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La devoción Mariana en mayo

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Prop de vosaltres (Bisbe Salvador)
Producció
Data publicació: 
12/05/2017

Tradicionalmente el mes de mayo ha sido para los cristianos un mes relacionado con María, la Madre de Dios. Algunas generaciones recuerdan y añoran sus constantes referencias en las prácticas piadosas. Actualmente los cristianos y especialmente los catequistas procuran que niños y jóvenes tengan una gran devoción a la Madre celestial, y los sitúan ante su imagen para que la conozcan, pidan su intercesión, la quieran cada día más, y la sigan como modelo de confianza en Dios y de disposición servicial a los hermanos.

Muchas advocaciones marianas tienen en estos días su celebración, y me parece de justicia dedicar este comentario semanal a fomentar la devoción a la Virgen como un medio para que los cristianos, en su vida diaria, busquen la santidad. Os recuerdo que todos los santos, la biografía de los cuales hemos conocido y admirado, son grandes devotos de la Virgen. Con su cercanía materna, con la lectura de la Palabra y la participación en la Eucaristía podían ser fuertes en su lucha diaria contra el mal, pertrechados de la bondad de su Hijo. Haced la prueba con el santoral de la Iglesia y obtendréis grandes y agradables sorpresas. La Virgen ha sido un gran apoyo en la radical decisión de los mártires, una excepcional sabiduría para los santos padres y doctores de la Iglesia, una sublime elocuencia para los predicadores y catequistas, así como un apoyo indiscutible para los fundadores de órdenes y congregaciones.

Os aconsejaría que dediquéis unos minutos diarios a volver a leer los pasajes bíblicos donde aparece la Virgen María. Que nadie diga, como excusa, que son de sobra conocidos o que aburre su lectura repetida. Probad una vez más el acercamiento a los textos. Os dará paz interior y os empujará a imitar las actitudes de la Madre: confiada en la Anunciación, caritativa en la Visitación, divinamente volcada en la Natividad, alegre en la Presentación, orante en la huida a Egipto, discípula de su Hijo en el templo, intercesora en las bodas de Caná, cumplidora de la voluntad de Dios, aceptando el sufrimiento en la pasión y al pie de la Cruz, gozosa en la Resurrección y eclesial en Pentecostés. Demasiado grande para todo cristiano.

Anoto algunos títulos conocidos que se aplican a la Virgen que os permitirán centrar vuestra oración y manifestar ternura en vuestras relaciones fraternales: Inmaculada, Madre de la Reconciliación, Madre de la luz y de la vida, Fuente de Salvación, causa de nuestra alegría, Modelo de culto verdadero, Salud de los enfermos, Madre de Misericordia, Auxilio de los cristianos, Mediadora de la Gracia, Consuelo de los afligidos, Reina de la Paz, Puerta del Cielo. Y muchas otras más expresiones que aprendisteis en las letanías del Rosario. No las olvidéis.

Termino con una petición dirigida a la Mujer y Madre de todos, y que comparto con vosotros. Que atienda especialmente a las mujeres que tanto sufren en estos momentos de la historia. Ruego por las mujeres maltratadas y asesinadas en los ámbitos domésticos, por las madres solteras, por las niñas víctimas del tráfico o de la prostitución, por la discriminación femenina en gran número de países, por las desigualdades entre hombres y mujeres en nuestra sociedad, por las madres que no pueden evitar la muerte de sus hijos a causa del hambre, la falta de medicamentos, los actos de terrorismo o las mismas crueles e interminables guerras.

Agradeced a vuestra Madre del Cielo la fortaleza y la constancia de vuestra madre terrenal, su ternura y su servicio a la educación de virtudes.

¡Protege, Madre, a tantas mujeres que te necesitan y solicitan tu ayuda!

+Salvador Giménez, bisbe de Lleida.