultivado esperanzas son también los que han vencido la esclavitud, y han traído mejores condiciones de vida a esta tierra. Piensa en esos hombres”. Finalmente, el Sucesor de Pedro exhortaba a ser responsables de este mundo y de la vida de cada hombre. Invitaba a pensar que toda injusticia contra un pobre es una herida abierta, que disminuye tu propia dignidad. Invitaba a tener siempre el valor de la verdad, sabiendo que no somos superior a nadie. “Si te hiere la amargura, cree firmemente en todas las personas que todavía trabajan para el bien: en su humildad está la semilla de un mundo nuevo. Relaciónate con las personas que han mantenido su corazón como el de un niño. Aprende de la maravilla, cultiva el asombro. Vive, ama, sueña, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca”. (Renato Martinez) (from Vatican Radio)...
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Homilía del Papa: El buen pastor toca la carne herida

Dll, 30/10/2017 - 3:15pm
(RV).- Un buen pastor se acerca a los descartados, es capaz de conmoverse y no se avergüenza de tocar la carne herida. En cambio, quien sigue el camino del clericalismo, se acerca siempre o al poder de turno o al dinero. Lo reafirmó con fuerza el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el último lunes de octubre, en que comentó el episodio evangélico de la curación de la mujer que narra el Evangelio de San Lucas propuesto por la liturgia del día. El Papa explicó que en la sinagoga, un sábado, Jesús se encontró con una mujer que no lograba estar derecha. “Una enfermedad de la columna – dijo – que desde hacía años la tenía así”. A la vez que recordó que el evangelista usa cinco verbos para describir lo que hace Jesús: “La vio, la llamó, le dijo, “impuso las manos sobre ella y la curó”. Cinco verbos de cercanía – subrayó Francisco – porque “un buen pastor está siempre cerca”. En la parábola del buen pastor está cerca de aquella oveja perdida, deja a las demás y va a buscarla. No puede estar lejos de su pueblo. En cambio los clérigos, los Doctores de la Ley, los fariseos, los saduceos, los ilustres, vivían separados del pueblo, reprochándole continuamente. Estos no eran buenos pastores – aclaró el Santo Padre –  estaban cerrados en su propio grupo y no se interesaban por el pueblo. “Quizás les importaba a ellos, cuando terminaba el servicio religioso, para ir a ver cuánto dinero había en las ofertas”. Pero no estaban cerca de la gente. En cambio Jesús está cerca, y su cercanía viene de lo que Jesús siente en su corazón: “Jesús se conmovió”, tal como se lee en otro pasaje del Evangelio. “Por esto Jesús siempre estaba allí con la gente descartada por aquel grupito clerical: había pobres, enfermos, pecadores, leprosos, y estaban todos allí, porque Jesús tenía esta capacidad de conmoverse ante la enfermedad, era un buen pastor. Un buen pastor se acerca y tiene capacidad de conmoverse. Y yo diría, que el tercer rasgo de un buen pastor es no avergonzarse de la carne, tocar la carne herida, como hizo Jesús con esta mujer: ‘tocó’, ‘impuso las manos’, tocó a los leprosos, tocó a los pecadores”. Un buen pastor – prosiguió el Papa – no dice: “Sí, está bien…  Sí, sí, yo estoy cerca de ti en el Espíritu”. Esta es distancia. Sino que hace “lo que ha hecho Dios Padre: acercarse, por compasión, por misericordia, en la carne de su Hijo”. El gran pastor, el Padre, nos ha enseñado cómo se hace el buen pastor: se abajó, se vació, se vació a sí mismo, se anonadó, tomó condición de siervo. “Pero, ¿y estos otros – los que siguen el camino del clericalismo – a quién se acercan?”. Se acercan siempre o al poder de turno o al dinero. Y son los malos pastores. Ellos sólo piensan en cómo escalar en el poder, ser amigos del poder y negocian todo o piensan en los bolsillos. Estos son los hipócritas, capaces de todo. A esta gente no le importa el pueblo. Y cuando Jesús les da aquel bonito adjetivo que utiliza tantas veces con éstos – “hipócritas” – ellos se ofenden: “Pero no, no, nosotros seguimos la Ley”. Cuando el pueblo de Dios ve que los malos pastores son aporreados está contento – recordó Francisco – y esto es un pecado, sí, han sufrido tanto que un poco “gozan” de esto. Pero el buen pastor –  añadió – es Jesús que ve, llama, habla, toca y cura. Es el Padre quien se hace carne en su Hijo, por compasión. “Es una gracia para el pueblo de Dios tener buenos pastores, pastores como Jesús, que no se avergüenzan de tocar la carne herida , que saben que sobre esto – no sólo ellos, también todos nosotros – seremos juzgados: estuve hambriento, estuve en la cárcel, estuve enfermo… Los criterios del protocolo final son los criterios de la cercanía, los criterios de esta cercanía total, para tocar, compartir la situación del pueblo de Dios. No olvidemos esto: el buen pastor está siempre cerca de la gente, siempre, como Dios nuestro Padre se hizo cercano a nosotros en Jesucristo hecho carne”. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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Determinación del Papa Francisco para un mundo sin armas nucleares

Dll, 30/10/2017 - 2:28pm
Declaración del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke: «El Santo Padre trabaja con determinación para promover las condiciones necesarias para un mundo sin armas nucleares, como él mismo reiteró el pasado mes de marzo, en un mensaje dirigido a la ONU , reunida con tal objetivo. Precisamente por ello, tendrá lugar un importante Encuentro, la próxima semana - «Perspectives for a World Free from Nuclear Weapons and for Integral Development» - «Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarrollo integral» -  organizado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Pero es falso hablar de una mediación de parte de la Santa Sede». (CdM) (from Vatican Radio)...
