Homilía de Mons. Piris en la ordenación diaconal de Juan Ignacio Toscano
Dom 3º TO C: Nehemías 8, 2-4 a. 5-6. 8-10; Sal 18, 8. 9. 10. 15; 1Cor 12, 12-30; Lc 1, 1-4; 4, 14-21
Todo un programa de vida: cree, enseña y practica
Querido Juan Ignacio, gracias a que tú has querido dar una respuesta afirmativa a la llamada recibida, hoy nosotros podemos compartir el gozo de participar en una celebración especialmente significativa para nuestra Iglesia de Lleida.
Cada bautizado está llamado a cumplir una misión, y el Decreto conciliar sobre el apostolado de los laicos nos lo recuerda "exhortando vivamente a todos a responder de buena gana, con generosidad y con prontitud a la voz de Cristo, que hoy los invita con mayor insistencia , y bajo el impulso del Espíritu Santo. En particular, los más jóvenes deberían sentir dirigida a ellos esa llamada y aceptarla con disponibilidad y magnanimidad "(AA 33).
Tú has oído esta llamada a entender y a vivir el mundo y la historia desde el punto de vista de Jesús. Una llamada gratuita que has de acoger con espíritu de pobre (serás portador de unos bienes que no son tuyos) y a la que debes responder con mucha responsabilidad y sin concesiones, sin huir de nada pero marcando distancias con todo aquello que no esté de acuerdo con el Evangelio de Jesús.
Seguir a Jesús es caminar detrás de sus huellas y por eso hay que conocer muy bien en qué dirección lo empuja el Espíritu de Dios y cuál es la meta de toda su actuación. Con esta intención el evangelista Lucas nos ha descrito con todo detalle lo que hace Jesús en la sinagoga de su pueblo y cómo, para explicar su labor, ha escogido un texto de Isaías que habla de comunicar liberación, esperanza, luz y gracia a los más pobres y desgraciados. "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la luz, a poner en libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (cfr. Is 61, 1-2).
Y dice el Evangelio: "todos los que estaban en la sinagoga tenían los ojos fijos en él". Les llama tremendamente la atención que Jesús se haya tomado la libertad de suprimir una frase del texto de Isaías que, tras el aludir al "año de gracia del Señor", dice: «para proclamar la venganza de nuestro Dios». Jesús omite cualquier referencia a la venganza/castigo contra el Imperio romano opresor. Un atrevimiento que todavía sorprende más cuando Jesús añade: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír».
Jesús había leído la hoja de ruta de su futura actuación. Lo que le identificará será proclamar y practicar el perdón y el amor de Dios para todos, incluidos los enemigos, proclamar "el año de gracia", perdonar, olvidar, sacar del diccionario de las relaciones humanas la venganza, el odio, la represalia, la ley del «ojo por ojo y diente por diente»...
Hermanas y hermanos: Creer o no en Jesús no es indiferente, porque supone querer reproducir la orientación que Dios, encarnado en Jesús, ha querido imprimir a la historia humana. Lo que Dios quiere decir a la humanidad, mediante su Palabra encarnada en Jesús, es una buena noticia para los pobres, un anuncio de libertad para los cautivos y los oprimidos, una promesa de salvación. Un mensaje que llena de esperanza a toda la humanidad... A Dios le preocupa el sufrimiento de la gente. Por ello, la gran tarea a la que el Espíritu empuja a Jesús es poner esperanza en quienes padecen («pobres», «cautivos», «ciegos», «oprimidos»...). Su programa es sembrar libertad, luz y gracia.
Nosotros podemos dedicar tiempo y energías a debatir sobre la sociedad actual y/o discutir y lamentarnos de la indiferencia religiosa. Pero si queremos seguir a Jesús, debemos sentirnos llamados a poner en el mundo libertad, luz y gracia de Dios.
Debemos tomar conciencia de la importancia que tiene el hecho de acoger, meditar cada día y poner en práctica el Evangelio del Señor -palabra viva y, por tanto, siempre nueva-. Dentro de unos momentos, al entregar al nuevo diácono el libro de los Evangelios le diré: "Recibe el Evangelio de Cristo, del que has sido hecho mensajero, y cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñes". Todo un programa de vida: cree, enseña y practica.
Ser cristiano será «vivir y trabajar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la liberación y a intentar convertirlo en experiencia: la "Buena Noticia" debe ser «buena» y debe ser «noticia» que llega y se vive como un acontecimiento que salva... Lo que hacemos y proclamamos desde la Iglesia de Jesús debe ser captado como una experiencia buena y liberadora por quienes sufren...
Hoy, la ordenación sacramental de un nuevo diácono nos sitúa otra vez ante una realidad muy importante: la condición "diaconal" de toda la Iglesia. Todos los ministerios de la Iglesia son constitutivamente servicios y no sólo tareas a cumplir servicialmente.
Renovemos nuestro agradecimiento por la vocación al sacerdocio ministerial: un don de Dios que se lleva en «vasijas de barro» pero que, a través de las debilidades humanas, continúa haciendo visible su amor en el mundo.
Pidamos a Dios que haya más respuestas a esta vocación: hay mucho que segar y pocos segadores. Pidamos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Pidámoslo con insistencia. Esta oración es, al mismo tiempo, una llamada de Dios al corazón de aquellos jóvenes que se consideren capaces de responder. La iniciativa es siempre de Dios quien traza de muchas maneras el camino de nuestra vocación, pero - hay que repetirlo- a todos los bautizados nos hace una llamada como la que Jesús hizo a sus primeros discípulos encomendándoles la misión de proclamar, promover e instaurar el Reino de Dios. ¿En la iglesia de Lleida, hay personas jóvenes y no tan jóvenes que quieran dar una respuesta positiva como Juan Ignacio?
En el nombre del Señor, os invito hoy a orar encomendando a este nuevo candidato, acompañándolo y agradeciendo su decisión libre y generosa que -por gracia de Dios- lo lleva a ser capaz de ofrecer su vida al servicio de la iglesia.
Y quiero también dar gracias de todo corazón a su familia, que ofrece un hijo a la Iglesia, y a todas las personas que, con su palabra y su ejemplo de vida, le han ayudado a madurar, discernir y decidir.
+ Joan Piris, Obispo de Lleida