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Papa: Aprovechar toda ocasión para ser testigos de la paz del Señor

Dll, 17/04/2017 - 2:49pm
(RV).- Después de rezar el Regina Caeli , es decir la oración mariana que sustituye el Ángelus en el tiempo pascual, al día siguiente de la Pascua de Resurrección, en el llamado “Lunes del Ángel”, el Papa Francisco saludó a los numerosos fieles y peregrinos, procedentes de diversos países, que se dieron cita en la Plaza de San Pedro. A todos ellos, el Santo Padre les dijo: Palabras del Santo Padre tras el rezo del Regina Caeli: Queridos hermanos y hermanas: En el clima pascual que caracteriza esta jornada, los saludo cordialmente a todos ustedes, familias, grupos parroquiales, asociaciones y peregrinos venidos de Italia y de diversas partes del mundo. A cada uno de ustedes les deseo que transcurran con serenidad estos días de la Octava de Pascua, en que se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo. Aprovechen toda buena ocasión para ser testigos de la paz del Señor resucitado. ¡Feliz y Santa Pascua para todos! Y por favor, por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista. (María Fernanda Bernasconi – RV). (from Vatican Radio)...
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Con María anunciemos la Resurrección de Cristo al mundo que sufre, pidió el Papa al rezar el Regina Coeli

Dll, 17/04/2017 - 2:17pm
(RV).- Que la Virgen nos ayude a creer e interceda, en especial, por las comunidades cristianas perseguidas y oprimidas, que en tantas partes del mundo , están llamadas a un testimonio más difícil y valiente, fue el ruego del Papa Francisco, reiterando que también nosotros - hoy - estamos invitados a anunciar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo que ‘¡Cristo ha resucitado, aleluya!’ . Introduciendo el rezo mariano pascual a la Reina del Cielo, con las palabras del Ángel, en el pasaje evangélico del Lunes de Pascua de 2017, el Obispo de Roma hizo hincapié en que afianzados en la Resurrección del Señor – «evento, que constituye la verdadera novedad de la historia y del cosmos - estamos llamados a ser hombres y mujeres nuevos, según el Espíritu, afirmando el valor de la vida . ¡Esto es comenzar ya a resucitar! ». El Papa Francisco señaló que seremos hombres y mujeres de resurrección, si, «en medio de las vicisitudes que atormentan al mundo, a la mundanidad que nos aleja de Dios, sabremos brindar gestos de solidaridad y de acogida, alimentar el anhelo universal de la paz y la aspiración de un ambiente libre de degradación». Signos comunes y humanos que, sostenidos y animados por la fe en el Señor Resucitado, pueden adquirir una eficacia muy superior a nuestras capacidades. « Sí, porque Cristo está vivo y obra en la historia por medio de su Santo Espíritu : rescata nuestras miserias, alcanza todo corazón humano y vuelve a donar esperanza a cualquiera que esté oprimido y en el sufrimiento». (CdM – RV) Voz y texto completo de las palabras del Papa Francisco: «¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! En este lunes de fiesta, llamado ‘Lunes del Ángel’,  la liturgia hace resonar el anuncio de la Resurrección proclamada ayer: ‘¡Cristo ha resucitado aleluya!’. En el pasaje evangélico de hoy podemos percibir el eco de las palabras que el Ángel dirigió a las mujeres que acudieron al sepulcro: «Vayan en seguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos’» (Mt 28,7) Sentimos como dirigida también a nosotros esa invitación a ir enseguida a anunciar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo este mensaje de alegría y de esperanza. ¡De esperanza, de esperanza cierta, porque desde cuando, en la aurora del tercer día, Jesús crucificado ha resucitado, la última palabra ya no la tiene la muerte, sino la vida! ¡Y ésta es nuestra certeza. La última palabra ya no es sepulcro, no es la muerte, es la vida! Por ello repetimos tanto: ‘¡Cristo ha resucitado!’. Porque en Él el sepulcro ha sido derrotado, ha nacido la vida. Afianzados en este evento, que constituye la verdadera novedad de la historia y del cosmos, estamos llamados a ser hombres y mujeres nuevos según el Espíritu, afirmando el valor de la vida . ¡Existe la vida! ¡Esto es comenzar ya a resucitar! Seremos hombres y mujeres de resurrección, hombres y mujeres de vida, si, en medio de las vicisitudes que atormentan al mundo, - hay tantas hoy – en medio de la mundanidad que nos aleja de Dios, sabremos brindar gestos de solidaridad y de acogida, alimentar el anhelo universal de la paz y la aspiración de un ambiente libre de la degradación. Se trata de signos comunes y humanos, pero que, sostenidos y animados por la fe en el Señor Resucitado, adquieren una eficacia muy superior a nuestras capacidades. Y esto es así, porque Cristo está vivo y Cristo obra en la historia por medio de su Santo Espíritu: rescata nuestras miserias, alcanza todo corazón humano y vuelve a donar esperanza a cualquiera que esté oprimido y en el sufrimiento. Que la virgen María, testigo silenciosa de la muerte y resurrección de su hijo Jesús, nos ayude a ser signos límpidos de Cristo resucitado entre las vicisitudes del mundo, para que cuantos están en la tribulación y en las dificultades no permanezcan víctimas del pesimismo,  y de nuestra derrota, de la resignación, sino que encuentren en nosotros a tantos hermanos y hermanas que ofrecen su apoyo y consolación. Que nuestra madre nos ayude a creer firmemente en la resurrección de Jesús: Jesús ha resucitado, está vivo aquí, entre nosotros y esto es un admirable misterio de salvación, y con la capacidad de transformar los corazones y la vida. E interceda en especial por las comunidades cristianas perseguidas y oprimidas, que están hoy en tantas partes del mundo llamadas y un testimonio más difícil y valiente. Y entonces, en la luz y en la alegría de la Pascua, dirijámonos a Ella con la oración, que por cincuenta días, hasta Pentecostés, ocupa el lugar del Ángelus» (Traducción del italiano: Cecilia de Malak – RV) (from Vatican Radio)...
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"Tú, pequeña piedra, tienes un sentido en la vida" dijo Francisco en la Misa de Pascua