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El Papa a la COMECE: “Los cristianos están llamados a dar nuevamente alma a Europa”

Ds, 28/10/2017 - 9:01pm
(RV).- “En este tiempo, los cristianos están llamados a dar nuevamente alma a Europa, a despertar la conciencia, no para ocupar los espacios, sino para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad”, lo dijo el Papa Francisco la tarde del último sábado de octubre, en la Conferencia sobre el futuro del proyecto europeo, (Re) Thinking Europe. Una contribución cristiana al futuro del proyecto europeo organizado por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), en colaboración con la Secretaría de Estado Vaticano. En su discurso, el Santo Padre resaltó la participación en este importante espacio de debate. “El Diálogo de estos días – dijo el Pontífice – ha sido una oportunidad para reflexionar ampliamente sobre el futuro de Europa desde múltiples ángulos, gracias a la presencia entre ustedes de diversas personalidades eclesiales, políticas, académicas o sencillamente representantes de la sociedad civil”. En este importante espacio de debate, afirmó el Papa, los jóvenes han podido expresar sus expectativas y esperanzas, confrontándose con los más ancianos, quienes, a su vez, han tenido la ocasión de ofrecer su propio bagaje cargado de reflexiones y experiencias. “Es significativo – agregó – que este encuentro buscase ser sobre todo un diálogo en un espíritu de confrontación libre y abierta, a través de la cual enriquecerse mutuamente e iluminar el camino del futuro de Europa, más allá de la senda que todos juntos estamos llamados a recorrer para superar las crisis que padecemos y para afrontar los desafíos que nos esperan. Hablar de una contribución cristiana para el futuro del continente significa ante todo preguntarse sobre nuestro deber como cristianos hoy, en estas tierras fecundamente plasmadas por la fe a lo largo de los siglos”. ¿Cuál es nuestra responsabilidad – se preguntó el Papa Francisco – en un tiempo en el que el rostro de Europa está cada vez más marcado por una pluralidad de culturas y de religiones, mientras que para muchos el cristianismo se percibe como un elemento del pasado, lejano y ajeno? Persona y comunidad Comentando el Prólogo de la Regla de San Benito, el Santo Padre señaló que, “el hombre ya no es simplemente un civis, un ciudadano dotado de privilegios para consumarse en el ocio; ya no es un miles, combativo servidor del poder de turno; sobre todo ya no es un servus, mercancía de cambio privada de libertad, destinada únicamente al trabajo y al desgaste”. San Benito no se preocupa de la condición social, ni de la riqueza, ni del poder. Él mira la naturaleza común de cada ser humano, que, cualquiera que sea su condición, anhela profundamente la vida y  desea días felices. Para san Benito no hay roles, hay personas. Este es uno de los valores fundamentales que ha traído el cristianismo: el sentido de la persona, creada a imagen de Dios. A partir de ese principio se construyeron los monasterios, que con el tiempo se convertirían en cuna del renacimiento humano, cultural, religioso y, también, económico del continente. La primera, y tal vez la mayor, contribución que los cristianos pueden aportar a la Europa de hoy – precisó el Pontífice – es recordar que no se trata de una colección de números o de instituciones, sino que está hecha de personas. “Lamentablemente, a menudo se nota cómo cualquier debate se reduce fácilmente a una discusión de cifras. No hay ciudadanos, hay votos. No hay emigrantes, hay cuotas. No hay trabajadores, hay indicadores económicos. No hay pobres, hay umbrales de pobreza. Lo concreto de la persona humana se ha reducido así a un principio abstracto, más cómodo y tranquilizador. Se entiende la razón, afirmó el Papa: las personas tienen rostros, nos obligan a asumir una responsabilidad real y «personal»; las cifras tienen que ver con razonamientos, también útiles e importantes, pero permanecerán siempre sin alma. Nos ofrecen excusas para no comprometernos, porque nunca nos llegan a tocar en la propia carne. Reconocer que el otro es ante todo una persona significa valorar lo que me une a él. El ser personas nos une a los demás, nos hace ser comunidad. “Por lo tanto – puntualizó el Papa Francisco – la segunda contribución que los cristianos pueden aportar al futuro de Europa es el descubrimiento del sentido de pertenencia a una comunidad. No es una casualidad que los padres fundadores del proyecto europeo eligieran precisamente esa palabra para identificar el nuevo sujeto político que estaba constituyéndose”. (Renato Martinez) Texto completo del discurso del Santo Padre Eminencias, Excelencias, Distinguidas autoridades, Señoras y señores: Me complace estar presente en la conclusión del Diálogo (Re)Thinking Europe. Una contribución cristiana al futuro del proyecto europeo promovido por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE). Saludo de forma particular al Presidente, el Cardenal Reinhard Marx, como también al honorable Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo, y les agradezco por las deferentes palabras que me han dirigido. Quisiera expresar a cada uno de ustedes mi más profundo agradecimiento por haber intervenido en este importante espacio de debate. El Diálogo de estos días ha sido una oportunidad para reflexionar ampliamente sobre el futuro de Europa desde múltiples ángulos, gracias a la presencia entre vosotros de diversas personalidades eclesiales, políticas, académicas o sencillamente representantes de la sociedad civil. Los jóvenes han podido expresar sus expectativas y esperanzas, confrontándose con los más ancianos, quienes, a su vez, han tenido la ocasión de ofrecer su propio bagaje cargado de reflexiones y experiencias. Es significativo que este encuentro buscase ser sobre todo un diálogo en un espíritu de confrontación libre y abierta, a través de la cual enriquecerse mutuamente e iluminar el camino del futuro de Europa, más allá de la senda que todos juntos estamos llamados a recorrer para superar las crisis que padecemos y para afrontar los desafíos que nos esperan. Hablar de una contribución cristiana para el futuro del continente significa ante todo preguntarse sobre nuestro deber como cristianos hoy, en estas tierras fecundamente plasmadas por la fe a lo largo de los siglos. ¿Cuál es nuestra responsabilidad en un tiempo en el que el rostro de Europa está cada vez más marcado por una pluralidad de culturas y de religiones, mientras que para muchos el cristianismo se percibe como un elemento del pasado, lejano y ajeno? Persona y comunidad En el ocaso de la antigua civilización, cuando las glorias de Roma se convertían en esas ruinas que todavía hoy podemos admirar en la ciudad; mientras nuevos pueblos presionaban a lo largo de las fronteras del antiguo Imperio, un joven se hizo eco de la voz del Salmista: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?».[1] Al proponer esta cuestión en el Prólogo de la Regla, san Benito orientó la atención de sus contemporáneos y la nuestra sobre una concepción del hombre radicalmente diversa de la que había distinguido la época clásica Greco-romana y aún más de la violenta que había caracterizado las invasiones bárbaras. El hombre ya no es simplemente un civis, un ciudadano dotado de privilegios para consumarse en el ocio; ya no es un miles, combativo servidor del poder de turno; sobre todo ya no es un servus, mercancía de cambio privada de libertad, destinada únicamente al trabajo y al desgaste. San Benito no se preocupa de la condición social, ni de la riqueza, ni del poder. Él mira la naturaleza común de cada ser humano, que, cualquiera que sea su condición, anhela profundamente la vida y  desea días felices. Para san Benito no hay roles, hay personas. Este es uno de los valores fundamentales que ha traído el cristianismo: el sentido de la persona, creada a imagen de Dios. A partir de ese principio se construyeron los monasterios, que con el tiempo se convertirían en cuna del renacimiento humano, cultural, religioso y, también, económico del continente. La primera, y tal vez la mayor, contribución que los cristianos pueden aportar a la Europa de hoy es recordar que no se trata de una