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Archivo Diocesano

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ARCHIVO DIOCESANO DE LLEIDA (ADLL)

 

Historia institucional:

A pesar de que no se dispone de noticias documentales ciertas sobre la existencia de obispos en Lleida antes del siglo V, se puede afirmar que la Iglesia leridana ya se encontraba organizada a finales del Imperio romano. La diócesis de Lleida ha estado históricamente sufragánea de la archidiócesis de Tarragona, hecho que la sitúa dentro de la estructura eclesiástica propia de la provincia tarraconense. Durante el periodo de dominación islámica, el obispado como institución episcopal restó extinguido; aun así, se constata la pervivencia de comunidades cristianas organizadas, con una estructura propia, curia permanente y tribunal encargado de resolver litigios entre cristianos. Esta continuidad de la presencia cristiana permite entender el posterior restablecimiento institucional del obispado como una recuperación de una tradición eclesial anterior.

Con la conquista de la ciudad de Lleida en 1149, el obispo de Rueda de Isàvena, Guillem Pere de Ravidats, restableció el culto cristiano, trasladó la sede episcopal en la ciudad y consagró como catedral la antigua mezquita mayor. Este hecho marcó el inicio de una nueva etapa institucional para el obispado de Lleida, plenamente integrada en el proceso de reorganización eclesiástica de los territorios incorporados al dominio cristiano. El esplendor logrado por la diócesis durante los siglos medievales se refleja en la celebración de un concilio provincial en 1155 y, posteriormente, en la decisión del obispo Gombau de Camporrells de impulsar la construcción de una nueva catedral. Las obras se iniciaron en 1203 y el templo fue consagrado el 1278, aconteciendo uno de los principales símbolos institucionales, religiosos y patrimoniales de la diócesis.

En el contexto de la Guerra de Sucesión, el obispado sufrió una alteración institucional de gran relevancia. La Sede Vieja fue transformada en cuartel militar y el palacio episcopal fue derrocado, circunstancias que comportaron el traslado de la sede efectiva del obispado a partir de 1707. Este episodio supuso una ruptura importante en la continuidad material y simbólica de la institución diocesana, dado que afectó directamente sus espacios principales de representación, gobierno y culto. Después de varios intentos infructuosos de recuperar la Sede Vieja para el culto catedralicio, en 1761 se inició la construcción de una nueva catedral, que fue consagrada en 1781. Este nuevo edificio aconteció la sede catedralicia de la diócesis y permitió restablecer de manera estable la actividad institucional y litúrgica vinculada al obispado.

A lo largo del siglo XIX, la diócesis se vio afectada por los conflictos políticos y sociales propios del periodo, especialmente por los enfrentamientos entre el poder civil y el eclesiástico. A pesar de este contexto de inestabilidad, el enderezamiento de la religiosidad se consolidó a mediados de siglo y durante el último tercio del siglo XIX, con figuras y fundaciones vinculadas a Santa Teresa Jornet, el beato Francesc Palau y la venerable Esperança González. Ya en el siglo XX, el obispado sufrió gravemente las consecuencias de la persecución religiosa de 1936. Durante este periodo se produjeron incendios a la catedral, al palacio episcopal y a buena parte de los templos de la diócesis. Así mismo, más de la mitad del clero diocesano fue asesinado, con el obispo Salve Huix al frente, hecho que tuvo un fuerte impacto en la vida institucional, pastoral y patrimonial del obispado.

El año 1955, el territorio diocesano fue sensiblemente modificado a raíz de un decreto de Pío XII. Las parroquias de Mequinensa y Faió pasaron a la diócesis de Zaragoza; diecisiete parroquias se incorporaron a Barbastre; y los arciprestazgos del Berbegal, de Artesa de Segre y de la Manresana pasaron, respectivamente, en Huesca, Urgell y Solsona. Por su parte, la diócesis de Lleida incorporó Maials, Areny, Peralta de la Sal y Sarroqueta. Posteriormente, el 17 de septiembre de 1995, por decreto de la Congregación para los Obispos, se segregó la zona aragonesa del obispado de Lleida, proceso que se completó el 15 de junio de 1998. Este territorio fue agregado a la diócesis de Barbastre-Monzón. Actualmente, la diócesis de Lleida ocupa una superficie de 2.977,10 km² y limita con las diócesis de Barbastre-Monzón, Solsona, Tarragona, Tortosa, Urgell y Zaragoza.


Historia archivística:

El Archivo Diocesano de Lleida conserva la documentación generada por la actividad institucional del obispado y constituye un instrumento esencial para el estudio de la historia eclesiástica, social y territorial de la diócesis. Desde el punto de vista archivístico, su origen se tiene que vincular al restablecimiento de la sede episcopal en Lleida en 1149, después de la conquista cristiana de la ciudad y el traslado de la sede por parte del obispo Guillermo Pere de Ravidats.

Aun así, la continuidad documental del archivo se vio profundamente afectada por varios episodios históricos. Uno de los momentos más críticos fue la Guerra de Sucesión en la Corona hispánica. El año 1707, el palacio episcopal de Lleida, que actuaba como sede institucional y espacio de custodia del archivo diocesano, fue derrocado por razones militares, en el marco de las obras de fortificación de la ciudad. Como consecuencia de estos hechos, una parte muy significativa de la documentación anterior se perdió, fue destruida o quedó dispersa.

Por este motivo, la documentación que actualmente se conserva al Archivo Diocesano de Lleida es, mayoritariamente, posterior a 1707. Durante el periodo inmediatamente posterior, los obispos Francisco de Olaso y Hipenza y Gregori Galindo fijaron su residencia en Monzón. 
Otro episodio relevante en cuanto a la pérdida y afectación del patrimonio documental del obispado fue la Guerra Civil española de 1936-1939, durante la cual se produjeron destrucciones importantes en edificios religiosos y dependencias eclesiásticas, con consecuencias directas sobre la conservación documental.

En la actualidad, el Archivo Diocesano de Lleida no se limita a custodiar la documentación estrictamente episcopal, sino que también ejerce una función de depósito y preservación de los fondos parroquiales. En este sentido, conserva libros sacramentales y otra documentación procedente de las parroquias de la diócesis que han depositado sus fondos, con el objetivo de garantizar la conservación, el tratamiento archivístico y la accesibilidad.