Dg, 16/04/2017 - 2:59pm
(RV).- Durante la Misa Pascual 2017 celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco rompió la tradición y pronunció una homilía para reflexionar acerca de los dramas actuales: "pensemos un poco cada uno de nosotros en los problemas cotidianos, en las enfermedades que cada uno de nosotros hemos vivido" dijo Francisco, para después preguntar:  “¿Qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? simplemente esto; la piedra descartada no resulta realmente descartada” afirmó el Pontífice, “las piedritas que creen y se aferran a esa piedra no son descartadas, tienen un sentido”. En ocasiones “la fe en Jesús se puede venir abajo” aseguró el Obispo de Roma, por eso la Iglesia “no deja de decir a nuestros fracasos, a nuestros corazones cerrados, temerosos… ¡detente!, el Señor ha resucitado. Asimismo, el Santo Padre relató que ayer sábado hizo una llamada telefónica a un joven que padece una grave enfermedad, y recordó la conversación con el muchacho cuando este le dijo “nadie me ha preguntado si yo merezco esto”, a lo que Francisco le contestó: “La Iglesia continúa diciendo ¡Jesús ha resucitado!. Y esto no es una fantasía. La resurrección de Cristo no es una fiesta con flores; es algo más”. Por eso, el Papa invitó a pensar, con voz humilde sin flores, solos delante de Dios, delante de nosotros mismos: “Pensemos en las guerras, en las tragedias humanas, no se cómo va esto pero estoy seguro que Cristo ha resucitado y yo apuesto por esto”, concluyó.  Texto y audio COMPLETO de la homilía espontánea de Papa Francisco en el Domingo de Pascua Hoy la Iglesia repite, canta, grita, Jesús ha resucitado, pero ¿cómo es esto? Pedro, Juan y las mujeres fueron al sepulcro y estaba vacío, pero Él no estaba. Y fueron con el corazón cerrado de la tristeza, la tristeza de una derrota, el Maestro, su Maestro, aquel que tanto amaban ha sido justiciado y muerto y de la muerte no se regresa. Esta es la derrota, este es el camino de la derrota, el camino hacia el sepulcro. Pero el ángel les dice: no está aquí, ha resucitado. El primer anuncio, ¡ha resucitado! Después la confusión, el corazón cerrado, las apariciones, ellos cerrados, toda la jornada en el cenáculo porque tenían miedo que les sucediera a ellos lo que le sucedió a Jesús. Y la Iglesia no deja de decir a nuestros fracasos, a nuestros corazones cerrados, temerosos… ¡detente!, el Señor ha resucitado. Pero si el señor ha resucitado como es que suceden estas cosas, como es que suceden tantas desgracias, enfermedades, tráfico de personas, trata de personas, guerra , destrucción, mutilación, revancha, odio… ¿dónde está el Señor? Ayer llame por teléfono a un joven con una enfermedad grave, un joven culto, un ingeniero, y hablando para darle un signo de fe le dije: no hay explicaciones para lo que te sucede, mira a Jesús en la cruz, dios hizo eso con su hijo, no hay otra explicación. Y él me ha contestado: sí. Pero se lo ha pedido al hijo y el hijo a dicho: sí. Pero a mí no me han preguntadosi quería esto, y yo no he dicho que sí. Esto nos conmueve, ha ninguno de nosotros nos han preguntado si estamos contentos con lo que pasa en el mundo, si estamos dispuestos a llevar a delante esta cruz… y la cruz va a delante y la fe en Jesús se viene abajo, por eso la Iglesia continúa diciendo ¡Jesús ha resucitado!. Y esto no es una fantasía. La resurrección de Cristo no es una fiesta con flores; es algo más. Es el Misterio de la piedra descartada que termina por ser el fundamento de nuestra existencia, ¡Cristo ha resucitado!. Y esto significa en esta cultura del descarte, donde eso que no sirve toma el camino del “usa y tira” y todo lo que no sirve viene descartado; esa piedra que ha sido descartada es fuente de vida. También nosotros pequeñas piedras, en esta tierra de dolor, de tragedia, con la fe en Cristo resucitado, tenemos un sentido. En medio de tanta calamidad, sin mirar más allá, no hay un muro sino un horizonte. Está la vida, está la gloria, es la cruz con esta ambivalencia. Mira adelante, no te cierres, tú pequeña piedra tienes un sentido en la vida porque eres una piedra tomada de aquella gran piedra que la maldad del pecado ha descartado. “¿Qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? simplemente esto; la piedra descartada no resulta realmente descartada. Las piedritas que creen y se aferran a esa piedra no son descartadas, tienen un sentido”. Con este sentimiento la Iglesia repite desde dentro del corazón, ¡Cristo ha resucitado! Pensemos un poco cada uno de nosotros en los problemas cotidianos, en las enfermedades que cada uno de nosotros hemos vivido o alguno de nuestros familiares; pensemos en las guerras, en las tragedias humanas, y simplemente con voz humilde, sin flores, solo delante de Dios, delante de nosotros mismos. No se cómo va esto pero estoy seguro que Cristo ha resucitado y yo apuesto por esto. Hermanos y hermanas esto es lo que quería decirles. Vuelvan a casa hoy repitiendo en sus corazones ¡Cristo ha resucitado! (Mireia Bonilla - RV) ...
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El Señor no se cansa de buscarnos en los desiertos del mundo: Mensaje Pascual y bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco

Dg, 16/04/2017 - 2:12pm
“Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: ¡Jesús ha resucitado! Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho”. Comienza con estas palabras, tomadas de los Evangelios de San Lucas y de San Mateo, el Mensaje Pascual que el Papa Francisco dirigió este domingo 16 de abril 2017 desde el balcón central de la Basílica de San Pedro. Después de celebrar la Santa Misa de Pascua y de recorrer en automóvil la plaza de San Pedro repleta de fieles y transformada en jardín florido, símbolo de la alegría por la Resurrección de Cristo, el Pontífice explicó que la antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo judío, alcanza aquí su cumplimiento, porque Jesucristo “el Buen Pastor nos ha liberado del pecado”. Asegurando que en toda época de la historia el Pastor Resucitado “no se cansa de buscarnos” el Obispo de Roma subrayó que “también hoy, Él toma sobre sus hombros a nuestros hermanos oprimidos por tantas clases de mal”: a quien sufre la soledad y la marginación, a cuantos son víctimas de trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación o graves dependencias. El Pastor Resucitado lleva también sobre sus hombros a los niños y a los adolescentes explotados y a “quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa” –  afirmó el Papa – y se transforma en “compañero de camino” de emigrantes forzados, que han dejado sus tierras a causa de conflictos armados, terrorismo o carestías”. Francisco dirigió un pensamiento especial a las poblaciones de Siria, Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo, Ucrania que sufren conflictos sin fin y deseó paz para todo el Oriente Medio, en especial para Tierra Santa, Irak y Yemen. Sin olvidar a América Latina, marcada por tensiones políticas y sociales, para que Jesús Resucitado “sostenga los esfuerzos de quienes se comprometen por el bien común”. Que Jesús Resucitado, pidió también el Santo Padre, “done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y se acabe con el tráfico de armas ”. Finalmente, el corazón del Papa fue al continente europeo deseando que el Señor Resucitado dé esperanza a quien sufre la falta de trabajo , en particular a los jóvenes . Concluyendo su Mensaje y antes de impartir su bendición Urbi et Orbi, es decir a la Ciudad de Roma y al mundo, el Pontífice recordó que hoy, los cristianos de todas las confesiones celebran juntos la Pascua y así – dijo – resuena a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: ¡Era verdad, ha resucitado el Señor! (María Cecilia Mutual – Radio Vaticano) Texto completo del Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición Urbi et Orbi Queridos hermanos y hermanas,¡Feliz Pascua! Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor , como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6). La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna. Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: « Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya » ( Misal Romano , IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión). En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión —las heridas de su amor misericordioso— nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal. El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios. Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa. El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común. Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas. Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen. Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor. Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho. Que el Buen Pastor ayude a ucraniana, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias. Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes. Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua. Después de la bendición Urbi et Orbi el Santo Padre dirigió el saludo pascual: Queridos hermanos y hermanas, Dirijo mi deseo de Buena Pascua a todos ustedes, quienes están reunidos aquí, procedentes de Italia y de otros países, así como a cuantos están unidos a través de los diferentes medios de comunicación. Que el anuncio pascual de Cristo Resucitado pueda reavivar las esperanzas de sus familias y de sus comunidades, en especial de las nuevas generaciones, futuro de la Iglesia y de la humanidad. Un agradecimiento especial a quienes han donado y a quienes han colocado las decoraciones florales, que también este ano provienen de diferentes países. Que puedan sentir cada día la presencia del Señor Resucitado, y compartir con los otros la alegría y la esperanza que Él nos dona. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buena fiesta y ¡hasta la vista! (Traducción del italiano: Mireia Bonilla – RV) (from Vatican Radio)...
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Vayamos a anunciar el latir del Resucitado, fermento de nueva humanidad: el Papa en la Vigilia Pascual