colección de números o de instituciones, sino que está hecha de personas. Lamentablemente, a menudo se nota cómo cualquier debate se reduce fácilmente a una discusión de cifras. No hay ciudadanos, hay votos. No hay emigrantes, hay cuotas. No hay trabajadores, hay indicadores económicos. No hay pobres, hay umbrales de pobreza. Lo concreto de la persona humana se ha reducido así a un principio abstracto, más cómodo y tranquilizador. Se entiende la razón: las personas tienen rostros, nos obligan a asumir una responsabilidad real y «personal»; las cifras tienen que ver con razonamientos, también útiles e importantes, pero permanecerán siempre sin alma. Nos ofrecen excusas para no comprometernos, porque nunca nos llegan a tocar en la propia carne. Reconocer que el otro es ante todo una persona significa valorar lo que me une a él. El ser personas nos une a los demás, nos hace ser comunidad. Por lo tanto, la segunda contribución que los cristianos pueden aportar al futuro de Europa es el descubrimiento del sentido de pertenencia a una comunidad. No es una casualidad que los padres fundadores del proyecto europeo eligieran precisamente esa palabra para identificar el nuevo sujeto político que estaba constituyéndose. La comunidad es el antídoto más grande contra los individualismos que caracterizan nuestro tiempo, contra esa tendencia generalizada hoy en Occidente a concebirse y a vivir en soledad. Se tergiversa el concepto de libertad, interpretándolo como si fuera el deber de estar solos, libres de cualquier vínculo y en consecuencia se ha construido una sociedad desarraigada, privada de sentido de pertenencia y de herencia. Los cristianos reconocen que su identidad es ante todo relacional. Están integrados como miembros de un cuerpo, la Iglesia (cf. 1 Co 12,12), en el que cada uno con su propia identidad y peculiaridades participa libremente en la edificación común. De forma análoga, esta relación se da también en el ámbito de las relaciones interpersonales y de la sociedad civil. Frente al otro, cada uno descubre sus méritos y defectos; sus puntos fuertes y sus debilidades; en otras palabras, descubre su rostro, comprende su identidad. La familia, como primera comunidad, sigue siendo el lugar fundamental para ese descubrimiento. En ella, la diversidad se exalta y al mismo tiempo se recompone en la unidad. La familia es la unión armónica de las diferencias entre el hombre y la mujer, que cuanto más generativa y capaz sea de abrirse a la vida y a los demás, tanto más será verdadera y profunda. Del mismo modo, una comunidad civil está viva si sabe estar abierta, si sabe acoger la diversidad y las cualidades de cada uno y, al mismo tiempo, sabe generar nuevas vidas, así como también desarrollo, trabajo, innovación y cultura. Persona y comunidad son, por tanto, los pilares de la Europa que como cristianos queremos y podemos ayudar a construir. Los ladrillos de ese edificio se llaman: diálogo, inclusión, solidaridad, desarrollo y paz. Un lugar de diálogo Hoy toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, desde el Polo Norte hasta el Mar Mediterráneo, no se puede permitir perder la oportunidad de ser ante todo un lugar de diálogo, sincero y constructivo al mismo tiempo, en el que todos los protagonistas tienen la misma dignidad. Estamos llamados a construir una Europa en la que podamos encontrarnos y confrontarnos a todos los niveles, así como lo era en un cierto sentido la antigua ágora. Ella era, de hecho, la plaza de la pólis. No solo un espacio de intercambio económico, sino también el corazón neurálgico de la política, sede en la que se elaboraban las leyes para el bienestar de todos; lugar hacia el que se asomaba el templo, de tal modo que a la dimensión horizontal de la vida cotidiana no le faltara nunca el aliento trascendente que mira más allá de lo efímero, de lo pasajero y provisorio. Todo eso nos empuja a considerar el papel positivo y constructivo que en general tiene la religión en la construcción de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en la importancia del diálogo interreligioso para favorecer el conocimiento recíproco entre cristianos y musulmanes en Europa. Desafortunadamente, cierto prejuicio laicista, todavía en auge, no es capaz de percibir el valor positivo que tiene para la sociedad el papel público y objetivo de la religión, prefiriendo relegarla a una esfera meramente privada y sentimental. Se instaura así también el predominio de un cierto pensamiento único,[2] muy extendido en la comunidad internacional, que ve en las afirmaciones de una identidad religiosa un peligro para la propia hegemonía, acabando así por favorecer una falsa contraposición entre el derecho a la libertad religiosa y otros derechos fundamentales. Favorecer el diálogo —cualquier diálogo— es una responsabilidad fundamental de la política y, lamentablemente, se nota demasiado a menudo cómo esta se transforma más bien en un lugar de choque entre fuerzas opuestas. Los gritos de las reivindicaciones sustituyen a la voz del diálogo. Desde varios lugares se tiene la sensación de que el bien común ya no es el objetivo primario a perseguir y ese desinterés lo perciben muchos ciudadanos. Encuentran así terreno fértil en muchos países las formaciones extremistas y populistas que hacen de la protesta el corazón de su mensaje político, sin ofrecer un proyecto político como alternativa constructiva. El diálogo viene sustituido por una contraposición estéril, que puede también poner en peligro la convivencia civil, o por una hegemonía del poder político que enjaula e impide una verdadera vida democrática. En un caso se destruyen puentes y en el otro se construyen muros. Los cristianos están llamados a favorecer el diálogo político, especialmente allí donde está amenazado y prevalece el enfrentamiento. Los cristianos están llamados a dar nueva dignidad a la política, entendida como máximo servicio al bien común y no como una ocupación de poder. Esto requiere también una adecuada formación, ya que la política no es «el arte de la improvisación», sino una alta expresión de abnegación y entrega personal en ventaja de la comunidad. Ser líder exige estudio, preparación y experiencia. Un ámbito inclusivo La responsabilidad de los líderes es la de favorecer una Europa que sea una comunidad inclusiva, libre de un equívoco de fondo: inclusión no es sinónimo de aplastamiento indiferenciado. Al contrario, se es auténticamente inclusivos cuando se saben valorar las diferencias, asumiéndolas como patrimonio común y enriquecedor. En esta perspectiva, los emigrantes son un recurso más que un peso. Los cristianos están llamados a meditar seriamente sobre la afirmación de Jesús: «Fui forastero y me hospedasteis» (Mt 25,35). Ante el drama de los refugiados y de los desplazados, no se puede olvidar, de ningún modo, el hecho de estar ante personas que no pueden ser elegidas o descartadas por el propio gusto, según lógicas políticas, económicas o incluso religiosas. Sin embargo, esto no contrasta con el deber de toda autoridad de gobierno de gestionar la cuestión migratoria «con la virtud propia del gobernante, es decir, la prudencia»,[3] que debe tener en cuenta tanto la necesidad de tener un corazón abierto, como la posibilidad de integrar plenamente a nivel social, económico y político a los que llegan al país. No se puede pensar que el fenómeno migratorio sea un proceso indiscriminado y sin reglas, pero no se pueden tampoco levantar muros de indiferencia o de miedo. Por su parte, los mismos emigrantes no deben olvidar el compromiso importante de conocer, respetar y también asimilar la cultura y las tradiciones de la nación que los acoge. Un espacio de solidaridad Trabajar por una comunidad inclusiva significa edificar un espacio de solidaridad. Ser comunidad implica de hecho que nos apoyemos mutuamente y, por tanto, que no pueden ser solo algunos los que lleven pesos y realicen sacrificios extraordinarios, mientras que otros permanecen enrocados defendiendo posiciones privilegiadas. Una Unión Europea que, al afrontar sus crisis, no redescubriera el sentido de ser una única comunidad que se sostiene y se ayuda —y no un conjunto de pequeños grupos de interés— perdería no solo uno de los desafíos más importantes