Dg, 16/04/2017 - 2:00am
“Vayamos a anunciar, a compartir y a descubrir que el Señor está vivo”: fue ésta la invitación del Papa Francisco en la homilía de la Vigilia Pascual, celebrada en la noche del Sábado Santo en la Basílica de San Pedro. “El Señor está vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza - dijo el Papa - que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad”. Basando su reflexión en el pasaje de Mateo que relata la visita de dos mujeres, María Magdalena y la otra María, al sepulcro de Jesús, el Pontífice instó a encontrar en sus rostros, llenos de dolor pero incapaces de resignarse, los rostros de madres, abuelas, niños y jóvenes que “resisten el peso y el dolor de tanta injusticia humana”. En ellas, vemos reflejados los rostros de aquellos que “sienten el dolor de la miseria, de la explotación y la trata”, señaló el Santo Padre; de quienes sufren “el desprecio por ser inmigrantes, la soledad o el “abandono por tener las manos demasiado arrugadas”. El dolor de madres que lloran por la vida de sus hijos “sepultada por la corrupción”, bajo el egoísmo cotidiano que quita derechos o “la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien”. En su homilía el Santo Padre explicó que el “don” de Jesús Resucitado, fuerza transformadora y fermento de nueva humanidad, es la promesa reservada por Dios a su pueblo fiel y eso es lo que esta noche se nos invita a anunciar: ¡Cristo vive! Finlmente la invitación del Pontífice a volver, como las dos mujeres, sobre nuestros pasos y “anunciar la noticia a todos los lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra”. (María Cecilia Mutual – RV) Texto completo de la homilía del Papa «En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro» (Mt 28,1). Podemos imaginar esos pasos…, el típico paso de quien va al cementerio, paso cansado de confusión, paso debilitado de quien no se convence de que todo haya terminado de esa forma… Podemos imaginar sus rostros pálidos… bañados por las lágrimas y la pregunta, ¿cómo puede ser que el Amor esté muerto? A diferencia de los discípulos, ellas están ahí —como también acompañaron el último respiro de su Maestro en la cruz y luego a José de Arimatea a darle sepultura—; dos mujeres capaces de no evadirse, capaces de aguantar, de asumir la vida como se presenta y de resistir el sabor amargo de las injusticias. Y allí están, frente al sepulcro, entre el dolor y la incapacidad de resignarse, de aceptar que todo siempre tenga que terminar igual. Y si hacemos un esfuerzo con nuestra imaginación, en el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana. Vemos reflejados en ellas el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotación y la trata. En ellas también vemos el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas. Ellas son el rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien. Ellas, en su dolor, son el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad, ven crucificada la dignidad. En el rostro de estas mujeres, están muchos rostros, quizás encontramos tu rostro y el mío. Como ellas, podemos sentir el impulso a caminar, a no conformarnos con que las cosas tengan que terminar así. Es verdad, llevamos dentro una promesa y la certeza de la fidelidad de Dios. Pero también nuestros rostros hablan de heridas, hablan de tantas infidelidades, personales y ajenas, hablan de nuestros intentos y luchas fallidas. Nuestro corazón sabe que las cosas pueden ser diferentes pero, casi sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración. Más aún, podemos llegar a convencernos de que esa es la ley de la vida, anestesiándonos con desahogos que lo único que logran es apagar la esperanza que Dios puso en nuestras manos. Así son, tantas veces, nuestros pasos, así es nuestro andar, como el de estas mujeres, un andar entre el anhelo de Dios y una triste resignación. No sólo muere el Maestro, con él muere nuestra esperanza. «De pronto tembló fuertemente la tierra» (Mt 28,2). De pronto, estas mujeres recibieron una sacudida, algo y alguien les movió el suelo. Alguien, una vez más salió, a su encuentro a decirles: «No teman», pero esta vez añadiendo: «Ha resucitado como lo había dicho» (Mt 28,6). Y tal es el anuncio que generación tras generación esta noche santa nos regala: No temamos hermanos, ha resucitado como lo había dicho. «La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo» (cfr R. GUARDINI, El Señor). El latir del Resucitado se nos ofrece como don, como regalo, como horizonte. El latir del Resucitado es lo que se nos ha regalado, y se nos quiere seguir regalando como fuerza transformadora, como fermento de nueva humanidad. Con la Resurrección, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere también hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena. Cuando el Sumo Sacerdote y los líderes religiosos en complicidad con los romanos habían creído que podían calcularlo todo, cuando habían creído que la última palabra estaba dicha y que les correspondía a ellos establecerla, Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad. Dios, una vez más, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar. Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambió el paso de María Magdalena y la otra María, eso es lo que las hace alejarse rápidamente y correr a dar la noticia (cf. Mt 28,8). Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros. Así como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos… a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos. Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar. (from Vatican Radio)...
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El Papa presidirá hoy la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro

Ds, 15/04/2017 - 6:22pm
A las 20.30 de hoy, Sábado Santo, el Papa Francisco presidirá la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro. Durante la ceremonia, en la cual los católicos esperan la resurrección de Jesús, el Pontífice bendecirá el "fuego nuevo" en el atrio de la basílica y el cirio pascual, encabezando el rito del encendido de las velas que simbolizan el fin de las tinieblas y el renacimiento en la luz de Cristo. Después del ingreso procesional, enmarcado por el canto del Exsultet, Francisco presidirá la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal y la Liturgia Eucarística, que será concelebrada con los Cardenales, Obispos y presbíteros. La celebración precede a la solemne Misa de mañana, Domingo de Resurrección, presidida por el Pontífice. Seguidamente, el Santo Padre dirigirá el Mensaje de Pascua a los fieles del mundo entero e impartirá la bendición Urbi et Orbi , es decir,  " para la ciudad y para el mundo" desde el balcón central de la Basílica Vaticana. (MCM-RV) (from Vatican Radio)...
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Pasión del Señor, P. Cantalamessa: “La cruz de Cristo, esperanza frente a una sociedad líquida”