de su historia, sino también una de las oportunidades más grandes para su futuro. La solidaridad, que en la perspectiva cristiana encuentra su razón de ser en el precepto del amor (cf. Mt 22,37-40), no puede ser otra cosa que la savia vital de una comunidad viva y madura. Junto al otro principio cardinal de la subsidiariedad, esta se refiere no solo a las relaciones entre los Estados y las regiones de Europa. Ser una comunidad solidaria significa cuidar de los más débiles de la sociedad, de los pobres, de los que son descartados por los sistemas económicos y sociales, a partir de los ancianos y los desempleados. Pero la solidaridad exige también que se recupere la colaboración y el apoyo recíproco entre las generaciones. A partir de los años sesenta del siglo pasado está teniendo lugar un conflicto generacional sin precedentes. Al entregar a las nuevas generaciones los ideales que han hecho grande a Europa, se puede decir hiperbólicamente que se ha preferido la traición a la tradición. Al rechazo de lo que llegaba de los padres, le ha seguido el tiempo de una dramática esterilidad. No solo porque en Europa se tienen pocos hijos, y demasiados son los que han sido privados del derecho a nacer, sino también porque nos hemos encontrado incapaces de entregar a los jóvenes los instrumentos materiales y culturales para afrontar el futuro. Europa vive una especia de déficit de memoria. Volver a ser comunidad solidaria significa redescubrir el valor del propio pasado, para enriquecer el propio presente y entregar a la posteridad un futuro de esperanza. Muchos jóvenes se encuentran, sin embargo, perdidos ante la ausencia de raíces y de perspectivas, «llevados a la deriva por todo viento de doctrina» (Ef 4,14); a veces también «prisioneros» de adultos posesivos, a los que les cuesta sostener la tarea que les corresponde. Es importante la tarea de educar, no solo ofreciendo un conjunto de conocimientos técnicos y científicos, sino sobre todo trabajando «para promover la perfección íntegra de la persona humana, también para el bien de la sociedad terrestre y para la construcción de un mundo que debe configurarse más humanamente».[4] Esto exige la implicación de toda la sociedad. La educación es una tarea común, que requiere la activa participación al mismo tiempo de los padres, de la escuela y de las universidades, de las instituciones religiosas y de la sociedad civil. Sin educación, no se genera cultura y se vuelve árido el tejido vital de las comunidades. Una fuente de desarrollo La Europa que se redescubre comunidad será seguramente una fuente de desarrollo para sí y para todo el mundo. El desarrollo hay que entenderlo en la acepción que el beato Pablo VI dio a tal palabra. «Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: “Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”».[5] Ciertamente al desarrollo del hombre contribuye el trabajo, que es un factor esencial para la dignidad y la maduración de la persona. Se necesita que haya trabajo y se necesitan también condiciones adecuadas de trabajo. En el siglo pasado no han faltado ejemplos elocuentes de empresarios cristianos que han comprendido cómo el éxito de sus iniciativas dependía sobre todo de la posibilidad de ofrecer oportunidades de empleo y condiciones dignas de trabajo. Es necesario volver a empezar desde el espíritu de esas iniciativas, que son también el mejor antídoto a los desequilibrios provocados por una globalización sin alma, que —más atenta al beneficio que a las personas— ha creado gran cantidad de pobreza, desempleo, explotación y malestar social. Sería oportuno también redescubrir la necesidad de una concreción del trabajo, sobre todo para los jóvenes. Hoy muchos tienden a rehuir de trabajos en sectores que antes eran cruciales, porque son considerados fatigosos y poco remunerados, olvidando cuánto son indispensables para el desarrollo humano. ¿Qué sería de nosotros sin el compromiso de las personas que con el trabajo contribuyen a nuestra alimentación cotidiana? ¿Qué sería de nosotros sin el trabajo paciente e ingenioso de quien teje los vestidos que llevamos o construye las casas en las que vivimos? Muchas profesiones consideradas hoy de segundo grado son fundamentales. Lo son desde el punto de vista social, pero sobre todo lo son por la satisfacción que los trabajadores reciben del poder ser útiles para sí y para los otros a través de su compromiso diario.  También corresponde a los gobiernos crear las condiciones económicas que favorezcan un sano empresariado y niveles adecuados de empleo. A la política le compete especialmente reactivar un círculo virtuoso que, a partir de inversiones a favor de la familia y de la educación, consienta el desarrollo armonioso y pacífico de toda la comunidad civil. Una promesa de paz Finalmente, el compromiso de los cristianos en Europa debe constituir una promesa de paz. Fue este el pensamiento principal que animó a los firmantes de los Tratados de Roma. Después de dos guerras mundiales y violencias atroces de pueblos contra pueblos, había llegado el momento de afirmar el derecho a la paz.[6] Pero todavía hoy vemos cómo la paz es un bien frágil y las lógicas particulares y nacionales corren el riesgo de frustrar los sueños valientes de los fundadores de Europa.[7] Sin embargo, ser trabajadores de paz (cf. Mt 5,9) no significa solamente trabajar para evitar las tensiones internas, trabajar para poner fin a numerosos conflictos que desangran al mundo o llevar alivio a quien sufre. Ser trabajadores de paz significa hacerse promotores de una cultura de la paz. Esto exige amor a la verdad, sin la que no pueden existir relaciones humanas auténticas y búsqueda de la justicia, sin la que el abuso es la norma imperante de cualquier comunidad. La paz exige también creatividad. La Unión Europea mantendrá fidelidad a su compromiso de paz en la medida en que no pierda la esperanza y sepa renovarse para responder a las necesidades y a las expectativas de los propios ciudadanos. Hace cien años, precisamente en estos días, empezaba la batalla de Caporetto, una de las más dramáticas de la Gran Guerra. Fue el ápice de una guerra de deterioro, como fue el primer conflicto mundial, que tuvo su triste primado de causar innumerables víctimas frente a conquistas irrisorias. De ese evento aprendemos que quien se atrinchera detrás de las propias posiciones, termina por sucumbir. No es este, por tanto, el tiempo de construir trincheras, sino el de tener la valentía de trabajar para perseguir plenamente el sueño de los Padres fundadores de una Europa unida y concorde, comunidad de pueblos que desean compartir un destino de desarrollo y de paz. Ser alma de Europa Eminencias, Excelencias, Ilustres huéspedes: El autor de la Carta a Diogneto afirma que « los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo».[8] En este tiempo, los cristianos están llamados a dar nuevamente alma a Europa,  a despertar la conciencia, no para ocupar los espacios, sino para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad.[9] Es precisamente cuanto hizo san Benito, proclamado no por casualidad patrón de Europa por Pablo VI; él no se detuvo en ocupar los espacios de un mundo perdido y confuso. Sostenido por la fe, miró más allá y desde una pequeña cueva de Subiaco dio vida a un movimiento contagioso e imparable que rediseñó el rostro de Europa. Él, que fue «mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización»,[10] nos muestre también a nosotros cristianos de hoy cómo de la fe brota siempre una esperanza alegre, capaz de cambiar el mundo. Gracias.   [1] San Benito, Regla, Prólogo, 14. Cf. Sal 33,13. [2] La dictadura del pensamiento único. Meditación matutina en la Capilla de la Domus Sanctae Marthae, 10 abril 2014. [3] Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Colombia, 10 septiembre 2017. [4] Concilio Ecuménico Vaticano II, Decl. Gravissimum educationis, 28 octubre 1965, 3. [5] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 14. [6] Cf. Discurso a los estudiantes y al mundo académico, Bolonia 1 octubre 2017, n. 3. [7] Cf. ibíd. [8] Carta a Diogneto, VI. [9] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 223. [10] Pablo VI, Carta ap. Pacis Nuntius, 24 octubre 1964. (from Vatican Radio)...
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Atentos al mundo con el corazón inmerso en Dios, lo pide el Papa al Congreso de los Institutos seculares italianos

Ds, 28/10/2017 - 8:57pm
Este evento se realiza el sábado 28 y domingo 29 en Roma, en el Instituto Patrístico Augustinianum y es organizado por la Conferencia Italiana de los Institutos Seculares (CIIS) con el patrocinio de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las sociedades de Vida Apostólica sobre el tema: “Más allá y en medio. Institutos seculares: historias de pasión y profecía por Dios y por el mundo”. Texto del Mensaje del Papa Francisco ¡Queridos hermanos y hermanas! Con ocasión del 70 aniversario de la Constitución apostólica Provida Mater Ecclesiae, la Conferencia Italiana de los Institutos Seculares, con el patrocinio de la Congregación de los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, los han convocado sobre el tema “Más allá y en medio. Institutos seculares: historias de pasión y profecía por Dios y por el mundo”. Les dirijo mi cordial saludo, con el augurio de un proficuo congreso. Aquel documento del Papa Pío XII fue en un cierto sentido revolucionario: de hecho delineó una nueva forma de consagración: aquella de fieles laicos y presbíteros diocesanos llamados a vivir los consejos evangélicos en la secularidad en la que están inmersos en fuerza de la condición existencial o del ministerio pastoral. La novedad y la fecundidad de los Institutos Seculares está por lo tanto en el conjugar consagración y secularidad, practicando un apostolado de testimonio, de evangelización – especialmente para los presbíteros –  y de compromiso cristiano en la vida social – especialmente para los laicos, a la que se agrega la fraternidad que, sin ser determinada por una comunidad de vida, es sin embargo verdadera comunión. En el surco trazado por la Provida Mater, hoy están llamados a ser humildes y apasionados portadores, en Cristo y en su Espíritu, del sentido del mundo y de la historia. Su pasión nace del estupor siempre nuevo por el Señor Jesús, por su modo único de vivir y de amar, de encontrar a la gente, de sanar la vida, de llevar consuelo. Por eso su “estar dentro”  del mundo no es solo una condición sociológica sino una realidad teológica, que les permite estar atentos, ver, escuchar,  padecer- con, gozar-con, intuir las necesidades. Esto quiere decir ser presencias proféticas de manera muy concreta. Significa llevar al mundo, en las situaciones en las cuales se encuentren, la palabra que se escucha de Dios. Es esto lo que caracteriza en sentido propio la laicidad: saber decir aquella palabra que Dios tiene que decir sobre el mundo. Donde “decir” no significa tanto hablar, sino actuar. Nosotros decimos aquello que Dios quiere decir al mundo, actuando en el mundo.  Esto es muy importante. Especialmente en un tiempo como el nuestro en el que, frente a las dificultades,  puede existir la tentación de aislarse en los propios ámbitos cómodos y seguros y retirarse del mundo. También ustedes podrían caer en esta tentación.  Pero su puesto es “estar dentro”, como presencia transformante en sentido evangélico. Ciertamente es difícil, es un camino que comporta la cruz, pero el Señor quiere recorrerlo con ustedes. Vuestra vocación y misión es estar atentos, por una parte, a la realidad que les rodea preguntándose siempre: ¿qué pasa?, no deteniéndose en lo que aparece en la superficie sino yendo más a fondo; y, al mismo tiempo, al misterio de Dios, para reconocer dónde Él se está manifestando. Atentos al mundo con el corazón inmerso en Dios. Finalmente quisiera sugerirles algunas actitudes espirituales que les pueden ayudar en este camino y que se pueden sintetizar en cinco verbos: rezar, discernir, compartir, dar aliento y tener simpatía. Rezar para estar unidos a Dios,  cercanos a su corazón.  Escuchar su voz frente a cada acontecimiento de la vida, viviendo una existencia luminosa que toma en mano el Evangelio y lo toma en serio. Discernir es saber distinguir las cosas esenciales de aquellas accesorias; es afinar aquella sabiduría, cultivarla día a  día, que consiente ver cuáles son las responsabilidades que es necesario asumir y cuáles son las tareas prioritarias. Se trata de un recorrido personal pero también comunitario, por el que no basta el esfuerzo individual. Compartir las suertes de cada hombre y mujer: también si los acontecimientos del mundo son trágicos y oscuros, no abandono las suertes del mundo, porque lo amo, como es con Jesús, hasta el final. Dar aliento: con la gracia de Cristo jamás perder la confianza, que sabe ver el bien en cada cosa. Es también una invitación que recibimos en cada celebración eucarística: «Elevemos nuestros corazones». Tener simpatía por el mundo y por la gente. También cuando hacen de todo para hacérnosla perder, estar animados por la simpatía que nos viene del Espíritu de Cristo, que nos hace libres y apasionados, nos hace “estar dentro”, como la sal y la levadura. Queridos  hermanos y hermanas, sean en el mundo como el alma en el cuerpo (cfr Carta a Diogneto, VI, 1), testimonios de la Resurrección del Señor Jesús. Este es mi deseo para ustedes, que acompaño con mi oración y mi bendición. En el Vaticano, 23 de octubre de 2017   (Raúl Cabrera)         (from Vatican Radio)...