Dv, 14/04/2017 - 8:11pm
(RV).- “El corazón de carne, prometido por Dios en los profetas, está ya presente en el mundo: es el Corazón de Cristo traspasado en la cruz. Al recibir la Eucaristía, creemos firmemente que ese corazón viene a latir también dentro de nosotros. Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del corazón, como el publicano en el templo: ¡Oh, Dios, ten piedad de mí, pecador!”, lo dijo el P. Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia en su homilía del Viernes Santo, en la celebración de la Pasión del Señor, presidida por el Papa Francisco, en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el P. Cantalamessa señaló que, el relato de la Pasión de Cristo, aparentemente se presenta como nada más que la crónica de una muerte violenta. Es más dijo, en la actualidad nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticieros. Incluso en estos últimos días ha habido algunas, como la de los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto, señaló. ¿Por qué, entonces, después de 2000 años, el mundo recuerda todavía la muerte de Jesús de Nazaret como si hubiera pasado ayer?, se preguntó el Predicador. El motivo es que su muerte – la muerte de Jesús – ha cambiado el sentido mismo de la muerte. Comentando algunos pasajes bíblicos de la vida pública de Jesús en los que ya se prefiguraba la resurrección, el P. Cantalamessa precisó que, “tras el sacrificio de Cristo, más profundo que el corazón de tinieblas, palpita en el mundo un corazón de luz. En efecto, dijo el Predicador, Cristo al subir al cielo, no ha abandonado la tierra, como, al encarnarse, no había abandonado la Trinidad”. Y existe en la tradición de los monjes cartujos – afirmó el P. Cantalamessa – un escudo que figura en la entrada de sus monasterios, en sus documentos oficiales y en otras ocasiones. En él está representado el globo terráqueo, rematado por una cruz, con una inscripción alrededor: Stat crux dum volvitur orbis: está inmóvil la cruz, entre las evoluciones del mundo. Pero, ¿Qué representa la cruz, para que sea este punto fijo, este árbol maestro entre la agitación del mundo?, se pregunta el Predicador. Ella es el «No» definitivo e irreversible de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo lo que llamamos «el mal»; y, al mismo tiempo, agregó el P. Cantalamessa, es el «Sí», igualmente irreversible, al amor, a la verdad, al bien. «No» al pecado, «Sí» al pecador. Es lo que Jesús ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte. La cruz no «está», pues, contra el mundo, precisó el padre franciscano, sino para el mundo: para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habrá en la historia humana. «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar el mundo —dice Jesús a Nicodemo—, sino para que el mundo se salve por medio de él». La cruz, dijo el P. Cantalamessa, es la proclamación viva de que la victoria final no es de quien triunfa sobre los demás, sino de quien triunfa sobre sí mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto completo y audio de la homilía del P. Raniero Cantalamessa, ofmcap «O CRUX, AVE, SPES UNICA» La cruz, única esperanza del mundo  Predicación del Viernes Santo de 2017 en la Basílica de San Pedro Acabamos de escuchar el relato de la Pasión de Cristo. Nada más que la crónica de una muerte violenta. Nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticiarios. Incluso en estos últimos días ha habido algunas, como la de los 38 cristianos coptos asesinados en Egipto. ¿Por qué, entonces, después de 2000 años, el mundo recuerda todavía la muerte de Jesús de Nazaret como si hubiera pasado ayer? El motivo es que su muerte ha cambiado el sentido mismo de la muerte. Reflexionemos algunos instantes sobre todo esto. «Al llegar a Jesús, viendo que ya estaba muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con una lanza le atravesó el costado, e inmediatamente salió sangre y agua» (Jn 19,33-34). Al comienzo de su ministerio, a quien le preguntaba con qué autoridad expulsaba a los mercaderes del Templo, Jesús respondió: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2,19.21), había comentado Juan en aquella ocasión, y he aquí que ahora el mismo evangelista nos atestigua que del lado de este templo «destruido» brotan agua y sangre. Es una alusión evidente a la profecía de Ezequiel que hablaba del futuro templo de Dios, del lado del que brota un hilo de agua que se convierte primero en riachuelo, luego un río navegable y en torno al cual florece toda forma de vida (cf. Ez 47, 1 ss.).  Pero penetremos dentro de la fuente de este «río de agua viva» (Jn 7,38), en el corazón traspasado de Cristo. En el Apocalipsis, el mismo discípulo al que Jesús amaba escribe: «Luego vi, en medio del trono, rodeado por los cuatro seres vivientes y los ancianos, un Cordero, en pie, como inmolado» (Ap 5,6). Inmolado, pero en pie, es decir, traspasado, pero resucitado y vivo.  Existe ya, dentro de la Trinidad y dentro del mundo, un corazón humano que late, no sólo metafóricamente, sino realmente. Si, en efecto, Cristo ha resucitado de la muerte, también su corazón ha resucitado de la muerte; él vive, como todo el resto de su cuerpo, en una dimensión distinta de antes, real, aunque mística. Si el Cordero vive en el cielo «inmolado, pero de pie», también su corazón comparte el mismo estado; es un corazón traspasado pero viviente; eternamente traspasado, precisamente porque está eternamente vivo.  Fue creada una expresión para describir el colmo de la maldad que puede amasarse en el seno de la humanidad: «corazón de tinieblas». Tras el sacrificio de Cristo, más profundo que el corazón de tinieblas, palpita en el mundo un corazón de luz. En efecto, Cristo al subir al cielo, no ha abandonado la tierra, como, al encarnarse, no había abandonado la Trinidad. «Ahora se realiza el designio del Padre —dice una antífona de la Liturgia de las Horas—, hacer Cristo el corazón del mundo». Esto explica el irreductible optimismo cristiano que hizo exclamar a una mística medieval: «El pecado es inevitable, pero todo estará bien y todo tipo de cosa estará bien» (Juliana de Norwich). * * * Los monjes cartujos adoptaron un escudo que figura en la entrada de sus monasterios, en sus documentos oficiales y en otras ocasiones. En él está representado el globo terráqueo, rematado por una cruz, con una inscripción alrededor: «Stat crux dum volvitur orbis: está inmóvil la cruz, entre las evoluciones del mundo. ¿Qué representa la cruz, para que sea este punto fijo, este árbol maestro entre la agitación del mundo? Ella es el «No» definitivo e irreversible de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo lo que llamamos «el mal»; y, al mismo tiempo, es el «Sí», igualmente irreversible, al amor, a la verdad, al bien. «No» al pecado, «Sí» al pecador. Es lo que Jesús ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte.  La razón de esta distinción es clara: el pecador es criatura de Dios y conserva su dignidad a pesar de todos sus desvíos; el pecado no; es una realidad espuria, añadida, fruto de las propias pasiones y de la «envidia del demonio» (Sab 2,24). Es la misma razón por la que el Verbo, al encarnarse, asumió todo del hombre, excepto el pecado. El buen ladrón, a quien Jesús moribundo promete el paraíso, es la demostración viva de todo esto. Nadie debe desesperar; nadie debe decir, como Caín: «Demasiado grande es mi culpa para obtener el perdón» (Gén 4,13). La cruz no «está», pues, contra el mundo, sino para el mundo: para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habrá en la historia humana. «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar el mundo —dice Jesús a Nicodemo—, sino para que el mundo se salve por medio de él» (Jn 3,17). La cruz es la proclamación viva de que la victoria final no es de quien triunfa sobre los demás, sino de quien triunfa sobre sí mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre.  * * * «Dum volvitur orbis», mientras que el mundo realiza sus evoluciones. La historia humana conoce muchos tránsitos de una era a otra: se habla de la edad de piedra, del bronce, hierro, de la edad imperial, de la era atómica, de la era electrónica. Pero hoy hay algo nuevo. La idea de transición no basta ya para describir la realidad en curso. A la idea de mutación se debe agregar la de aplastamiento. Vivimos, se ha escrito, en una sociedad «líquida»; ya no hay puntos firmes, valores indiscutibles, ningún escollo en el mar, a los que aferrarnos, o contra los cuales incluso chocar. Todo es fluctuante.  Se ha realizado la peor de las hipótesis que el filósofo había previsto como efecto de la muerte de Dios, la que el advenimiento del súper-hombre debería haber evitado, pero que no ha impedido: «¿Qué hicimos para disolver esta tierra de la cadena de su sol? ¿Dónde se mueve ahora? ¿Dónde nos movemos nosotros? ¿Fuera de todos los soles? ¿No es el nuestro un eterno precipitar? ¿Hacia atrás, de lado, hacia adelante, por todos los lados? ¿Existe todavía un alto y un bajo? ¿No estamos acaso vagando como a través de una nada infinita?»[1]  Se dijo que «matar a Dios es el más horrendo de los suicidios», y es lo que estamos viendo. No es verdad que «donde nace Dios, muere el hombre» (J.-P. Sartre); es verdad lo contrario: donde muere Dios, muere el hombre. Un pintor surrealista de la segunda mitad del siglo pasado (Salvador Dalí) pintó un crucificado que parece una profecía de esta situación. Una cruz inmensa, cósmica, con un Cristo encima, igualmente monumental, visto desde arriba, con la cabeza reclinada hacia abajo. Sin embargo, debajo de él no existe la tierra firme, sino el agua. El crucifijo no está suspendido entre cielo y tierra, sino entre el cielo y el elemento líquido del mundo.  Esta imagen trágica (hay también como trasfondo, una nube que podría aludir a la nube atómica), contiene, sin embargo, una certeza consoladora: ¡Hay esperanza incluso para una sociedad líquida como la nuestra! Hay esperanza, porque encima de ella «está la cruz de Cristo». Es lo que la liturgia del Viernes Santo nos hace repetir cada año con las palabras del poeta Venancio Fortunato: «O crux, ave spes única», Salve, oh cruz, esperanza única del mundo. Sí, Dios ha muerto, ha muerto en su Hijo Jesucristo; pero no ha permanecido en la tumba, ha resucitado. «¡Vosotros lo crucificasteis —grita Pedro a la multitud el día de Pentecostés—, pero Dios lo ha resucitado!» (Hch 2,23-24). Él es quien «había muerto, pero ahora vive por los siglos» (Ap 1,18). La cruz no «está» inmóvil en medio de los vaivenes del mundo como recuerdo de un acontecimiento pasado, o un puro símbolo; está en él como una realidad en curso, viva y operante.  * * * Sin embargo, confundiríamos esta liturgia de la pasión, si nos detuviéramos, como los sociólogos, en el análisis de la sociedad en que vivimos. Cristo no ha venido a explicar las cosas, sino a cambiar a las personas. El corazón de tinieblas no es solamente el de algún malvado escondido en el fondo de la jungla, y tampoco el de la nación y el de la sociedad que lo ha producido. En distinta medida está dentro de cada uno de nosotros.  La Biblia lo llama el corazón de piedra: «Arrancaré de ellos el corazón de piedra —dice Dios en el profeta Ezequiel— y les daré un corazón de carne» (Ez 36,26). Corazón de piedra es el corazón cerrado a la voluntad de Dios y al sufrimiento de los hermanos, el corazón de quien acumula sumas ilimitadas de dinero y queda indiferente ante la desesperación de quien no tiene un vaso de agua para dar al propio hijo; es también el corazón de quien se deja dominar completamente por la pasión impura, dispuesto a matar por ella, o a llevar una doble vida. Para no quedarnos con la mirada siempre dirigida hacia el exterior, hacia los demás, digamos, más concretamente: es nuestro corazón de ministros de Dios y de cristianos practicantes si vivimos todavía fundamentalmente «para nosotros mismos» y no «para el Señor».  Está escrito que en el momento de la muerte de Cristo «el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo, la tierra tembló, las rocas se rompieron, los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos muertos resucitaron» (Mt 27,51s). De estos signos se da, normalmente, una explicación apocalíptica, como de un lenguaje simbólico necesario para describir el acontecimiento escatológico. Pero también tienen un significado parenético: indican lo que debe suceder en el corazón de quien lee y medita la Pasión de Cristo. En una liturgia como la presente, san León Magno decía a los fieles: «Tiemble la naturaleza humana ante el suplicio del Redentor, rómpanse las rocas de los corazones infieles y salgan los que estaban cerrados en los sepulcros de su mortalidad, levantando la piedra que gravaba sobre ellos»[2]. El corazón de carne, prometido por Dios en los profetas, está ya presente en el mundo: es el Corazón de Cristo traspasado en la cruz, lo que veneramos como «el Sagrado Corazón». Al recibir la Eucaristía, creemos firmemente que ese corazón viene a latir también dentro de nosotros. Al mirar dentro de poco la cruz digamos desde lo profundo del corazón, como el publicano en el templo: «¡Oh, Dios, ten piedad de mí, pecador!, y también nosotros, como él, volveremos a casa «justificados» (Lc 18,13-14) .   [1] F. Nietzsche, La gaya ciencia, aforismo 125 (Edaf, Madrid 2002). [2] San León Magno, Sermo 66, 3: PL 54, 366. (from Vatican Radio)...
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Saludos del Papa Francisco a Benedicto XVI con ocasión de la Pascua y de sus 90 años