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Papa: impulsar el Derecho internacional humanitario ante los crímenes atroces que interpelan la conciencia de la humanidad

Ds, 28/10/2017 - 3:30pm
El Papa Francisco alentó a los participantes en la III Conferencia sobre derecho internacional humanitario sobre el tema «La protección de las poblaciones civiles en los conflictos – el papel de las organizaciones humanitarias y de la sociedad civil», organizada en Italia. Destacando la coincidencia del encuentro con el 40 aniversario de la adopción de los dos Protocolos Adicionales a las Convenciones de Ginebra relativos a la protección de las víctimas de los conflictos armados, ratificados también por la Santa Sede , con el fin de alentar «una humanización de los efectos de los conflictos armados», «convencida del carácter esencialmente negativo de la guerra y que la aspiración más digna del hombre es la abolición de la guerra », el Obispo de Roma destacó la importancia del desarrollo del derecho humanitario ante los atroces sufrimientos físicos, morales y espirituales en los conflictos armados de la actualidad : «La Santa Sede, consciente de las omisiones y hesitaciones que caracterizan sobre todo el II Protocolo Adicional, relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados no internacionales, sigue considerando estos instrumentos como una puerta abierta hacia ulteriores desarrollos del derecho internacional humanitario , que sepan tener debida cuenta de las características de los conflictos armados contemporáneos y de los sufrimientos físicos, morales y espirituales que los acompañan». Tras destacar que «a pesar del intento loable de reducir, a través de la codificación del derecho humanitario, las consecuencias negativas de las hostilidades sobre la población civil», el Papa Francisco constató con profundo dolor el testimonio de crímenes atroces perpetrados en el desprecio de toda consideración humana, así como las violaciones de la libertad religiosa: « Las imágenes de personas sin vida, de cuerpos mutilados o decapitados, de nuestros hermanos y hermanas torturados, crucificados, quemados vivos, cuyos restos mortales son ultrajados, interpelan la conciencia de la humanidad. Por otra parte, se suceden noticias di antiguas ciudades, con sus milenarios tesoros culturales, reducidas a cúmulos de escombros, de hospitales y escuelas que son blanco de ataques deliberados y destructores, privando de este modo a generaciones enteras de su derecho a la vida, a la salud y a la educación . ¡Cuántas iglesias y otros lugares de culto son objeto de agresiones precisas, a menudo durante las celebraciones litúrgicas, con numerosas víctimas entre los fieles y los ministros reunidos en oración, en violación del derecho fundamental a la libertad de religión!» Lamentando la saturación que anestesia o relativiza la gravedad de los problemas debido a cierta difusión de estas informaciones, el Papa hizo hincapié que ello hace más difícil la compasión y la apertura de las conciencias al sentido solidario: «Para que ello suceda, es necesaria una conversión de los corazones, una apertura a Dios y al prójimo, que impulse a las personas a superar la indiferencia y a vivir la solidaridad, como virtud moral y actitud social, de la cual puede brotar un compromiso en favor de la humanidad que sufre ». Al mismo tiempo el Papa subrayó que es muy alentador «ver las numerosas demostraciones de solidaridad y de caridad que no faltan en tiempo de guerra. Hay tantas personas, tantos grupos caritativos y organizaciones no gubernamentales, en la Iglesia y fuera de ella, cuyos miembros afrontan fatigas y peligros para socorrer a los heridos y a los enfermos, para enterrar a los difuntos, para dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos, para visitar a los detenidos»: « Verdaderamente el socorro a las poblaciones víctimas de los conflictos suma las diversas obras de misericordia, sobre las cuales seremos juzgados al final de la vida . Puedan las organizaciones humanitarias actuar siempre en conformidad con los principios fundamentales de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia. Anhelo, por lo tanto que tales principios, que constituyen el corazón del derecho humanitario, puedan ser acogidos en las conciencias de los combatientes y de los operadores humanitarios para ser traducidos a la práctica. Y que allí donde el derecho humanitario conoce hesitaciones y omisiones, sepa la conciencia individual reconocer el deber moral de respetar y proteger la dignidad de la persona humana en toda circunstancia, en especial en las situaciones en las cuales está fuertemente amenazada. Para que ello sea posible, quisiera recordar la importancia de la oración y la de asegurar, junto con la formación técnica y jurídica, el acompañamiento espiritual de los combatientes y de los operadores humanitarios». A todos los «queridos hermanos y hermanas – y no son pocos - que han puesto en peligro su vida para salvar a otra o para aliviar los sufrimientos de las poblaciones golpeadas por conflictos armados», el Papa les recordó las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Y concluyó su discurso encomendando a todos a la intercesión de María Santísima, Reina de la Paz . (CdM) (from Vatican Radio)...
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Papa: la precariedad laboral es inmoral, mata la dignidad

Dv, 27/10/2017 - 3:22pm
El Papa Francisco reiteró que «sin trabajo no hay dignidad», y recordando que ante todo está el bien de la persona, señaló que «no todos los trabajos son dignos» . En un vídeo mensaje, con motivo de la Semana social de los católicos italianos, celebrada en Cagliari del 26 al 29 de octubre de 2017, el Obispo de Roma agradece el tema elegido: «El trabajo que queremos: libre, creativo, participativo y solidario», que se inspira en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (192). « Hay trabajos que humillan la dignidad de las personas , aquellos que alimentan las guerras con la construcción de armas, que baratean el valor del cuerpo con el tráfico de la prostitución, que explotan a los menores. Ofenden la dignidad del trabajador también el trabajo negro, la contratación ilícita de mano de obra, los trabajos que discriminan a la mujer y no incluyen al que tiene una discapacidad» Una vez más el Papa denunció con firmeza el trabajo precario « Es una herida abierta para muchos trabajadores, que viven en el temor de perder el empleo . Tantas veces he oído esta angustia: la angustia de poder perder su propia ocupación: la angustia de aquella persona que tiene un trabajo de septiembre a junio y que no sabe si lo tendrá el próximo septiembre. Precariedad total. Esto es inmoral. Esto mata: mata la dignidad, mata la salud, mata la familia, mata la sociedad. El trabajo negro y el trabajo precario matan». El Santo Padre expresó preocupación asimismo por los trabajos peligrosos y malsanos , que cada año causan cientos de muertos y de inválidos, por la explotación de los trabajadores y del trabajo infantil. Sin olvidar a los que no tienen empleo y a los subempleados. «La Iglesia obra por una economía al servicio de la persona, que reduce las desigualdades y tiene como fin el trabajo para todos» , reafirmó el Papa, para luego destacar que «la crisis económica mundial comenzó como crisis financiera, que se transformó luego en crisis ambiental y social al mismo tiempo». Animando «los signos de esperanza» que como una foresta crecen sin hacer ruido, el Papa alienta a «servir a las personas que tienen necesidad» y a «formar comunidades en las que la comunión prevalece sobre la competición»: «¡en el mundo del trabajo la comunión debe vencer sobre la competición!». Éste es el llamamiento del Papa Francisco: « Que nada se anteponga al bien de la persona y al cuidado de la casa común, a menudo desfigurada por un modelo de desarrollo que ha producido una grave deuda ecológica . La innovación tecnológica debe ser guiada por la conciencia y por los principios de subsidiariedad y de solidaridad. El robot debe permanecer como medio y no volverse el ídolo de una economía en manos de los poderosos; deberá servir a la persona y a sus necesidades humanas». (CdM) (from Vatican Radio)...
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Videollamada del Papa Francisco con los astronautas de la Estación Espacial Internacional

Dj, 26/10/2017 - 5:44pm
Su Santidad Papa Francisco ha conversado con los seis miembros de la Estación Espacial Internacional mediante una videollamada que ha tenido una duración aproximadamente de 25 minutos convirtiéndose en el segundo Papa que conecta con los astronautas en el espacio . Fue Benedicto XVI quien el 21 de mayo de 2011 se convertía en el primer Papa en realizar una llamada telefónica al espacio. Una conversación en la que el Papa emérito conversó al igual que Francisco, durante alrededor de 20 minutos con el grupo de astronautas de la Estación Espacial Internacional. El Papa Francisco ha dado comienzo a la comunicación, desde el estudio del Aula Pablo VI del Vaticano, a las 15.00 pm (Hora local en Roma) con el astronauta italiano Paolo Nespoli , quien ha respondido a las cinco preguntas que ha realizado el Santo Padre y traducido las respuestas de sus compañeros.  (Mireia Bonilla para Radio Vaticana) (from Vatican Radio)...