Dv, 14/04/2017 - 6:55pm
(RV).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer que la tarde del miércoles, 12 de abril, el Papa Francisco visitó el Monasterio “Mater Ecclesiae” en el Vaticano, para felicitar, como cada año, al Papa emérito, Benedicto XVI con ocasión de la Pascua. Asimismo, se informa que el Papa Bergoglio, aprovechó la ocasión para saludar al Papa emérito por su 90° cumpleaños que cumplirá precisamente el día de Pascua, este domingo, 16 de abril. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Esta noche el Papa preside el Vía Crucis en el Coliseo

Dv, 14/04/2017 - 4:47pm
Hoy Viernes Santo, segundo día del Triduo Pascual, la Iglesia medita sobre la Pasión de Cristo. Las campanas no suenan en señal de luto y no se celebra la Eucaristía. Se recuerda la crucifixión y muerte de Jesús con la Liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y el rito de la Comunión. El Papa Francisco presidirá la celebración de la Pasión del Señor esta tarde a las 17 en la Basílica de San Pedro. La homilía estará a cargo del predicador de la Casa Pontificia, el padre capuchino Raniero Cantalamessa. Por la noche, a las 21.15 el Pontífice presidirá, en el Coliseo, el Vía Crucis , evocando en las 14 estaciones, las últimas horas de la vida terrenal de Jesús. Estaciones que este año pondrán en evidencia la presencia femenina y el drama de las guerras, de los migrantes, de las familias laceradas y los niños abusados. Así lo explica en una entrevista la autora de las meditaciones, la biblista francesa Anne Marie Pelletier , ante el micrófono de nuestra colega Tiziana Campisi: “Me basé en el hecho que el Vía Crucis tiene diversas referencias, no tiene un esquema vinculante y elegí aquellos momentos que me parecieron particularmente significativos. Así decidí incluir la negación de Pedro y la escena en la cual Pilatos, consultado por las autoridades judías, declara también él que Cristo debía ser crucificado. Para mí era muy importante recordar, en esta circunstancia, a judíos y paganos unidos en la complicidad de la condena a muerte de Jesús” - afirma la biblista. Y pone en evidencia que en el curso de los siglos los cristianos estuvieron tentados de atribuir la responsabilidad de la muerte de Cristo sólo al pueblo judío. “Pero los textos así como han sido escritos – explica –  nos ayudan a entender que en realidad, nos encontramos ante un enorme drama espiritual, en el cual judíos y paganos están unidos en el mismo rechazo de Cristo, en la misma violencia que lleva a su condena a muerte”. La Cruz de Cristo será llevada al Coliseo por el cardenal vicario Agostino Vallini, una familia romana, representantes de la Unitalsi y religiosos y laicos de diversos países, entre los cuales Egipto, Portugal y Colombia, países que el Papa visitará este año. (MCM-RV) (from Vatican Radio)...
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El Viernes Santo del Papa Francisco

Dv, 14/04/2017 - 3:54pm
(RV).- La alegría y el entusiasmo del Santo Padre incluso durante la Semana Santa que estamos viviendo en espera de la Resurrección de Nuestro Señor. De hecho, como él mismo afirmó en su homilía de la Misa del Domingo de Ramos – esta Semana Mayor se caracteriza por ese “doble sabor, dulce y amargo”, siendo alegre y dolorosa a la vez, puesto que por una parte revivimos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, “aclamado por sus Discípulos como Rey” y, por otra, se proclamamos el relato del Evangelio sobre su Pasión. El Papa Francisco sabe – tal como él mismo lo ha dicho y escrito – que ha sido “ misericordiado ”, es decir perdonado. Mientras como ha reafirmado en tantas ocasiones, “Dios nos perdona siempre”. Nos lo recuerda el jesuita Guillermo Ortiz, Coordinador de los Programas en lengua española de nuestra emisora, con quien hemos conversado para que nos hable específicamente del Viernes Santo de Francisco, tanto desde el punto de vista espiritual como personal. (María Fernanda Bernasconi – RV). (from Vatican Radio)...
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Papa Francisco reza por las mujeres crucificadas durante el tradicional viacrucis en el coliseo romano

Dv, 14/04/2017 - 2:37pm
(RV).- Este Viernes Santo por la noche el Santo Padre Francisco presidió el tradicional viacrucis en el Coliseo romano, lugar significativo que recuerda a tantos mártires de la Antigua Roma, y en el que miles de fieles se reunieron para conmemorar junto al Papa Francisco la Pasión del Señor; el calvario de Jesús antes de la crucifixión en una solemne ceremonia.  Este año 2017 el Papa encomendó a una mujer la escritura de los textos de las meditaciones de viacrucis. Se trata de la biblista francesa Anne-Marie Pelletier, de 71 años de edad y profesora de Sagrada Escritura y Hermenéutica bíblica, quien en 2014 recibió el Premio Ratzinger. Durante las catorce estaciones del viacrucis, mientras que fieles de diferentes nacionalidades cargaban la cruz, se rezó por las mujeres crucificadas, tal como Francisco invitó a los fieles presentes durante su Catequesis del pasado miércoles 12 de abril. De esta manera, el Obispo de Roma buscó sensibilizar a la sociedad actual sobre el drama de las mujeres víctimas de la trata y la esclavitud de la prostitución. (Mireia Bonilla – RV) (from Vatican Radio)...
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El Papa celebra la Misa in Coena Domini desde la cárcel

Dj, 13/04/2017 - 7:58pm
(RV).-  Imitando el gesto de Jesús en la Ultima cena, iniciando el Triduo Pascual, el Papa Francisco lavó los pies a doce reclusos detenidos en la prisión de Paliano, en la provincia de Frosinone, a unos 60 kilómetros de Roma.  Entre los 12 presos de esta cárcel se encuentran tres mujeres, un musulmán que se convertirá al catolicismo el próximo junio al recibir el bautismo, un argentino, un albanés, e italianos. Entre ellos, dos reclusos condenados a cadena perpetua. Desde que fue elegido, el papa Bergoglio ha continuado la tradición que mantenía cuando era arzobispo de Buenos Aires y, en el primer año de su pontificado, lavó los pies de doce menores recluidos en una cárcel romana. El año siguiente lo hizo a doce discapacitados de distinta edad, nacionalidad y religión de un centro de ayuda, después repitió el rito en la cárcel romana de Rebbibia, y el año pasado lavó los pies de 12 refugiados del centro de acogida de Castel Novo di Porto, en la provincia de Roma. (RC-RV)     (from Vatican Radio)...
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Papa: pedir con más fuerza la paz, el mundo pare a los señores de la guerra, visitar a los encarcelados

Dj, 13/04/2017 - 4:25pm
(RV).- «Pienso que hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y maltrato, en el abandono de los más frágiles. El mundo debe parar a los señores de la guerra. Porque los que pagan son siempre los últimos, los inermes». Así empieza el artículo que presenta la entrevista al Papa Francisco , realizada por el periodista Paolo Rodari, del diario italiano La Repubblica , y publicada en el día en el que el Papa celebra la Misa de la Cena del Señor con el rito del lavatorio de los pies a algunos detenidos, en la Cárcel de Paliano, Frosinone, en la diócesis de Palestrina, a unos 60 kilómetros de Roma. Ante la pregunta de cómo está viviendo esta víspera de Pascua caracterizada por un escenario mundial de alta tensión, el Papa responde: «Pienso sólo en pedir con más fuerza la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de hombres y mujeres». Y a la pregunta de por qué también este Jueves Santo va a una cárcel la respuesta del Santo Padre es: «El pasaje evangélico del juicio universal dice: ‘Estuve preso y me viniste a visitar’. Allí está, el mandato de Jesús vale para cada uno de nosotros , pero sobre todo para el obispo que es el padre de todos». En varias oportunidades ha dicho que se siente pecador como los encarcelados, ¿en qué sentido? – es otra pregunta a la que el Papa Francisco responde: «Algunos dicen: son culpables. Yo respondo con la palabra de Jesús: el que no tiene culpa que tire la primera piedra. Mirémonos dentro y tratemos de ver nuestras culpas. Entonces, el corazón se volverá más humano». En este contexto, el entrevistador le pregunta al Santo Padre si eso es lo que tienen que hacer los pastores. Es decir, estar al servicio de todos. Y él responde: «Como sacerdotes y como obispos tenemos que estar siempre al servicio de. Como dije en una visita a una cárcel, el primer Jueves Santo, después de mi elección: es un deber que me nace del corazón». Ante la pregunta de lo que piensa sobre las armas que matan también en estos días, el Papa añade: «Como ya dije también en el reciente mensaje para la jornada mundial de la paz, el siglo pasado fue devastado por dos guerras mundiales terribles, ha conocido la amenaza de la guerra nuclear y numerosos otros conflictos, al tiempo que hoy, lamentablemente, estamos ante una terrible guerra mundial a pedazos. No es fácil saber si el mundo en la actualidad es más o menos violento que ayer, ni si los medios modernos de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hacen tener más conciencia de la violencia o nos acostumbran más a ella». ¿Lleva a la cárcel un mensaje de paz y de esperanza a pesar de todo? Es la pregunta con la que termina la entrevista. Y el Papa responde: A veces, cierta hipocresía lleva a ver en los encarcelados sólo a personas que se han equivocado, para las cuales el único camino es el de la cárcel. Pero, repito, una vez más, todos tenemos la posibilidad de equivocarnos. Todos de una u otra forma nos equivocamos. Y la hipocresía hace que no se piense en la posibilidad de cambiar de vida: hay poca confianza en la rehabilitación, en la reinserción en la sociedad. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, a menudo, también somos prisioneros sin darnos cuenta. Cuando se permanece encerrados en prejuicios propios, o se es esclavos de los ídolos de un falso bienestar, cuando nos movemos dentro de esquemas ideológicos o se absolutizan leyes de mercado que aplastan a las personas, en realidad no se hace más que estar entre los estrechos muros de la celda del individualismo y de la autosuficiencia, privados de la verdad que genera la libertad. Y señalar con el dedo a alguien que se ha equivocado no puede volverse una coartada para esconder sus propias contradicciones». (CdM – RV) (from Vatican Radio)...
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El Papa en la Misa Crismal: “Sacerdotes, ungidos para anunciar la verdad, la misericordia y la alegría”