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Que el camino hacia la unidad visible continúe cada día, el Papa a Delegación de la Iglesia de Escocia

Dj, 26/10/2017 - 3:32pm
Agradeciendo al Señor “por el gran don de haber podido vivir este año como verdaderos hermanos, no más como rivales” el Papa Francisco recibió en la mañana del 26 de octubre en el Vaticano a una Delegación de la Iglesia de Escocia encabezada su Moderador, el Rev. Doctor Derek Browning. En su discurso el Pontífice recordó el camino ecuménico emprendido, que permitió la intensificación de la comprensión, de la confianza y de la colaboración concreta” entre las Iglesias. Recordando cómo por tanto tiempo se alimentaron sospechas con la perspectiva dirigida a las diferencias y a las equivocaciones” Francisco destacó como hoy, en el espíritu del Evangelio, se continúa “ por el camino de la caridad humilde que lleva a la superación de las divisiones y a la curación de las heridas” . El  Obispo de Roma dirigió un pensamiento especial a los “ cristianos que hoy enfrentan grandes pruebas, porque sufren y son perseguidos por el nombre de Jesús ”. Su testimonio, señaló, nos impone que vayamos adelante, con amor y coraje, hasta el final: “Nuestro diálogo tendiente a la plena unidad, nuestro testimonio y nuestro servicio común son respuestas debidas también a ellos, dentro de este grande ‘nosotros’ de la fe”. El Santo Padre recordó asimismo que la Iglesia Católica, a través de la tarea del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, “lleva adelante desde hace decenios una fecunda colaboración con la Iglesia de Escocia y con la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas y desea continuar a avanzar juntos”. Y agradeciéndoles por su presencia y en el camino ecuménico, el Papa pidió al Espíritu Santo para que refuerce esta comunión en Jesucristo, “para la gloria de Dios Padre”. Discurso completo del Papa a la Delegación de la Iglesia de Escocia Querido hermano Moderador, queridos hermanos y hermanas en Cristo, Los recibo con alegría y agradezco al Moderador por su significativa intervención y también nuestro encuentro. Vuestra presencia me ofrece la ocasión de transmitir mis afectuosos saludos a todos los miembros de la Iglesia de Escocia. Este encuentro tiene lugar en proximidad del quinto centenario de la Reforma, a cuya conmemoración  me uní un año atrás en Lund. Agradezcamos al Señor por el gran don de haber podido vivir este año como verdaderos hermanos, no más como rivales, después de demasiados siglos de ajenidad y conflicto. Esto ha sido posible, por gracia de Dios, por el camino ecuménico, que permitió la intensificación de la comprensión, de la confianza y de la colaboración concreta entre nosotros. La reciproca purificación de la memoria es uno de los frutos más significativos de este camino que nos acomuna. Si es verdad que el pasado en sí es inalterable, es también verdad que hoy nos comprendemos finalmente a partir de la mirada de Dios sobre nosotros: somos en primer lugar sus hijos, renacidos en Cristo en el mismo Bautismo, y por eso hermanos. Por tanto tiempo nos hemos observado a distancia con una mirada “demasiado humana”, alimentando sospechas con la perspectiva dirigida a las diferencias y a las equivocaciones y el corazón predispuesto a recriminar acerca de los agravios sufridos. En el espíritu del Evangelio, continuamos ahora por el camino de la caridad humilde que lleva a la superación de las divisiones y a la curación de las heridas. Hemos entrado en un diálogo de comunión, un diálogo que abraza el lenguaje proprio de quien pertenece a Dios y que es la condición irrenunciable para la evangelización: ¿cómo podemos anunciar a Dios amor  (cfr. 1 Jn 4,8) si no nos amamos entre nosotros? Precisamente en Escocia, en Edimburgo, más de cien años atrás, unos misioneros  cristianos tuvieron el coraje de volver a proponer con renovado impulso la sentida voluntad de Jesús de que “somos una sola cosa para que el mundo crea” (Jn 17,21). Habían comprendido que el anuncio y la misión no son plenamente creíbles si no están acompañados por la unidad. Esto es siempre verdadero, ahora como entonces. He sabido que en el emblema de la Iglesia de Escocia está representada la zarza ardiente, ante la cual Moisés tuvo la experiencia de Dios viviente. Me impresiona el hecho que en este fundamental texto bíblico el Señor se define, con un nombre que durará en los siglos, “Dios de sus antepasados” (Ex 3, 15). De tal manera, Él nos llama también a nosotros a entrar, como hijos y hermanos, en una historia de relaciones que nos precede, a recibir la vida de fe no de modo aislado y abstracto, sino en el ámbito de una comunidad concreta, de un “nosotros”, porque nadie se vuelve cristiano por sí mismo y nadie puede vivir como cristiano sin los demás. Pertenecemos a la familia de los creyentes, de tantos hermanos y hermanas que han comenzado a caminar en una vida nueva en el Bautismo (cfr. Ro 6,4) y nos acompañan en el mismo camino. Pienso en particular en los cristianos que hoy enfrentan grandes pruebas, porque sufren y son perseguidos por el nombre de Jesús. Confiesan la fe, llegan al martirio, son tantos los que llevan una cruz pesada. Su testimonio nos impone que vayamos adelante, con amor y coraje, hasta el final. Nuestro diálogo tendiente a la plena unidad, nuestro testimonio y nuestro servicio común, nuestro compromiso en rezar los unos por los otros y a superar las heridas del pasado son respuestas debidas también a ellos, dentro de este grande “nosotros” de la fe . Rezo y espero que el camino hacia la unidad visible continúe cada día y traiga ricos frutos en el futuro, como sucedió en el pasado reciente. La Iglesia Católica, que en particular a través del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, lleva adelante desde hace decenios una fecunda colaboración con la Iglesia de Escocia y con la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas, desea continuar a avanzar juntos. Con gratitud por vuestra presencia aquí y en el camino ecuménico, pido al Espíritu Santo que refuerce nuestra comunión en Jesucristo, para la gloria de Dios Padre. Y a Él podemos dirigirnos juntos en la oración los unos por los otros, Padre Nuestro… (Traducción del italiano: María Cecilia Mutual – RV) (from Vatican Radio)...
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El Papa en Santa Marta: “No hay cristianos tranquilos que no luchen”

Dj, 26/10/2017 - 3:22pm
(RV).- “Jesús nos llama a cambiar de vida, a cambiar de camino, nos llama a la conversión”. Y esto comporta luchar contra el mal, también en nuestro corazón, “una lucha que no te da tranquilidad, pero que te da la paz”. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el cuarto jueves de octubre. Inspirándose en el Evangelio del día que explica que éste es “el fuego” que Jesús trae a la tierra, un fuego que pide el cambio, el Santo Padre dijo: “Cambiar el modo de pensar, cambiar el modo de sentir. Tu corazón que era mundano, pagano, se vuelve ahora cristiano con la fuerza de Cristo: cambiar, ésta es la conversión. Y cambiar en el modo de obrar: tus obras deben cambiar”. Una “conversión – subrayó Francisco – que implica todo: cuerpo y alma, todo”.   “Es un cambio, pero no es un cambio que se hace con ardid: es un cambio que hace el Espíritu Santo, por dentro. Y yo debo colaborar para que el Espíritu Santo pueda obrar. ¡Y esto significa lucha, luchar!”. “No existen los cristianos tranquilos, que no luchan – dijo el Papa – “esos no son cristianos, son unos ‘tibios’”. Y añadió: “También puedes encontrar la tranquilidad para dormir en una pastilla”, pero “no hay pastillas para la paz interior”. De ahí que haya afirmado que “sólo el Espíritu Santo” puede producir “esa paz en el alma que da la fortaleza a los cristianos”. “Y nosotros – prosiguió – debemos ayudar al Espíritu Santo haciéndole espacio en nuestro corazón”. Para lo cual – exhortó – nos ayuda mucho “el examen de conciencia de todos los días”, para “luchar contra las enfermedades espirituales, esas que siembra el enemigo y que son enfermedades de la mundanidad”. El Papa Bergoglio afirmó asimismo que “la lucha que ha iniciado Jesús contra el diablo, contra el mal, no es una cosa antigua, sino sumamente moderna, “es cosa de hoy – dijo – de todos los días”, porque “aquel fuego que Jesús vino a traernos está en nuestro corazón”. Por esta razón debemos dejarlo entrar, y preguntarnos cada día: “¿Cómo he pasado de la mundanidad, del pecado, a la gracia?; ¿he dejado espacio al Espíritu Santo para que Él pudiera obrar?” “Las dificultades en nuestra vida no se resuelven diluyendo la verdad. La verdad es ésta: Jesús ha traído fuego y lucha. ¿Y yo qué hago?”. El Papa Francisco concluyó su homilía afirmando que para la conversión es necesario tener “un corazón generoso y fiel”. “Generosidad – dijo – que proviene siempre del amor”. Y fidelidad, es decir,  “fidelidad a la Palabra de Dios”. (María Fernanda Bernasconi - RV). (from Vatican Radio)...