Dj, 13/04/2017 - 12:13pm
(RV).- “Al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía en la celebración de la Santa Misa del Crisma al inicio del Triduo pascual, en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice recordó que, Jesús fue ungido por el Espíritu Santo para anunciar la Buena Notica a los pobres. “Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, precisó el Papa, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás”. Como todo discípulo misionero, agregó el Obispo de Roma, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. En este sentido, la Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir Evangelio – afirmó el Papa Francisco – como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, dijo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. “La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. La Buena Noticia nace de la Unción. La primera, la gran unción sacerdotal de Jesús, es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María”. La Buena Noticia. Una sola Palabra – Evangelio – que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad. Por ello, advirtió el Pontífice, que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad – no negociable –, su Misericordia – incondicional con todos los pecadores – y su Alegría – íntima e inclusiva –. Refiriéndose a las alegrías del Evangelio, el Papa Francisco señaló que son alegrías especiales, que vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje. Les comparto, queridos sacerdotes, queridos hermanos, agregó el Papa, tres íconos de odres nuevos en los que la Buena Noticia cabe bien, no se avinagra y se vierte abundantemente. “Un ícono de la Buena Noticia es el de las tinajas de piedra de las bodas de Caná. El segundo ícono de la Buena Noticia es aquella vasija que – con su cucharón de madera – al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Este, refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción. El tercer ícono de la Buena Noticia, señalo el Papa, es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa – humilde y pobre – que atrae a todos hacia sí”. Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco alentó a los sacerdotes a que, “contemplando y bebiendo de estos tres odres nuevos, la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor”. (Renato Martinez – Radio Vaticano) Texto y audio completo de la homilía del Papa Francisco «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4, 18). El Señor, Ungido por el Espíritu, lleva la Buena Noticia a los pobres. Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás. Y, al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, —breve en lo posible— lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. Y, por otra parte, son precisamente los detalles más pequeños —todos lo hemos experimentado— los que mejor contienen y comunican la alegría: el detalle del que da un pasito más y hace que la misericordia se desborde en la tierra de nadie. El detalle del que se anima a concretar y pone día y hora al encuentro. El detalle del que deja que le usen su tiempo con mansa disponibilidad… La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir «Evangelio»: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo. La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. Lo sabe el que experimenta «la dulce y confortadora alegría de anunciar» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 10). La Buena Noticia nace de la Unción. La primera, la «gran unción sacerdotal» de Jesús, es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María. En aquellos días, la feliz noticia de la Anunciación hizo cantar el Magníficat a la Madre Virgen, llenó de santo silencio el corazón de José, su esposo, e hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su madre Isabel. Hoy, Jesús regresa a Nazaret, y la alegría del Espíritu renueva la Unción en la pequeña sinagoga del pueblo: el Espíritu se posa y se derrama sobre él ungiéndolo con oleo de alegría (cf. Sal 45,8). La Buena Noticia. Una sola Palabra —Evangelio— que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad. Que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad —no negociable—, su Misericordia —incondicional con todos los pecadores— y su Alegría —íntima e inclusiva—. Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros. Nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso. Nunca podrá ser triste o neutro el Anuncio, porque es expresión de una alegría enteramente personal: «La alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 237). La alegría de Jesús al ver que los pobres son evangelizados y que los pequeños salen a evangelizar (cf. ibíd., 5). Las alegrías del Evangelio —lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona en cada cultura particular— son alegrías especiales. Vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje. Les comparto, queridos sacerdotes, queridos hermanos, tres íconos de odres nuevos en los que la Buena Noticia cabe bien, no se avinagra y se vierte abundantemente. Un ícono de la Buena Noticia es el de las tinajas de piedra de las bodas de Caná (cf. Jn 2,6). En un detalle, espejan bien ese Odre perfecto que es —Ella misma, toda entera— Nuestra Señora, la Virgen María. Dice el Evangelio que «las llenaron hasta el borde» (Jn 2,7). Imagino yo que algún sirviente habrá mirado a María para ver si así ya era suficiente y habrá sido un gesto suyo el que los llevó a echar un balde más. María es el odre nuevo de la plenitud contagiosa. «Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286), Nuestra Señora de la prontitud, la que apenas ha concebido en su seno inmaculado al Verbo de vida, sale a visitar y a servir a su prima Isabel. Su plenitud contagiosa nos permite superar la tentación del miedo: ese no animarnos a ser llenados hasta el borde, esa pusilanimidad de no salir a contagiar de gozo a los demás. Nada de eso: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Ibíd., 1) El segundo ícono de la Buena Noticia es aquella vasija que —con su cucharón de madera—, al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción. El Señor —que es la Fuente de Agua viva— no tenía «con qué» sacar agua para beber unos sorbos. Y la Samaritana sacó agua de su vasija con el cucharón y sació la sed del Señor. Y la sació más con la confesión de sus pecados concretos. Agitando el odre de esa alma samaritana, desbordante de misericordia, el Espíritu Santo se derramó en todos los paisanos de aquel pequeño pueblo, que invitaron al Señor a hospedarse entre ellos.  Un odre nuevo con esta concreción inclusiva nos lo regaló el Señor en el alma samaritana que fue Madre Teresa. Él llamó y le dijo: «Tengo sed», «pequeña mía, ven, llévame a los agujeros de los pobres. Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. No me conocen, por eso no me quieren. Llévame hasta ellos». Y ella, comenzando por uno concreto, con su sonrisa y su modo de tocar con las manos las heridas, llevó la Buena Noticia a todos. El tercer ícono de la Buena Noticia es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa —humilde y pobre— que atrae a todos hacia sí. De él tenemos que aprender que anunciar una gran alegría a los muy pobres no puede hacerse sino de modo respetuoso y humilde hasta la humillación. No puede ser presuntuosa la evangelización. No puede ser rígida la integridad de la verdad. El Espíritu anuncia y enseña «toda la verdad» (Jn 16,13) y no teme hacerla beber a sorbos. El Espíritu nos dice en cada momento lo que tenemos que decir a nuestros adversarios (cf. Mt 10,19) e ilumina el pasito adelante que podemos dar en ese momento. Esta mansa integridad da alegría a los pobres, reanima a los pecadores, hace respirar a los oprimidos por el demonio. Queridos sacerdotes, que contemplando y bebiendo de estos tres odres nuevos, la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor. (from Vatican Radio)...
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Papa: la esperanza cristiana nace del amor de Jesús en la Cruz

Dc, 12/04/2017 - 4:12pm
Cristo transforma el pecado en perdón y su resurrección ilumina la oscuridad del mundo (RV).- En su audiencia general del Miércoles Santo, que precede la Pascua de Resurrección, el Papa Francisco reflexionó sobre «las esperanzas del mundo y la esperanza de la Cruz». Jesús murió para darnos Vida: el que ama como ama Dios es vencedor y se vuelve semilla de esperanza para el mundo En especial en los días de la Semana Santa, que son «días de amor»:  contemplemos a Jesús en la Cruz y digámosle: Señor tú eres mi esperanza , pidió el Papa Francisco a los numerosos peregrinos que acudieron a la Plaza de San Pedro. Prosiguiendo su serie de catequesis sobre la esperanza cristiana, el Obispo de Roma hizo hincapié en que «Jesús trajo al mundo una esperanza nueva» y lo hizo como un granito de trigo: «se hizo pequeño», con su «amor humilde». El amor de Jesús es el motor de nuestra esperanza Tras subrayar que el amor, que es la vida de Dios, lo renueva todo, el Papa reiteró que «en la Pascua, Jesús transforma nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en esperanza: es por ello que allí, en la Cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza. Es por ello que, con Jesús toda oscuridad nuestra se puede transformar en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza». «La Cruz es un paso necesario, pero no es la meta: la meta es la gloria, como nos muestra la Pascua», recordó asimismo el Papa Francisco evocando las palabras de Jesús, en la Última Cena, como nos dice el Evangelio de Juan (16,21): Cuando el Señor asegura a los discípulos con estas palabras: «van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo». Y la imagen bellísima que emplea Jesús cuando dice: «la mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo». Luego el mismo Señor añade: «también ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar». (CdM – RV) (from Vatican Radio)...
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"Quien ama pasa de la muerte a la vida". Palabras del Papa al saludar a los fieles en la Audiencia General

Dc, 12/04/2017 - 1:15pm
(RV).- Como es habitual en la audiencia general, tras impartir la catequesis el Papa saludó a los fieles que llegan de diversas partes del mundo. Al saludar a los peregrinos de lengua francesa, el Papa los invitó a mirar el crucifijo diciéndole: “contigo nada está perdido, contigo podemos esperar siempre” para comprender que esperar con Jesús significa aprender a ver la resurrección en la cruz, la vida en la muerte. “Celebrar la resurrección del Señor con corazón purificado y renovado por la gracia del Espíritu Santo” fue la indicación para los peregrinos de lengua inglesa, mientras que a los de lengua alemana, exhortó a mirar el misterio de Jesús, que con su muerte en cruz trajo mucho fruto para todos nosotros, y en modo particular animó a los jóvenes a que sean semillas de esperanza para quienes los rodean. A nuestros hermanos de lengua portuguesa el pontífice indicó tomar como amiga y modelo de vida a la Virgen María, que permaneció en la cruz de Jesús, amando, también ella, hasta el final. “Quien ama pasa de la muerte a la vida: es el amor el que hace la Pascua”, les dijo. “Mientras mantienen fija la mirada en la pasión y muerte del Señor, acojan en sus corazones la grandeza de su amor y llenen con la gloria de la Resurrección sus vidas”. Fueron las palabras que dirigió a los peregrinos de lengua árabe tras recordarles el inicio, el día de mañana, del Triduo Pascual. A los peregrinos polacos el Papa Francisco deseó que el Triduo Pascual sea para ellos un tiempo de esperanza que trae paz interior y el deseo de participar en la vida gloriosa de Cristo: “detengámonos ante la Cruz y delante de la tumba vacía para convencernos de que con Él nada está perdido, y en Él siempre podemos esperar”, añadió. Por último, tras saludar a los peregrinos venidos de distintas partes de Italia, el Papa invitó a los jóvenes todos a vivir en la escuela el Triduo Pascual reflexionando sobre el amor de Jesús que por nosotros se inmoló en la Cruz. Para los enfermos deseó que el Viernes Santo les enseñe la paciencia también en el desconsuelo; y a los recién casados, alentó vivir en la esperanza también los momentos difíciles de sus nuevas familias. (Griselda Mutual – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Catequesis del Papa: “Quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo y amar es un don”

Dc, 12/04/2017 - 1:10pm
(RV).- “Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho a la manera de una semilla: se ha hecho pequeño como un grano de trigo; ha dejado su gloria celestial para venir entre nosotros… Para dar fruto, Jesús ha vivido el amor hasta el extremo, dejándose fragmentar por la muerte como una semilla se deja fragmentar bajo la tierra”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del segundo miércoles de abril, como Jesús en el punto extremo de su anonadamiento – que es también el punto más alto del amor – ha hecho germinar la esperanza para todo hombre”. Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma invitó a que, “en estos días, días de amor, dejémonos envolver por el misterio de Jesús que, como un grano de trigo, muriendo nos dona la vida”. Es Él – el Señor Jesús afirmó el Papa – la semilla de nuestra esperanza. Por ello, agrego el Pontífice, “contemplemos al Crucificado, fuente de esperanza. Y poco a poco entenderemos que esperar con Jesús es aprender a ver ya desde ahora la planta en la semilla, la Pascua en la cruz, la vida en la muerte”. Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco invitó a todos a “detenernos ante el Crucificado, mirarlo y decirle: Contigo nada está perdido. Contigo puedo siempre esperar. Tú eres mi esperanza”. Texto completo de la catequesis del Papa Francisco Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El domingo pasado hemos hecho memoria del ingreso de Jesús en Jerusalén, entre las aclamaciones festivas de los discípulos y de mucha gente. Esa gente ponía en Jesús muchas esperanzas: muchos esperaban de Él milagros y grandes signos, manifestaciones de poder e incluso la liberación de los enemigos dominantes. ¿Quién de ellos habría imaginado que dentro de poco Jesús habría sido en cambio humillado, condenado y asesinado en la cruz? Las esperanzas terrenas de esa gente se derrumbaron delante de la cruz. Pero nosotros creemos que justamente en el Crucificado nuestra esperanza ha renacido. Las esperanzas terrenas caen ante la cruz, pero renacen esperanzas nuevas, aquellas esperanzas que duran por siempre. Es una esperanza diversa esta que nace de la cruz. Es una esperanza diversa de aquellas que se derrumban, de aquellas del mundo. Pero ¿De qué esperanza se trata, esta esperanza que nace de la cruz? Nos puede ayudar a entenderlo lo que dice Jesús justamente después de haber entrado a Jerusalén: «Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Tratemos de pensar en un grano o en una pequeña semilla, que cae en el terreno. Si permanece cerrado en sí mismo, no sucede nada; si en cambio se fracciona, se abre, entonces da vida a una espiga, a un retoño, y después a una planta y una planta que dará fruto. Jesús ha traído al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho a la manera de la semilla: se ha hecho pequeño, pequeño, pequeño como un grano de trigo; ha dejado su gloria celestial para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”. Pero todavía no era suficiente. Para dar fruto, Jesús ha vivido el amor hasta el extremo, dejándose fragmentar por la muerte como una semilla se deja fragmentar bajo la tierra. Justamente ahí, en el punto extremo de su anonadamiento – que es también el punto más alto del amor – ha germinado la esperanza. Si alguno de ustedes me pregunta: ¿Cómo nace la esperanza? Yo respondo: “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de ahí te llegara la esperanza que no desaparece jamás, aquella que dura hasta la vida eterna. Y esta esperanza ha germinado justamente por la fuerza del amor: porque el amor que «todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor 13,7), el amor que es la vida de Dios ha renovado todo lo que ha alcanzado. Así, en la Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo en sí, nuestro pecado en perdón. Pero escuchen bien como es la transformación que hace la Pascua: Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto, que en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús toda nuestra oscuridad puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda. La esperanza supera todo, porque nace del amor de Jesús que se ha hecho como el grano de trigo caído en la tierra y ha muerto para dar vida y de esa vida llena de amor viene la esperanza. Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que el modo de vivir vencedor es aquel de la semilla, aquel del amor humilde. No hay otra vía para vencer el mal y dar esperanza al mundo. Pero ustedes pueden decirme: “No, es una lógica equivocada”. Parecería así, que es una lógica frustrada, porque quien ama pierde poder. ¿Han pensado en esto? Quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo y amar es un don. En realidad la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es la vía de Dios, y sólo esta da fruto. Lo vemos también en nosotros: poseer impulsa siempre a querer algo más: he obtenido una cosa para mí y enseguida quiero otra más grande, y así, no estoy jamás satisfecho. Es una sed terrible, ¿eh? Cuanto más tengo, más quiero. Es feo. Quien es ávido no se sacia jamás. Y Jesús lo dice de modo claro: «El que ama su vida, la perderá» (Jn 12,25). Tú eres codicioso, amas tener tantas cosas, pero perderás todo, también la vida, es decir: quien ama lo propio y vive por sus intereses se hincha sólo de sí y pierde. En cambio, quien acepta, es disponible y sirve, vive según el modo de Dios: entonces es vencedor, salva a sí mismo y a los demás; se convierte en semilla de esperanza para el mundo. Pero es bello ayudar a los demás, servir a los demás. Tal vez, nos cansaremos, ¿eh? La vida es así, pero el corazón se llena de alegría y de esperanza. Y esto es el amor y la esperanza juntos: servir, dar. Claro, este amor verdadero pasa a través de la cruz, el sacrificio, como para Jesús. La cruz es el paso obligatorio, pero no es la meta, es un paso: la meta es la gloria, como nos muestra la Pascua. Y aquí nos ayuda otra imagen bellísima, que Jesús ha dejado a los discípulos durante la Última Cena. Dice: «La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo» (Jn 16,21). Es esto: donar la vida, no poseerla. Y esto es aquello que hacen las mamás: dan otra vida, sufren, pero luego son felices, gozosas porque han dado otra vida. Da alegría; el amor da a la luz la vida y da incluso sentido al dolor. El amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Lo repito: el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Y cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Amo? ¿He aprendido a amar? ¿Aprendo todos los días a amar más?, porque el amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza. Queridos hermanos y hermanas, en estos días, días de amor, dejémonos envolver por el misterio de Jesús que, como un grano de trigo, muriendo nos dona la vida. Es Él la semilla de nuestra esperanza. Contemplemos al Crucificado, fuente de esperanza. Poco a poco entenderemos que esperar con Jesús es aprender a ver ya desde ahora la planta en la semilla, la Pascua en la cruz, la vida en la muerte. Pero yo quisiera darles una tarea para la casa. A todos nos hará bien detenernos ante el Crucificado – todos ustedes tienen uno en casa – mirarlo y decirle: “Contigo nada está perdido. Contigo puedo siempre esperar. Tú eres mi esperanza”. Imaginando ahora al Crucificado y todos juntos decimos a Jesús Crucificado, tres veces: “Tú eres mi esperanza”. Todos: “Tú eres mi esperanza”. Más fuerte: “Tú eres mi esperanza”. Más fuerte: “Tú eres mi esperanza”. Gracias. (Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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La esperanza nace de la cruz- Dedicada al triduo pascual la audiencia general del Pontífice