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Papa: Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad

Dc, 25/10/2017 - 3:59pm
(RV).- En su Audiencia General del cuarto miércoles de octubre el Santo Padre concluyó su serie de catequesis sobre la esperanza cristiana, centrándose en el paraíso, cual meta de nuestra esperanza. Hablando en italiano, el Francisco explicó que precisamente “paraíso” es una de las últimas palabras que Jesús pronunció en la cruz al dirigirse al “buen ladrón”. Invitando a la audiencia a detenerse en esa escena, el Papa destacó que el Señor no estaba solo en la cruz, puesto que tanto a la derecha como a la izquierda había dos malhechores. Y agregó que es posible que al pasar ante las tres cruces izadas sobre el Gólgota, algunas personas hayan pensado que finalmente se hacía justicia. Al recordar que junto a Jesús se encontraba un delincuente que había reconocido merecer aquel terrible suplicio , el Papa Bergoglio afirmó que lo llamamos “el buen ladrón”, en contraposición al otro puesto que dice: “Recibimos lo que nos hemos merecido por nuestras acciones”, tal como se lee en el Evangelio de San Lucas. Refiriéndose a aquel viernes trágico y santo en el Calvario , Francisco dijo que Jesús llega al punto máximo de su encarnación y de su solidaridad con nosotros que somos pecadores. Y también allí el Señor tiene la última cita con un pecador, para abrirle de par en par, también a él, las puertas de su Reino. De hecho – prosiguió explicando el Santo Padre – es la única vez que la palabra “paraíso” aparece en los Evangelios. Y el Hijo de Dios lo promete a un “ pobre diablo ” que en el madero de la cruz tuvo el valor de dirigirle la más humilde de las peticiones: “ Acuérdate de mí cuando entrarás en tu Reino ”. Naturalmente el Papa destacó que no tenía obras de bien para hacer valer y, sin embargo, se encomienda a Jesús, reconociéndolo inocente, bueno y tan diverso de él. Por esta razón – dijo Francisco – fue suficiente aquella palabra de humilde arrepentimiento, para tocar el corazón de Jesús . Por eso el “buen ladrón” nos recuerda nuestra verdadera condición ante Dios. La de ser sus hijos por quienes tiene compasión y a quien desarmaos cada vez que le manifestamos la nostalgia de su amor. Sí, como sucede en las tantas habitaciones de los hospitales o en las celdas de las cárceles. Se trata de un verdadero “milagro” que se repite constantemente puesto que no hay una sola persona, por más mal que haya vivido, que permanezca sola con su desesperación dado que a la gracia es para todos. Después de destacar que ante Dios nos presentamos todos con las manos vacías, como aquel publicano de la parábola que se había detenido a rezar en el fondo del templo, el Papa Bergoglio afirmó que “cada vez que un hombre, haciendo el último examen de conciencia de su vida, descubre que sus faltas superan tanto las obras de bien, no debe desanimarse, sino encomendarse a la misericordia de Dios. Por otra parte, debemos comprender que Dios es Padre y, como tal, espera hasta el último instante para que regresemos a Él, como el hijo pródigo que cuando comienza a confesar sus culpas, el padre le tapa la boca con un abrazo. Del paraíso Francisco explicó que no es un lugar de fábula ni un jardín encantado ; sino el abrazo con Dios, Amor infinito, en el que entramos gracias a Jesús, que murió en la cruz por nosotros. Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad. Sin Él hay frío y tinieblas. En la hora de la muerte – dijo también el Papa Francisco – el cristiano repite a Jesús: “Acuérdate de mí”. Y si no hubiera nadie que se acordara de nosotros – añadió – Jesús estará allí, junto a nosotros. Si creemos esto – concluyó diciendo el Santo Padre – dejaremos de temer la muerte y podemos esperar también en partir de este mundo con serenidad y tanta confianza. (María Fernanda Bernasconi - RV).  (from Vatican Radio)...
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Papa: recen y amen el rezo del Rosario para vivir en Cristo con María

Dc, 25/10/2017 - 2:04pm
El Papa Francisco exhortó a rezar el Rosario, en la última audiencia general del mes que la Iglesia dedica en especial al rezo con el que la Madre de Dios y Madre de la Iglesia nos ayuda con su intercesión materna. Con el Rosario, la Virgen María nos acompaña para que Cristo obre en nuestra vida, nos consuela en el dolor, nos hace experimentar la cercanía de Dios también en las familias : Ésta fue la recomendación del Santo Padre en su cordial saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados: «Al final del mes de octubre, deseo recomendar el rezo del Santo Rosario. Esta oración mariana sea para ustedes, queridos jóvenes, ocasión para penetrar profundamente en el misterio de Cristo que obra en nuestra vida; amen el Rosario, queridos enfermos, para que dé consolación y sentido a vuestros sufrimientos. Que para ustedes, queridos recién casados, se vuelva ocasión privilegiada para experimentar aquella intimidad espiritual con Dios que funda una nueva familia». «Jesús, nuestro hermano y maestro, nos alienta a salir de nuestras casas para obrar el bien y Él lleva a cumplimiento lo que nosotros no logramos hacer» Acogiendo con gran alegría a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo, el Obispo de Roma reiteró su aliento a confiar plenamente en la misericordia y ternura de Dios : «Queridos hermanos y hermanas, concluyendo hoy nuestras reflexiones sobre la esperanza cristiana, dirijamos la mirada hacia el paraíso, donde – con los brazos abiertos – nos espera nuestro Padre celeste. Nos presentará Jesús misericordioso que, desde lo alto de la cruz, no cesa de prometer el paraíso a todo pecador arrepentido. A Él pidamos con esperanza: ‘Jesús acuérdate de nosotros…’ Queridos  amigos, la fe en la vida eterna nos impulsa a no temer los desafíos de esta vida presente, fortalecidos por la esperanza de la victoria de Cristo sobre la muerte . El paraíso es la meta y el objetivo de nuestra existencia. Es el don que Dios nos ofrece, no por nuestros méritos, sino por la inmensidad de Su misericordia y de Su amor infinito; es el abrazo del Padre que nos espera para concedernos Su perdón y para devolvernos nuestra dignidad perdida a causa de nuestros pecados y de nuestro alejarnos de Él. ¡Que el Señor los bendiga y proteja del maligno!» (CdM ) (from Vatican Radio)...
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