Dc, 12/04/2017 - 11:17am
«El amor es el motor que hace ir adelante nuestra esperanza». Lo repitió varias veces el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 12 de abril, elogiando en particular a las madres que cuando dan a luz una vida sufren, pero después están alegres, felices. En la vigilia de triduo pascual, el Pontífice comentó para los fieles presentes en la plaza San Pedro el pasaje del Evangelio de Juan (12, 24-25) en el que se contraponen las esperanzas del mundo y la esperanza de la cruz. «Las esperanzas terrenas caen delante de la cruz — afirmó al respecto —pero renacen esperanzas nuevas» que «duran para siempre». Esa que surge de la cruz, de hecho, es «una esperanza diferente de las que caen, de las del mundo». ¿De qué esperanza se trata? Para explicarlo, el Papa recurrió a la imagen del grano de trigo tirado en la tierra. Jesús, de hecho, « ha llevado al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho como la semilla: se ha hecho pequeño pequeño, como un grano de trigo; ha dejado su gloria celeste para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”». Y precisamente como una semilla se ha dejado «romper por la muerte» antes de brotar. He aquí porque «en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza»; he aquí porque «con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza». Por tanto, cuando «elegimos la esperanza de Jesús — subrayó Francisco — poco a poco descubrimos que la forma de vivir vencedora es la de la semilla, la del amor humilde». Cierto, a primera vista puede parecer «una lógica perdedora». Y de hecho «quien ama pierde poder, quien dona, se despoja de algo». Y también, aclaró el Pontífice, «la lógica de la semilla que muere, del amor humilde, es el camino de Dios, y solo esta da fruto». Por otro lado, «quien es voraz no está nunca saciado», porque busca tener mucho pero al final pierde todo, incluida la vida. «Quien ama lo propio y vive por sus intereses — repitió —se hincha solo de sí mismo y pierde. Quien sin embargo acepta, está disponible y sirve, vive a la forma de Dios: entonces es vencedor, se salva a sí mismo y a los otros: se convierte en semilla de esperanza para el mundo». El ejemplo más elocuente viene de las madres, que para dar la vida al propio hijo aceptan sufrir pero al final son felices. Así es el amor, que «da a luz la vida y da incluso sentido al dolor», se convierte en «el motor que hace ir adelante nuestra esperanza»....
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Mensaje del Papa Francisco por los 80 años de Radio Renacimiento de Portugal

Dm, 11/04/2017 - 8:39pm
(RV).- “Los felicito por su inmenso trabajo en el mundo lusitano, a donde han llevado el Evangelio de Jesús, sembrando en el corazón de la humanidad la ayuda fraterna y la misericordia de Dios”, es el saludo que el Papa Francisco envió en un Mensaje a Radio Renacimiento de Portugal, con ocasión de la celebración de sus 80 años de transmisión radiofónica. En el Mensaje – firmado por Mons. Angelo Becciu, Sustituto de la Secretaría de Estado Vaticana – el Santo Padre se congratuló por el rol que esta emisora portuguesa viene desarrollando en el inmenso mundo lusitano, sirviendo “a la Iglesia a través de su trabajo cotidiano en este medio de comunicación social”. Así mismo, el Pontífice afirmó que, “en el rol de narrador de buenas noticias”, Radio Renacimiento, “se presenta como un artista excepcional” y “ora por la fecundidad de sus numerosas iniciativas de evangelización”. El Grupo Renacimiento Multimedia, celebró este 10 de abril, 80 años de existencia en una transmisión conjunta de cuatro radios pertenecientes al Grupo – Renascença, RFM, Mega Hits e Rádio SIM – con una Celebración Eucarística, presidida por el Cardenal Patriarca de Lisboa, Manuel José Macário do Nascimento Clemente, y con un encuentro con los colaboradores, que han festejado los 25 años del Grupo Multimedia. El Mensaje del Papa Francisco fue leído en los locales del Grupo Renacimiento Multimedia, por el Nuncio Apostólico en Portugal, Mons. Rino Passigato. (Renato Martinez – Radio Vaticano) (from Vatican Radio)...
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Chicos del Hospital Bambino Gesú: gracias Papa Francisco por tu abrazo y aliento

Dm, 11/04/2017 - 4:05pm
(RV).- En un clima entrañablemente cordial y familiar, el Papa Francisco mantuvo un encuentro con un grupo de niños y chicos, entre los 5 los 18 años, internados en el Hospital Pediátrico Bambino Gesú de Roma, acompañados de sus padres y médicos y personal sanitario que los atienden. Después de las presentaciones y las fotos, el Papa leyó una tarjeta que le entregó uno de los chicos: «Querido Francisco, gracias por encontrarnos, estamos contentos por estar aquí, porque nos das esperanza y coraje para el mañana. ¡Te queremos mucho, gracias! Los chicos del Bambino Gesú» El encuentro tuvo lugar en la salita del Aula Pablo VI, la tarde del lunes, y en él participaron también la Presidenta del mismo hospital, Mariela Enoc, y el Director de la Rai, radiotelevisión italiana, que transmite una serie titulada precisamente: «Los Chicos del Bambino Gesú», en la que los pequeños pacientes cuentan sus historias. Agradeciendo el libro que le regalaron, con tantas fotos y vivencias, el Papa hizo hincapié en la importancia del clima familiar en un hospital, que percibió ya en un encuentro anterior, el 15 de diciembre: « He percibido que más que un hospital es una familia , es una de las palabras que han dicho. Era más importante el nombre, la persona, y sólo al final se decía la enfermedad, pero como algo secundario. Hay familia ¿no?» Reiterando la importancia de que un hospital, aun manteniendo su función sanitaria no descuide el clima familiar, el Papa contó que hay niños pequeños que cuando lo ven de cerca, vestido de blanco, se asustan porque creen que es un médico que les va a poner una vacuna. Pero, cuando él los acaricia, se tranquilizan: « Existe el peligro de olvidar la medicina más importante, que sólo una familia puede dar: ¡las caricias! Es una medicina que cuesta mucho, porque para tenerla, para poderla hacer, hay que ponerle todo el corazón y el amor. ¡Y donde ustedes hay caricias! Las caricias de los médicos, de los enfermeros, de la Directora, de todos. Familia y comunidad , dos palabras que ustedes han repetido y por ello les quiero agradecer, porque el Bambino Gesú es un testimonio, un testimonio humano… humano. Es un hospital católico y para ser católico, primero tiene que ser humano . Y ustedes dan un testimonio humano hoy. Por favor vayan adelante por este camino siempre, crezcan en este camino». (CdM – RV) (from Vatican Radio)...
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